<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858</id><updated>2012-02-02T17:48:27.913-03:00</updated><category term='cuentos'/><category term='fantasmas'/><category term='Jane Birkin'/><category term='anatomistas'/><category term='boliche'/><category term='cazoneras'/><category term='naufragio'/><category term='Padua'/><category term='sangre'/><category term='wirsung'/><category term='conducto pancreático'/><category term='Zitarrosa'/><category term='Ibarrita'/><category term='Harry Dean Stanton'/><category term='Patagonia'/><category term='documental'/><category term='pancreas'/><category term='emergencia'/><category term='medicos'/><category term='Andrea Vesalio'/><category term='cirujanos'/><category term='cine'/><category term='quirófanos'/><category term='prosector'/><category term='Jack Elam'/><category term='tórax'/><category term='guardias'/><category term='playas'/><category term='anatomía'/><category term='rio Negro'/><title type='text'>Colitoro (Blog de Cuentos y Poemas Rionegrinos)</title><subtitle type='html'>De Carlos Hugo M. Mercapide</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>40</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-2028705021790395824</id><published>2010-07-06T19:49:00.004-03:00</published><updated>2010-07-06T20:04:14.240-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='anatomistas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Andrea Vesalio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='prosector'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Padua'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pancreas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='conducto pancreático'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='anatomía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='wirsung'/><title type='text'>El prosector (solo para anatomistas)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/TDO1miXbIFI/AAAAAAAAF4o/jWjfy9oTE_o/s1600/Vesalio2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5490932044359475282" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/TDO1miXbIFI/AAAAAAAAF4o/jWjfy9oTE_o/s400/Vesalio2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;La Anatomía Moderna nace con Andrea Vesalio cuando publica su magnifica obra "De Corporis Humani Fabrica" en 1543.&lt;br /&gt;Al realizarla solo cuenta con 28 años de edad y su texto se transforma en un verdadero monumento de la ciencia y del arte.&lt;br /&gt;Vesalio se acercó como nadie a la realidad anatómica que conocemos en la actualidad.&lt;br /&gt;En escasos lugares su información fue incompleta, salvo en el páncreas, cuya situación y aspecto externo eran ya conocidas. Pero su función como glándula secretora y conductos de excreción eran totalmente ignoradas.&lt;br /&gt;Suelen decir que en el organismo humano hay como un "parque tecnológico" que regula el uso del combustible - la glucosa - para que el mismo pueda funcionar, se trata del páncreas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Capitulo Uno (Il primo)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los vientos del Adriático impregnados por una tenue llovizna mojan las cúpulas resplandecientes de las iglesias del cristianismo. Los capiteles palaciegos. Las figuras de mármol divinamente talladas y el Puente Rialto en la aristocrática Venecia. Luego indomables continúan su vuelo hasta los prados que rodean la antigua ciudad de Patavium, cuna del emperador Tito Livio y actual Padua.&lt;br /&gt;Corre 1642, el Renacimiento estalla en una Italia dividida en múltiples repúblicas y pequeños principados, con cientos de ejércitos extranjeros afincados en su propio territorio. Disputándose sus pedazos como perros rabiosos ante un botín de guerra. Y se revuelca a sus anchas por toda Europa, dando comienzo la Edad Moderna.&lt;br /&gt;Nadie lo sabrá hasta siglos después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche celosamente oscura acompaña sus silencios, solo entrecortados por suspiros de asombro, bostezos o el ruido de sus tripas inquietas. &lt;strong&gt;Joannes Georgius Wirsung&lt;/strong&gt; está en su salsa, diseca cadáveres.&lt;br /&gt;La próxima primavera cumplirá quince insuperables años como disector en la Cátedra de Joan Vesling, no hay dudas entre los eruditos que es el más hábil de los discípulos del Maestro Juan Riolano y de Kaspar Hoffman (sus instructores en París), de ahí su nuevo cargo, capi di tutti li disectoris.&lt;br /&gt;La oscuridad descansa helada y apacible sobre los enmarañados jardines que rodean los muros posteriores de la Universidad de los Artistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El anatomista trata de que su mano no haga sombra sobre el fino conducto que explora y sigue despegando con pequeños golpes de la panza afilada del escalpelo los bordes del “ductus”. Al retirar pacientemente los grasos fragmentos que lo envuelven, ese órgano central y profundo, queda fijo a la pared del duodeno a cinco o seis dedos de distancia del esfínter terminal del ventrículo gástrico.&lt;br /&gt;Dos jóvenes estudiantes siguen en silencio sus movimientos casi sin moverse, son Thomas Bartholin y Moritz Hoffman.&lt;br /&gt;El llameo de las velas tiembla en las paredes del claustro, esto lo sumerge en fantasmales alucinaciones, imagina que “fabricca” sobre un ser vivo y que este lo observa con ojos espectrales. Ojos de muerto lo miran y dan lugar a la sensación pavorosa de que una mano enérgica, de dureza metálica y ejemplar, oprime sus testículos desde la base del saco escrotal, hasta casi arrancarlos. Le desgarra las entrañas de dolor recordándole que su ciencia no era de las más populares en esta sociedad italiana. Ni bien vista por el feroz Papa e inquisidor Inocencio III.&lt;br /&gt;Profanadores del descanso eterno los llama, y a veces agrega sacrílegos, blasfemos, apostatas, impíos y otras barbaridades más.&lt;br /&gt;La nobleza gobernante en la República de Venecia autoriza en secreto a la Universidad la realización muy discreta de esta práctica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los acontecimientos humanos que marcarían la historia en ese siglo precisamente eran el resultado de su personalidad investigadora. A esto podrá sumarse seguramente la combinación de tres factores: la necessitá, la fortuna y la virtú (él le agregaba el esfuerzo). Y nadie lo apartaría de aquí en más, del claro camino que le marcaran las lecturas de Niccolo Machiavelli.&lt;br /&gt;Ni siquiera sólido terror bien ganado del Santo Oficio de la Inquisición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Certeramente no sabía como le habían procurado ese cadáver (alguien traficaba con los fiambres, era evidente). Este era un asesino, un hombre de treinta años ejecutado en la horca el día anterior en la Plaza de Vin ante una multitud, se llamó en vida Ziane Viaro della Badia. Pero igual que en todos los cuerpos que explora, que estudia, con su trabajo artesanal y científico las estructuras de los órganos parecen siempre ser idénticas a como hace cien años lo mostrara Andrea Vesalio, en la misma cátedra.&lt;br /&gt;Todo, salvo la masa pálida y profunda, que el autor de la “Fabrica” ignoró completamente. Llamándola “esa carne rosada” que sirve de cojín del estomago cuando está repleto y sufrir luego a la aparición de su obra maestra que sus discípulos lo abandonaran temerosos de que se los asociara a su nombre.&lt;br /&gt;Los jerarcas de la misma Universidad a la que prestigió para siempre, impedirían sus iluminadas investigaciones. Echándolo como a un perro sarnoso.&lt;br /&gt;Colegas rastreros, aduladores, serviles, lagoteros, tiralevitas, lisongeros, lameculos, despreciables (y aquí paro con los sinónimos) que antiguamente lo adoraron, le retiraran la amistad y los tributos que merecía como anatomista.&lt;br /&gt;Su pecado fue la osadía de refutar dogmas centenarios de las escrituras del Gran Galeno (Il Greco), quien nunca en su proceder conservador, había disecado un cuerpo humano. De ahí en adelante no iba a haber reposo para él, que osó rebelarse contra el venerado, hasta su muerte.&lt;br /&gt;Este recuerdo dejó pensativo al prosector, y un escalofrío congeló su sangre fugazmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En nuestras biografías personales siempre estarán las historias que “a algunos” contamos a medias, o como ellos se merecen saberlas.&lt;br /&gt;Para no herirlos, o para no herirnos, por que les conocemos la rivalidad, el resquemor y el poder.&lt;br /&gt;También conocemos nuestra sumisión, mansedumbre y reverencia constante a la nobleza.&lt;br /&gt;Escuchar la verdad los irritaría. (y eso es muy peligroso...)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En su exuberante barba bávara, apelmazada. Impenetrable hasta para las ladillas más audaces se hacen notar las horas que lleva sobre la pieza anatómica, el cadáver y sus olores. Los que emanan los restos de órganos que comienzan el ritual fisiológico de la putrefacción.&lt;br /&gt;Una gran sonrisa acompaña a la transparencia acuosa de sus ojos cuando desprende, no sin esfuerzo con suaves maniobras de versado cirujano los vasos que rodean la región posterior del pancreatici (el páncreas) descifrándole un cuello, y pasando acá hacia el retroperitoneo. Fijo a los cuerpos vertebrales, para desembocar luego en la gran vena porta, gruesa como uno de sus dedos e introducirse junto al ductus de la bilis en el pedículo que ingresa (o abandona) al hígado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mugre y el olor de la sangre coagulada se confunden a los tufos del contenido de intestinos fermentados. Pero nada le hace separar la cabeza y su nariz prominente del abdomen abierto y estaqueado con gruesos clavos de bronce a la mesa.&lt;br /&gt;No hay dudas, el muerto es fresco y las paredes del conductillo, no más grueso que una vermis di terra, elásticas y resistentes a las maniobras del prosector lo llevan por ese camino sinuoso y ondulado a la región más proximal de ese enmarañado sector del tubo digestivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Por el ductus...! Repite en voz baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Viaja todo lo que fabrica esta glándula!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sigue el trayecto, que luego se acoda hacia abajo y atrás, hasta ser un canal común con el meatus biliar, y desembocar rápidamente en una carúncula imperceptible a la mirada del indocto entre los pliegues de la mucosa del duodeno. Cerca del píloro.&lt;br /&gt;Al comprimirlo, ordeñando con el dedo índice toda la longitud de su descubrimiento en busca de la salida de sangre coagulada, comprobó la eyaculación escasa de una gota de fluido filante y transparente que hizo brillar la mucosa al evacuarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Bauchspeicheldruse...? &lt;em&gt;(¿Glándula salival...?)&lt;/em&gt; Dice en alemán y mira hacia los estudiantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego anotó en sus apuntes, con una pluma de ganso en su idioma natal.&lt;br /&gt;Reiteradamente al disecar lo distrajo una formación redonda y blanca que protruía levemente como una gibosidad, no más grande que un ojo de buey abierto en la superficie marrón pálido del hígado.&lt;br /&gt;Al penetrarlo con la punta del estilete, no sin esfuerzo, brotó agua cristalina en un pequeño chorro y abruptamente apareció tapando la brecha una membrana blanquísima y frágil como clara de huevo cocida, que quedo obturando la pinchadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pestes de la campiña... Pensó el prosector. (Siglos después, conoceríamos la equinococosis hidatídica)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No mejoró la luz de las velas, ya no hacia falta.&lt;br /&gt;Camino hasta la pequeña ventana sin vidrios, que ventila la sala de disección y descansó sus ojos al color de la noche.&lt;br /&gt;Los fríos días invernales y la nieve acumulada en los depósitos, hacían posible solo en esta época del año su tarea de investigación anatómica.&lt;br /&gt;En el exterior de la cátedra todo era silencio.&lt;br /&gt;Se escuchaba la lluvia sobre el empedrado.&lt;br /&gt;El mundo dormía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre un pupitre alto y ahora en penumbras, continuaba abierto “De Humanis Corporis Fabrica” en el prologo, donde se leía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- “Tú, Galeno..., que te dejaste engañar por las monas...!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En claro reproche que Vesalio le hacia al “venerado”, por su disección sólo en animales.&lt;br /&gt;Y la “Anatomía Mundini-Anatome omnium humani corporis iteriorum mambrorum” de Mondino dei Liucci, el bolognes. Cerrado. Con el lomo cuarteado por el uso y los años con las tapas grasientas y sucias por el contacto del manoseo cadavérico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Capitulo Dos (Il che segue)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interior de su claustro personal, estaba tibio y bien iluminado.&lt;br /&gt;La madera antigua de la mesa que empleaba como escritorio, brillaba, de puro limpia.&lt;br /&gt;Y sobre ella había apilados cientos de escritos en gruesos papeles apergaminados, mezclados, junto a tinteros y plumas de ganso, que de muy usadas daban pena.&lt;br /&gt;Entre ellas se destacaba una que por su traza y aspecto, era de gallina bataraza.&lt;br /&gt;La que más usaba.&lt;br /&gt;Sobre un vértice del pesado mueble, dormía un cráneo humano amarillento.&lt;br /&gt;Brillante por el manoseo, le faltaba el maxilar inferior y algunas piezas dentarias.&lt;br /&gt;La silla era tallada, pero el asiento viejo y cómodo parecía sostenerlo sin esfuerzo.&lt;br /&gt;Entre los estantes había libros prolijamente acomodados.&lt;br /&gt;Las “Laminas de Anatomía” de Henry de Mondeville, apiladas en un cajón de confección muy fina y antigua descansaban bien resguardadas.&lt;br /&gt;En el exterior al otro lado de la ventana con vidrios labrados, ahora llovía intensamente.&lt;br /&gt;La invención de la imprenta, subrepticiamente y muy a pesar de los curas y los nobles, terminaba con el monopolio que ellos tenían del saber.&lt;br /&gt;Los libros estaban al alcance de la plebe.&lt;br /&gt;Eso impulsaba el pensamiento intelectual al humanismo.&lt;br /&gt;Quizá esto podía descifrar su realidad académica, el hijo de un humilde artesano como jefe de disectores en la Cátedra de Medicina más importante de Europa.&lt;br /&gt;Y Europa era el centro del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El riesgo de descubrir una forma anatómica distinta a las descriptas por los maestros, que ya descansan sentados junto a los Dioses.&lt;br /&gt;Sucios por nuestras investigaciones recientes, momificados por la telaraña de lo que ya no sirve.&lt;br /&gt;Congelados en algo fijo y definitivo, que los aloja en el tiempo invariable de la eternidad, pero aun reverenciados por las Academias recalcitrantes.&lt;br /&gt;Nuestro alegre hallazgo puede enviarnos a la desgracia infinita por las inimaginables envidias de colegas de profesión o aprendices ambiciosos de nombre y popularidad.&lt;br /&gt;El miedo a no disgustar nos hace llegar a la mentira indispensable, para que todo siga igual.&lt;br /&gt;Hasta encontrar un momento que si se merece la crisis de defender nuestro descubrimiento ante quien se interponga, y lo desee.&lt;br /&gt;Que quede claro, si los clásicos tienen la oportunidad de seguir viviendo es solo por obra de quienes no los toman al pie de la letra.&lt;br /&gt;Ni buscan en ellos la facultad del texto sagrado, y tratan de cambiarlos con la investigación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día lo encontró en sus mejores condiciones intelectuales, pero su preocupación más importante esa mañana era otro “ductus”. Su propio meatus uretral.&lt;br /&gt;Desde hacia varios días, para su tormento, evacuaba un humor morbidus. Amarillento y pegajoso.&lt;br /&gt;Obtenido en “Il bordello del Academicci” por dos ducados y la felicidad de una cama compartida en las frías madrugadas de Padua.&lt;br /&gt;No era la primera vez que lo hacían merced de grandicima pudrizione. Ni seria la ultima.&lt;br /&gt;Debía lavar su miembro en forma insistente con agua hervida, aplicar aceites aromáticos y perfumadas infusiones.&lt;br /&gt;Hacer que su vejiga trabajara muchas veces al día, por lo que constantemente tenia un jarrón con agua y vino, junto a su diestra mano disectora y putañera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Si ahora estoy un rato en silencio es para emplearlo en pensar como pudieron continuar los acontecimientos.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Pasarían meses de frenéticas disecciones en cadáveres humanos, animales y aves, fijando preparados anatómicos en vinagre y grapa para su conservación.&lt;br /&gt;Usaba la técnica de inyección en las venas ideada por Domenico Marchetti, ayudante suyo junto con Moritz Hoffman, hijo de uno de sus maestros.&lt;br /&gt;Afeminado este, codicioso y con un brillo muy particular en sus ojos que siempre le inspiraron temor y desconfianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese órgano, el cojín del estomago pletórico de Vesalio, era una glándula excretora de saliva al intestino. Él lo sabía.&lt;br /&gt;Lo podía afirmar ante cualquier tribunal. Basando sus experiencias en el “Methodi vitandorum errorum omnium qui in arte medica contingunt.” de Santorio Santorio (Sanctaurius).&lt;br /&gt;Quien lo introduce en los procedimientos para medir fenómenos fisiológicos, y hasta hace pocos años, mientras ejercía la longevidad, vagaba llevando su sabiduría y su pesada toga por estos salones.&lt;br /&gt;El ductus (il canaliculi) es el camino por donde viaja el insípido liquido trasparente, que agrede sin remedio la piel y el instrumental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Devorándola... ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, si la mantenemos sobre ellos y su acción transforma los alimentos en materia excretus dentro de la luz del duodeno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Debo informar mi descubrimiento al Maestro Riolano..., cuando este absolutamente seguro de que existe, y no es obra de mi cabeza alucinada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se repetía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedo con la mirada fija a una de las largas galerías interiores, con alumnos caminando y otros en activas discusiones grupales.&lt;br /&gt;La evocación del Insegnante trajo a su memoria su última e instructiva charla con él, antes de dejar la capital Normanda y dirigirse a Padua:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En la vida, “discepolo amato” es importante la obtención de prestigio académico y reconocimiento público por los descubrimientos logrados en la nobilisima tarea de prosector..., anatomista y médico humanista, eso es cierto, ...pero el oro del mundo, ...la esencia, lo único que nos vamos a llevar al descanso eterno,... estimado y entrañable Joannes Georgius...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dijo, apoyando su pesada mano quirúrgica en el hombro juvenil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está bajo el ropaje de las damiselas..., sean estas cortesanas, burguesas, o de la servidumbre, sempre alla recerca di prostituye … y que puedas llevarte entre las sabanas de tu claustro académico, de alguna noble alcoba, el bordello, o a falta de ellos igual puedes encontrar el placer en los mullidos depósitos de heno, donde se alimentan los animales, pero un discípulo mío... siempre debe sobresalir por su poder amatorio infatigable...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para finalizar suspirando, casi en un ruego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ello hará sentir muy orgulloso al maestro..., y seguramente dará felicidad y aventura eterna a la vida del discípulo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun con los ojos fijos en una columna de mármol invadida por el musgo, sonrío por el recuerdo.&lt;br /&gt;Y por la picazón constante que sufría en su manto prepucial y en la fosilla navicular. Último recodo de su uretra goteante y compungida.&lt;br /&gt;Aprovechó la soledad para dar rienda suelta a sus dedos, y rascarse, casi con desesperación y exagerada energía.&lt;br /&gt;Satisfecho, finalmente resopló como un caballo que se espanta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Capitulo tres (questa cosa che morde entrambi)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No se si avergonzarme de demasiadas cosas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensaba en la penumbra de su salón de disector. Oloroso y prolijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- De mi aspecto, de mis secretos..., de mis actitudes, de que contesto, de que hablo, y si esta bien para el entorno que me esta escuchando, si será bien tomado por los nobles, o por los curas que desgraciadamente hay cada vez más..., y que me ven como un ave de rapiña sobre indefensos seres ignotos..., y actualmente muy quietos, fríos “e sulla via di putrefazione”…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Introdujo una de sus plumas preferidas en la espesa tinta, al retirarla, espero que una gota cayera limpiamente a la boca oscura del tintero. Le alegro no ensuciar la mesa.&lt;br /&gt;Repasaba la parte fundamental del texto que lo tenia íntimamente emocionado desde hacia tantos años.&lt;br /&gt;Y escribía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El “ductus”o condotto principal de este profundo órgano, puedo demostrarlo, se origina en el extremo más alejado de la masa grasosa que lo compone.&lt;br /&gt;En un canal, que se inicia simple, o bifurcado.&lt;br /&gt;La atraviesa (a la ghiandola) luego en su totalidad, hasta el osteum proximal en la luz del duodeno, recogiendo sus “secrezioni”.&lt;br /&gt;Esta situado en su sinuoso trayecto cercano a la superficie anterior y cubierta por el ventrículo gástrico.&lt;br /&gt;Más próximo al borde superior que al inferior del páncreas.&lt;br /&gt;Y a medida que se acerca a su destino intestinal, y unirse al viaducto biliar, el grosor de calibre aumenta progresivamente.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Su uretra “peniena” insistía con el escozor pero sus dedos lo solucionaban de inmediato. Casi con ferocidad. Cierto placer le iluminaba el rostro si el dolor aparecía tras el rascado, excitándolo.&lt;br /&gt;En las últimas semanas casi no había vagado su catedrática figura por burdeles alegres y pendencieros. Encubiertos como serias “residenze nobiliari” en la zona comercial próxima a la Universidad de los Artistas.&lt;br /&gt;Su espíritu lo llamaba constantemente hacia el contacto con las desprejuiciadas “belle signore” que frecuentaba.&lt;br /&gt;Pero la emoción de su descubrimiento le impedía separarse mucho tiempo de la sala de disección. Esto no lo excitaba más, definitivamente no.&lt;br /&gt;Pero le haría adquirir poder y popularidad que seguramente le abrirían importantes, y “camere da letto aristocratico”. La situación le daba una trasparencia especial a sus pecaminosos ojos y un ingreso especial de sangre a sus cuerpos cavernosos, logrando la turgencia acostumbrada, y por lo cual era tan popular entre ‘las puttane’ amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Yo al enemigo trato de identificarlo precozmente.&lt;br /&gt;Lo marco, ya es el enemigo.&lt;br /&gt;Las historias las resuelvo más fácil.&lt;br /&gt;Es el enemigo, solo se merece batalla.&lt;br /&gt;No me pone mal lo que al él le pase, diga, le digan.&lt;br /&gt;Salvo desgracias que ponen mal a todo el mundo, aunque a veces muy secretamente en mi mente (“lo non incoraggiare o la bocca”), algunas desgracias, me alegran, hasta ese instante que lo corrijo.&lt;br /&gt;Y pienso que soy un anormal, pero lo dejo allí sin una definición absoluta, en esa fracción de tiempo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Quedo dormido por el dulce efecto del néctar que produce el fermento de las uvas. En sus sueños seguiría mezclando su pasión anatómica y sus pensamientos diabólicos.&lt;br /&gt;La mañana lo despertará con un intenso dolor quemante, entre las piernas.&lt;br /&gt;Que aliviará a duras penas al descargar la vejiga con gran esfuerzo, y alguna “oscenitá”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Capitulo cuatro (l’ultimo)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Acaso saben ustedes como eran las calles de Papua a primera hora de la mañana en 1643. Cuando casi no había despuntado el sol, amaneciendo y los mendigos, y ebrios duermen todavía contra los paredones de las construcciones.&lt;br /&gt;Cuando ni siquiera pasan los carros que llevan bolsas cargadas hacia el mercado.&lt;br /&gt;El prosector camina con paso apurado que lo obliga a realizar un camino en bajada a alguien que bebió en demasía, no ha dormido en toda la húmeda noche.&lt;br /&gt;En la plaza no esta despierto más que un “mendicante”, junto al agua de la fuente.&lt;br /&gt;Wirsung piensa en la cama de su claustro. Esta hastiado, empalagado de cuerpos femeninos y de amigos bebidos hasta lo insoportable. Las imágenes pasan demasiado rápido por sus ojos nublados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos hombres lo esperan entre las sombras.&lt;br /&gt;En un estrecho pasadizo apuntalado por columnas antiguas, heredadas del pasado románico, le cierran el paso, sin decir palabra.&lt;br /&gt;Bruscamente termina su andar apurado y queda mirándolos en silencio.&lt;br /&gt;En el resplandor de la pólvora al estallar y en la sorpresa del sonido del disparo. Identificó el brillo de dos ojos conocidos, dos ojos familiares. Pero el golpe, y el dolor de la metralla en su abdomen lo hicieron caer sentado. Tratando de tapar con los dedos el espacio que se había formado entre sus músculos y vísceras.&lt;br /&gt;Ahora quemadas y sangrantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenta incorporarse, pero la cabeza no le obedece. Quien había realizado el disparo, arranca de un tirón el arcabuz de las manos de su acompañante que estaba paralizado, sin poder moverse ante la escena.&lt;br /&gt;Y acerca la boca del cañón del arma a muy pocos centímetros de la cabeza agonizante del joven Joannes Georgius.&lt;br /&gt;Luego dispara a quemarropa con un estallido muy parecido al primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;El 2 de marzo de 1642, Wirsung al efectuar una disección en un cadáver fresco descubre el conducto principal excretor del páncreas sin haber reconocido su función, tratando de investigar sobre su hallazgo comunica su descubrimiento en un texto y dibujo que graba en una placa de cobre, realizando luego siete copias de la misma y que envía a su maestros Riolano que vive en París y Kaspar Hoffman, a Ole Worm tío del estudiante Thomas Bartholin que fue el primero en recibir la copia del grabado , a Severino (el Napolitano) y a Johan George Volkhamer entre otros.&lt;br /&gt;“Jamás encontré sangre en la luz del ductus, si un fluido turbio y filante que quita el brillo a la hoja de plata del escalpelo…”. Alegó a quienes solicitaba su opinión.&lt;br /&gt;Posteriormente describe la desembocadura duodenal del conducto en niños, gatos, perros y gallinas.&lt;br /&gt;El descubrimiento tuvo importante repercusión en los ambientes médicos, y parece, "aquí la información no es muy clara", también se lo asocia a la trágica muerte del prosector.&lt;br /&gt;Esto fue motivo de controversias, pues se pretendía quitarle mérito a su verdadero descubridor, asignándosele a Moritz Hoffmann, hijo de Kaspar, que fue el portador de la misiva de Wirsung a Riolano, fechada el 7 de julio de 1643.&lt;br /&gt;El 22 de agosto de 1643 Joannes Georgius Wirsung fue asesinado a mansalva de dos arcabuzazos por el estudiante belga Giacomo Cambier.&lt;br /&gt;Durante el año 1648, Moritz Hoffman uno de los testigos de la famosa disección del ahorcado, hace una presentación mintiendo que fue él quien individualizo el conducto al disecar un pavo. Nadie le cree.&lt;br /&gt;Su descubrimiento fue prontamente divulgado, y dicho conocimiento permitió a otros grandes investigadores la verificación de la función secretora del páncreas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;Este relato lo escribí en el año 1976, mientras preparaba Anatomía. Luego lo corregí, he hice algunos agregados.&lt;br /&gt;Creo que se merece que alguien lo lea. &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(2004) &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-2028705021790395824?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/2028705021790395824/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=2028705021790395824' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/2028705021790395824'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/2028705021790395824'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2010/07/el-prosector-solo-para-anatomistas.html' title='El prosector (solo para anatomistas)'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/TDO1miXbIFI/AAAAAAAAF4o/jWjfy9oTE_o/s72-c/Vesalio2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-2985133763163220167</id><published>2010-04-01T15:56:00.002-03:00</published><updated>2010-04-01T16:11:33.234-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='emergencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='quirófanos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='documental'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='medicos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='sangre'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='guardias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cirujanos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tórax'/><title type='text'>Documental</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/S7Ts2IaBNTI/AAAAAAAAFxI/pktrub7YeS0/s1600/hospitalshua.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5455245463366219058" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 345px; CURSOR: hand; HEIGHT: 229px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/S7Ts2IaBNTI/AAAAAAAAFxI/pktrub7YeS0/s400/hospitalshua.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una lámpara scialitica se enciende con un ruido metálico en medio del negro absoluto de la pantalla. La película abre con un aire de misterio, lo que se ve no es evidente. Una ambulancia sale lenta de su estacionamiento, hay un plano del interior de la cabina y del chofer distorsionado por la luz infrarroja.&lt;br /&gt;Me calzo los pequeños auriculares, elevo el volumen y &lt;em&gt;“Nothing else matter”&lt;/em&gt; suena, suena en la noche que ya es la dueña del último viernes de enero. Camino por los pasillos, de Guardia.&lt;br /&gt;Sobre la misma toma se suma una sirena lejana y no escucho las voces en off de los familiares de internados que esperan junto de las puertas de las salas, parados, apoyados contra la pared impecable, blanca. Me deslizo siguiendo el brillo de las luces en los pisos con la música de &lt;em&gt;Metallica.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Uno tiene que trabajar con cámara en mano, usar solamente la luz natural disponible y quedarse tan afuera de la película como sea posible. Teóricamente pienso. Las luces disponibles penetran por las ventanas y son el contorno nocturno de la ciudad, con algunos destellos y el cielo azul detrás.&lt;br /&gt;Algunos moradores de los pasillos están en cuclillas, se tapan los ojos con la palma de una mano abierta, se consultan entre sí, miran fijamente a la cámara y murmuran, acompañan a que el tiempo pase, que la angustia termine rápidamente, se quieren ir.&lt;br /&gt;Algo en la música hace crecer una sensación dramática en esos rostros. La toma ahora se hace en primeros planos.&lt;br /&gt;En un banco alejado dos ancianas beben mates en silencio y ablandan, con las encías y saliva, trozos de galletitas que rítmicamente se introducen en la boca.&lt;br /&gt;Una de ellas mira directamente al espectador y dice: &lt;em&gt;-Buenas noches, doctor-.&lt;/em&gt;Vestido de verde contesto con una imperceptible reverencia y, camino, huyo. El día lo tengo ganado y la viola puntea &lt;em&gt;(la viola de Kirk Hammett).&lt;/em&gt; Se suman imágenes intercaladas del chofer que gira el volante, que mira hacia un costado y hacia el otro, en infrarrojo es casi un fantasma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cabeza me pide no hacer mas nada, que ya es bastante, solo sentarme y dedicarme a la contemplación.&lt;br /&gt;Un cura, - en la época que iba a patear todas las tardes a la canchita de la iglesia -, en los años que las cosas las fijaba para siempre (ahora me olvido de todo rápidamente), me dijo, que la contemplación no solo consiste en tratar de conocer el rostro de Jesús o su resplandor divino, sino en entregar el alma al pensamiento de Cristo y los misterios de la religión.&lt;br /&gt;Era italiano, gordito y de anteojos. No me atrapaba nada de lo que decía, - no se porque - , pero respetuosamente lo escuchaba, - me caía bien -. Después salía disparado, a donde el fulbito gobernaba. Ahora la contemplación que necesito es otra. Tumbarme a no ver nada, a no pensar nada.&lt;br /&gt;Con la música todavía sonando en aumento la imagen siguiente es fugaz y de alarma, son las luces azules de la ambulancia que giran, lo que muestra es como se iluminan los edificios cuando pasa, no el vehículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mosca me roza el brazo, la espanto sin tocarla con el dorso de los dedos. El aire fresco que trae la noche comenzó a aliviar los interiores filtrándose por donde puede. Me paso la mano por el cuello y el sudor es un brillo húmedo que se impregna en los dedos. Pegajoso. Los seco en el pantalón del equipo. Es la hora de tener hambre. El único indicio de amenaza hasta ahora es la suave música de &lt;em&gt;Lars Ulrich.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Por favor vení a la Guardia..., me avisaron que traen un herido de escopeta... creo que en el tórax...!&lt;/em&gt; - Dijo el teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Ya voy...!&lt;/em&gt; - Escupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente aparece la toma de una reconstrucción, la ambulancia lanzada en velocidad con toda su parafernalia de luces y sonidos en acción ingresa al playón que desemboca en el Servicio de Emergencias. La escena que se inicia sobre el reflejo espejado de un charco de agua junto al cordón de la vereda, luego se hace aérea suavemente, y finaliza sobre los techos mostrando la ciudad a oscuras.&lt;br /&gt;Primer plano con cámara en mano girando hasta el perfil de un gesto de fastidio en mi rostro. Era lo último que quería hacer en ese momento.&lt;br /&gt;Me quedo sin reflexión contemplativa y salgo, camino con la mente en blanco. Sin mirar. Esto transcurre con imagen y música únicamente. Un pie aprieta un pedal de freno y se escucha el sonido de los neumáticos clavándose en el asfalto &lt;em&gt;(infrarrojo).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por que no estaré atendiendo una verdulería. &lt;em&gt;(Mi voz en off.)&lt;/em&gt; Pero estoy acá, de guardia. A partir de ese momento se acelera la edición.&lt;br /&gt;Inspiro profundamente y me observo en el reflejo de los vidrios, afuera la oscuridad es absoluta. El reflejo de los vidrios siempre mejora mi aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Ya veo que no es un carajo...!&lt;/em&gt; - (Off)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruzo pasillos vacíos. Ahora abro puertas hacia la zona que ingresan las urgencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;-¡Y si se muere..., se muere! -&lt;/em&gt; Me conformo, y me pongo guantes de látex en las manos. La cámara me sigue, me persigue.&lt;br /&gt;Advierto sobre las cabezas el alboroto que ya armó la noticia. Varios curiosos se asoman hacia afuera, miran en dirección a la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había aprendido que las batallas morales se libran a solas, secretamente e involuntariamente, desde que era practicante repetía los mismos ejercicios de autocontrol.&lt;br /&gt;Las puertas vaivén que dan al estacionamiento de ambulancias estaban abiertas, y trabadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los brazos de un hombre joven, conmovido, asustado y dantescamente ensangrentado, ingresa una mujer. Él no se deja ayudar por los camilleros. Plano abierto. Todos corren.&lt;br /&gt;Veo la palidez de la muerte en la piel de su rostro entre el pelo negro. La cámara se acerca hasta esa transparencia azulada. La boca abierta busca aire. No le descubro ningún movimiento.&lt;br /&gt;Los brazos sin ofrecer resistencia cuelgan péndulos, chocan con todo lo que se les interpone en su ir y venir, son los torpes meneos de un muñeco. La edición se detiene a una cámara lenta que se repite dos veces, dos golpes de los brazos sin control.&lt;br /&gt;La veo sola en el tumulto. Tan sola como yo, navegando por el mismo sonido. La banda de sonido solo ofrece silencio, lo que es perturbador. El montaje de una fotografía muestra el rostro congelado de quien la ingresó en sus brazos.&lt;br /&gt;La dejan sobre la camilla en medio de gritos, apuro y torpeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pecho de la mujer es una explosión de sangre, de ropa manchada, quemada con pólvora, de coágulos que se deslizan y caen al suelo.&lt;br /&gt;Alguien los pisa, pisa la sangre, un zapato de gruesa suela blanca se apoya sobre el charco de sangre y resbala.&lt;br /&gt;Todo es rojo. El aliento es fétido y rojo. Vomita ahogando una queja, un gemido también rojo. Las gotas salpican y la imagen se funde al rojo hasta que me saco los anteojos y alguien los limpia y me los vuelve a colocar.&lt;br /&gt;La aspiro. Introduzco la cánula del aspirador en la boca. Tose. El olor de la sangre inunda el aire. Vuelan gotas rojas que se editan muy lentamente. La examino. Una tijera corta la tela empapada y roja.&lt;br /&gt;Mis guantes están rojos y húmedos. Van cesando los gritos. La cámara se aleja hacia el cenit. Se encuadra el rostro del hombre que la trajo, en otro ambiente, la luz azul que gira sobre la ambulancia se le refleja en los ojos. Dice que fue un accidente. Luego mira hacia el suelo. Es el marido, dice alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Plano a pantalla completa que se aleja de un orificio de cinco centímetros de diámetro en el lado derecho del tórax sobre la mama, rodeado de piel quemada y pequeñas heridas puntiformes, sopla sincrónicamente y un borbotón de sangre espumosa sale en cada inspiración. Es el orificio de entrada del disparo.&lt;br /&gt;Aprieto contra él un apósito de gasas y algodón, dejándolo tapado. Desaparece el ruido.&lt;br /&gt;Mis dedos registran un débil pulso radial y el aire solo entra en el lado izquierdo del tórax. Del otro lado no escucho nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Le ponemos dos buenas vías... a chorro...!, la vamos agrupando, pasamos por rayos, quiero una placa de tórax y la llevamos...¡rápido a quirófano...!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El punteo de &lt;em&gt;Metallica&lt;/em&gt; ahora sube, sube. Tapa todo los sonidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer mueve la cabeza hacia los costados, como diciendo que no. La camilla corre por los pasillos perseguida por la cámara en mano que sube y baja. Las ruedas de goma dejan una marca roja en cada giro y la cámara lo ve, y se fija en una de las manchas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- El que disparo el arma fue el marido.&lt;/em&gt; – En off.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Era el flaco que la traía alzada, él jura que era un cartucho cargado con sal gruesa.&lt;/em&gt; – Ahora la voz es más lejana. Casi inaudible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El murmullo del ingreso a la Guardia quedó atrás. En los quirófanos el aire acondicionado funciona. Una buena. El silencio nuevamente acompaña el ritual.&lt;br /&gt;Termino de cambiarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Con sal las pelotas!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En la placa radiográfica, que miro a trasluz contra los fluorescentes del techo se ven los perdigones metálicos amontonados en la base del hemitorax derecho.&lt;br /&gt;El diafragma, de ese lado, está exageradamente elevado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Le dió en la base del pulmón y al hígado, ¿no se si no toca el pedículo?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Suspiro mirando hacia el quirófano “A”. La paciente ya está adentro. Me apuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- No le tiró errar, ni quiso hacerle una joda...&lt;/em&gt; (Una voz en off se queja de que los pantalones que le dieron no le entran.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Chicos está muy hipotensa!&lt;/em&gt; - Grita la petisa, embarazada de seis meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Por que no apuramos el trámite...!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La tenía intubada. El tubo endotraqueal transparente, ahora es rojo, manchado por la sangre. La cámara sigue el tubo hasta su conexión con el respirador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El apósito que cubre el chumbazo es blanco solo en los bordes. Unas manos rápidas le colocan otro arriba que fijan con una cinta adhesiva. Al nuevo apósito lentamente le crece una escarapela roja en el centro.&lt;br /&gt;La ceremonia de vestirse dura segundos. Cuando ya está en posición de toracotomía, asegurada a la camilla y con los campos quirúrgicos puestos, escucho:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Che...!, la tengo sin presión, no le encuentro pulso ... ¿fijate vos si hay latido...?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se descubre en el ambiente y en el plano de los rostros, ahora tapados por los barbijos el rumor inequívoco, de la parca volando.&lt;br /&gt;Todos lo perciben. La luz de la scialitica brilla y de vez en cuando se deja ver algún detalle, imágenes intercaladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Plata o mierda...!&lt;/em&gt; – Pienso en off.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pared que no sangra al abordarla. El humo del electrobituri. No sé si operamos bien, pero operamos rápido. Digo y queda dentro del barbijo. El separador que abre sus dientes plateados, las costillas que se separan. Los coágulos recién formados en la cavidad pleural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Aspiramos...!¡ aspiramos...!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un clamps vascular se cierra en la zona inferior del pedículo pulmonar y para un chorro de sangre grueso como un dedo. Aprieto varias compresas de gasa sobre el diafragma que es un colador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Lavamos...,¡ ligadura...!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cara superior del hígado es un puré de coágulos y perdigones. Encuentro el taco del cartucho entre ese paté sangrante, lo saco entre los dedos. La cámara sigue la acción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¿Y como estamos...?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Igual...!&lt;/em&gt; – Suena del otro lado, fuera de campo y el silencio es ahora molesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Pero latido tiene...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Me conformo y la cámara me busca. Veía al bobo moverse locamente, siguiendo la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Creo que paramos la canilla, por lo menos… lo más importante, ¿o no...?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Si, ... sangrado activo no veo...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Dice Esteban, apretando la punta del aspirador contra una compresa de gasa y son los ojos de él los que aparecen en todo el tamaño del monitor. Los ojos casi transparentes y las patillas blancas de mi ayudante. La sangre y el Haemacel, se intercalan goteando a mil en un plano primerísimo.&lt;br /&gt;Seguimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Aunque no lo puedas creer...! estamos con una presión hermosa...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Grita ahora la Petisa, todavía con la pera de goma del tensiómetro apretada en una mano y sacándose el estetoscopio con la otra. Buena escena dice alguien al editar, acá se reinicia la música, justo cuando termina de hablar la anestesista. Okey poné &lt;em&gt;“wind of change”&lt;/em&gt; muy suave.&lt;br /&gt;La unidad de filmación son dos personas y no usan luces, esto les da la gran movilidad. Deben usar la apertura siempre al máximo. Comentan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Escena en consultorio médico sin ventanas, con un escritorio con dos sillas y una camilla tapizada de cuerina negra como únicos muebles.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Junio avanza con su color de frío y de barro sobre la Comarca. Para variar todavía no habíamos cobrado el sueldo. En el consultorio se huele el paso de dieciséis pacientes. Y en mi cabeza también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Queda una señora solamente, ¡no hay nadie más...!&lt;/em&gt; - Dice la enfermera, con una sonrisa como para aliviarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cámara fija detrás de mí, por la puerta abierta aparece una mujer. Humildemente vestida de oscuro, el pelo casi blanco acomodado en un rodete. Con un monedero de plástico agarrado en las dos manos y apoyado sobre el abdomen. Mira hacia el piso al caminar.&lt;br /&gt;Cuando llega frente al escritorio, saca una de las manos del monedero y la tiende hacia donde yo estoy sentado. Me alargo sin dejar la silla y le alcanzo la mano. Me parece pequeña y helada.&lt;br /&gt;Se sienta lentamente y nos quedamos mirando. En la edición se usa solo un plano largo del rostro de ella, con muy buena definición de sus facciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Yo soy la mamá de Rosa...&lt;/em&gt; - Me dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- De Rosita, usted la operó de un tiro que le pegó el marido, ¡en el verano...!&lt;/em&gt; – Agrega, cuando le pongo cara de no saber de quien habla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Siii..., anda muy bien,¡ la vi hace unos días...!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Me relajo. Era la última paciente del consultorio, y mis ganas de rajarme más que evidentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Vino a hacerse un control hace unos días..., por suerte tubo una muy buena evolución...!&lt;/em&gt; - Asiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡No..., por suerte no!&lt;/em&gt; – Me corta terminante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Usted a mi no me conoce..., por que yo en ese momento no quise venir al hospital...-&lt;/em&gt; Dice y suspira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Cuando ella estaba en Terapia..., usted habló solo con las hermanas..., mis otras hijas, que son las más grandes..., ¡Rosita es la más chica...! -&lt;/em&gt; No deja de mirarme a los ojos, ni suelta el monedero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Yo cuando esto pasó..., no estaba acá, con mi marido somos pastores de la iglesia Evangélica y habíamos viajado a una reunión a Valcheta.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Continúa mirándome como sin verme. Dos cámaras fijas muestran plano a plano mi rostro y el de ella siguiendo el dialogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Nos avisaron por teléfono..., no me dijeron bien que había pasado..., pero yo sabia que a mi hija le pasaba algo muy grave, ...que estaba en un momento muy difícil, ...nos vinimos en el colectivo de la noche, ...y en el viaje presentí que no la iba ver más viva...&lt;/em&gt; - Levanta apenas el mentón en un suspiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Créame doctor, presentí la muerte...!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La escucho sin hacer un gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Bueno..., sin dudas fue un momento muy difícil..., por suerte llegó a tiempo..., la trajeron rápido...! , y también por suerte tenemos un equipo quirúrgico muy bien entrenado...!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Agrego como para decir algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡No doctor...!, y perdóneme por lo que le voy a decir..., pero no fue por suerte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Se la ve conmovida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡En ese momento... !&lt;/em&gt; - Se hace un silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Cuando tubo que decidir y...hacer lo que tubo que hacer con mi hija, ... ¡usted no estaba solo...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;No imagino la expresión de mi cara. Me quedo esperando lo que sigue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¿Sabe una cosa doctor...?, yo no se si usted es creyente..., le voy a estar eternamente agradecido, pero no se si cree en cosas superiores... que no son milagros, pero ocurren...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Del otro lado del escritorio la sigo con las manos apoyadas en los labios, frotándolos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Pero en ese momento...! -&lt;/em&gt; Continua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Cuando tubo que actuar para operar a mi hija..., ¡cuando hizo lo que usted dice que tenia que hacer...!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Suspira enérgicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Justo en ese momento...!, ni antes, ni después..., en sus manos, para traerla de nuevo a la vida..., ¡ estaba... Dios!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;No me sale decir una palabra, me apoyo con fuerza en el respaldo de la silla y siento que me corre una caricia fría por la espalda y que sube hasta el cuello, hasta la nuca, y me aprieta, y a ojos en un plano primerísimo me los cubre una lágrima, una gota transparente, repentina, que me hace parpadear.&lt;br /&gt;La cámara se eleva y se aleja desde el plano de la anciana, pasa sobre mi y sigue hacia atrás por la puerta que se abre, recorre los pasillos hasta las puertas abiertas de la Guardia y pasa entre gente en movimiento, supera volando los canteros con césped, y sube, pasa los árboles, los techos y desde muy alto la imagen se congela mostrando el hospital que se lo ve muy pequeño y a lo lejos el río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;(2010)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-2985133763163220167?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/2985133763163220167/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=2985133763163220167' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/2985133763163220167'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/2985133763163220167'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2010/04/documental.html' title='Documental'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/S7Ts2IaBNTI/AAAAAAAAFxI/pktrub7YeS0/s72-c/hospitalshua.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-6346613213467961136</id><published>2009-02-10T21:24:00.002-02:00</published><updated>2009-02-10T21:27:45.436-02:00</updated><title type='text'>Aullidos</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SZINUtq0CuI/AAAAAAAAECg/cqIeYVkom40/s1600-h/a1.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301314360876206818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 291px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SZINUtq0CuI/AAAAAAAAECg/cqIeYVkom40/s400/a1.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SZINFDlCs3I/AAAAAAAAECY/CGe2FOCHScM/s1600-h/a2.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301314091879674738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 291px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SZINFDlCs3I/AAAAAAAAECY/CGe2FOCHScM/s400/a2.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SZIM4ZU8AHI/AAAAAAAAECQ/ZeaJPJIc55s/s1600-h/a3.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301313874379407474" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 291px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SZIM4ZU8AHI/AAAAAAAAECQ/ZeaJPJIc55s/s400/a3.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-6346613213467961136?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/6346613213467961136/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=6346613213467961136' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/6346613213467961136'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/6346613213467961136'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2009/02/aullidos.html' title='Aullidos'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SZINUtq0CuI/AAAAAAAAECg/cqIeYVkom40/s72-c/a1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-6714961638457713771</id><published>2008-09-16T20:38:00.003-03:00</published><updated>2008-09-18T00:54:23.780-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Zitarrosa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jack Elam'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Harry Dean Stanton'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Patagonia'/><title type='text'>Los malos</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SNHQjHJGnHI/AAAAAAAADLY/fU_nYNGrcbo/s1600-h/DSC06645.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5247204342494567538" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SNHQjHJGnHI/AAAAAAAADLY/fU_nYNGrcbo/s400/DSC06645.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SNBGPIPeb7I/AAAAAAAADLQ/VS2WMk9EjGo/s1600-h/Jacek_Yerka5Ibarrita-2BAR.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5246770791611002802" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SNBGPIPeb7I/AAAAAAAADLQ/VS2WMk9EjGo/s400/Jacek_Yerka5Ibarrita-2BAR.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había pasado mucho más tiempo que el que se siente en la piel de la cara cuando la toca una ráfaga de viento, cuando la acaricia el viento que atropella y abre y cierra la puerta que da a la playa.&lt;br /&gt;Así entraron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Merecieron solo la mirada perdida del dueño cuando cruzaron el umbral. La mirada de esos ojos que ya no se sorprenden, ni dicen nada. Esos ojos de pez.&lt;br /&gt;De pez tirado en la arena.&lt;br /&gt;Y los dos hombres avanzan y acarrean sus huesos y su escasa carne en cada paso. Caminan sobre las tablas desparejas, titubean al adelantar cada pie y un olor extraño se desprende de los harapos que visten.&lt;br /&gt;Se sientan sin mediar rodeos en los bancos altos de la barra.&lt;br /&gt;Se sientan en silencio, con el mismo silencio que entraron al boliche, luego acomodan sus brazos -solo ropa y esqueleto- sobre la superficie de madera del mostrador.&lt;br /&gt;El Flaco solícito se apura en limpiar la madera, con un trapo que se va humedeciendo a medida que carga lo restos de bebida de los vasos al apoyarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de la nariz afilada junta la poca piel de sus manos y entrelaza dedos trasparentes que terminan en uñas largas y sucias, y apura un parpadeo, molesto.&lt;br /&gt;Después queda tan inmóvil como un muerto.&lt;br /&gt;El del ojo desviado y cejas espesas gira la cabeza en forma circular, explora el lugar con mirada brillante y desenfocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;- Usted atiende este antro, o solo limpia la baba de los ebrios que se duermen en la barra?&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; –dice al dueño, los separa solo la distancia del mostrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Que desean tomar? &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;–pregunta el Flaco, y todos los gestos de su rostro chorreante, insomne, se clavan en los forasteros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde las sombras, como un aparecido, El Uruguayo hace sonar una cuerda de la guitarra que duerme entre sus manos, y el aire del bar se ilumina y vibra.&lt;br /&gt;La oscuridad se esconden un poco y la luz del farol gana en fuerza con el sonido, en brillo.&lt;br /&gt;El recién llegado que habló se encabrita en el asiento al romperse el silencio y deja ver la culata de un arma bajo el abrigo.&lt;br /&gt;El sonido de la cuerda perdura, y el hombre que busca mirando, entre el sonido encuentra al guitarrero sentado cerca de la estufa. Abre desmesuradamente sus ojos desalineados para verlo, de no ser por la guitarra El Uruguayo es una sombra más en un rincón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¡Comer, queremos algo de comer!&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; –contesta y añade preguntando a quien lo acompaña-: &lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¿Harry, tu quieres comer también?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;La cabeza del hombre que aún no habló fue cayendo hacia delante hasta apoyarse en el mostrador entre sus brazos que las manos anudan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Él es Harry Dean Stanton, mi socio.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; –dice el hambriento, y le acomoda la cabeza en posición erguida tirando desde la solapa del saco hacia atrás, hasta que el forastero de nariz afilada sin despertarse abre los ojos. &lt;em&gt;&lt;strong&gt;–¡Y quiere comer!, comer y beber, como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;El Uruguayo acomoda un tono de milonga en sus dedos, los aprieta contra el traste de la viola y comienza un punteo. Una música lenta aparece, aparece y se repite, y suena llenando el espacio de la casucha tirada en la playa, que el Flaco le escribió BAR sobre la puerta.&lt;br /&gt;Y en cada acorde las cuerdas van vistiendo, rellenando, ese tiempo aburrido, insoportable que encierran las paredes, ese espacio separado por las noches que la estufa calienta y el viento del mar insiste en taparlo con su frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¿Que tienes de comer?, caracolgando!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Tengo un poco de queso.., galletas y puedo fritar pejerrey&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; –el Flaco habla y busca algún movimiento en las manos del forastero del ojo ido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Trae de todo…y whisky!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-No, whisky no tengo.., tengo caña.., caña o ginebra.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¿En este antro de ebrios no tienes un poco de whisky?, que clase de antro tienes caracolgando?&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; –abre exageradamente la boca, cierra los ojos y niega con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¿Puedes creerlo Harry?, en este antro infame no hay whisky?, deberíamos quemarlo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;El guitarrero al escuchar la amenaza puntea con más fuerza y cambia el tono, el hombre que entró en silencio y no habla duerme sentado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Trae… ginebra y algo de comer, lo que sea, pero rápido!-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;gira luego todo su cuerpo en el asiento y mira hacia las sombras donde solo se mueven los dedos sobre la guitarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Rápido!, estamos hambrientos!-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;grita casi y mira a su socio que duerme, y parece un muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Este es Harry!, y es mi amigo, y así como lo ven ya tuvo dos esposas.., las dos están muertas!, él las mató…!-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;dice y golpea con su mano abierta la espalda del dormido que vuelve a inclinar la cabeza hasta apoyar la frente en el mostrador con un leve golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Deja la botella caracolgando…, déjala!, o crees que no tenemos dinero!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El dueño del bar había apoyado dos vasos en la barra y se decidía a servir con una botella de vidrio oscuro, color caramelo.&lt;br /&gt;Al escucharlo dejo la botella de ginebra junto a los vasos y se perdió tras la cortina de la puerta que da a la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Bebe Harry!, bebe!..,&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; -con su mala mirada llena los vasos hasta que la bebida desborda y se derrama sobre la madera-&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Nadie como tu se merece un trago…, después de cruzar este infierno!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Y tú toca algo más alegre o te las verás con mi mal humor…!&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;-le dice a la sombra que puntea sobre cuerdas con tonos de milongas.&lt;br /&gt;Y empina el vaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Flaco y su rostro derramado, -ese montón de gestos que le caen de la cara- aparecen al moverse nuevamente la cortina con queso y galletas en un plato, en la otra mano trae una jarra de cerveza.&lt;br /&gt;Sin que lo vean acomoda el hacha, con el cabo junto a sus piernas, tras la barra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Ah!, no eres tan inútil…camarero, cerveza tienes en esta pocilga además de ratas.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;-desde la cocina avanzó mezclado con el tufo de los hombres el olor del pescado al fritarse.&lt;br /&gt;El norteamericano bebió la cerveza empinando la jarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Harry,¿ no bebes?..., demuéstrale a estos latinos como bebe un hombre de Kentucky!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-El es de Kentucky…, y es mi amigo y feroz compañero!, yo soy de Arizona…United State of America!, comprenden?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Debajo del forastero que parece un muerto colgado de la barra crece lento y silencioso un charco de líquido humeante, que cae desde su pantalón y le moja las botas sucias por la arena, antes de llegar al piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De los labios del Uruguayo brota su voz grave, su voz acompasada y varonil que habla de una mujer, y respeta una dulce melodía que marca la guitarra. Habla de una mujer brasilera que conoció. El guitarrero habla al cantar, habla y sufre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Stefanie, yo ayer estaba solo y hoy también,&lt;br /&gt;pero en mi casa ha quedado el perfume de tu piel.&lt;br /&gt;Te veo salir, correr por el pasillo del hotel,&lt;br /&gt;la vida es cruel, Stefanie…&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¡Eh! ¡caracolgando!-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;gritó el que dijo era de Arizona- , &lt;strong&gt;&lt;em&gt;quien le dijo a este que puede cantar?-&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;grita nuevamente, mientras mastica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cantor entona la canción, esa dulce canción que habla de una mujer brasilera, la entona y sueña y sigue hasta terminarla. Luego sonríe, pensando en ella. El ahora es como cualquier otro poeta, se enamora de sus mujeres, se enamora quizá demasiado.&lt;br /&gt;El Flaco trae un plato con pejerrey frito, oloroso, y la gaviota que duerme sobre el tonel abre los ojos y estira el cuello. Luego sigue durmiendo o cierra solo los ojos como el guitarrero, para soñar mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Buscamos a un marino…, venimos tras él hace largo tiempo y lo encontraremos a ese matón ¿no Harry?, nadie se escapa de nosotros!-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;come y bebe usando ambas manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Un marino Maltés, que ahora huye como una prostituta, ya daremos con él…, de Harry y Jack nadie puede escapar, nadie!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Harry ya no emite algún sonido. El Flaco le pone el máximo de expresión que puede a sus ojos, pero sigue mirando como un pez. El Uruguayo prende un faso y acaricia la viola y observa al bravucón que habla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Tráenos más bebida…!, que esperas, que te ruegue caracolgando!&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;-y ríe estúpidamente, ríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-No hay más señores…&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;-dice el dueño del Bar, y niega con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rostro se le mueve y su cabellera blanca flota en las sombras que se dibujan en el techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Como has dicho? Que no tiene más para beber en este antro?-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;dice acercando su rostro de ojos desviados a la cara derramada del Flaco por sobre el mostrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Eso fue lo que dije!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Y el dueño toma el hacha que tiene junto a sus piernas, la toma con las dos manos y la apoya sobre el mostrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Bueno, hombre…, no es para que lo tomes así.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;-habla especulando Jack, el de Arizona y ve como el Uruguayo ahora tiene entre sus manos una escopeta dieciséis de dos caños.&lt;br /&gt;El Flaco en un rápido movimiento lo toma de las solapas y lo desarma. Lleva un antiguo Colt descargado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Vamos amigo cantinero!, solo buscamos a un hombre…, no tengo nada contigo!-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;dice y sonríe-&lt;em&gt;&lt;strong&gt; Soy Jack, Jack Elam…, de Arizona!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Te pagaré…, te pagaré lo que comimos y la bebida…! Vamos buenhombre, te lo creíste?-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;y amplió aun más la sonrisa que ahora rodeaba casi toda la circunferencia de su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¡No somos más que dos pobres actores en bancarrota…perdidos en estas interminables playas!, fue solo una interpretación…&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Harry levanta la cabeza y revive al abrir los ojos. Entones por primera vez habla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¡Oh Jack, fue muy bueno tu monologo bocón…, juro que pensé que el patrón te partía en dos con el hacha, lo juro!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Trata de formar una sonrisa en su rostro pero solo llega a una mueca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-Somos actores señor, y también bebemos…si, por eso sabemos que el mundo está tres tragos más atrás de lo que debería…, de no ser así…, si todos bebiéramos tres tragos más,… no tendríamos problemas…&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-No le hagan caso a Jack, el siempre fue solo el malo de las películas…, el malo de las peores películas que he visto…!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Ahora sí una sonrisa se le dibuja en la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;(2008)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-6714961638457713771?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/6714961638457713771/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=6714961638457713771' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/6714961638457713771'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/6714961638457713771'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2008/09/los-malos.html' title='Los malos'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SNHQjHJGnHI/AAAAAAAADLY/fU_nYNGrcbo/s72-c/DSC06645.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-430742502050940512</id><published>2008-09-02T18:31:00.003-03:00</published><updated>2008-09-02T18:39:57.872-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jane Birkin'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cine'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuentos'/><title type='text'>De vacaciones con Jane Birkin</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SL2yIsi0uZI/AAAAAAAADGs/4sJu1x89m5g/s1600-h/Jane-Birkin-001[1].jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5241541403795044754" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SL2yIsi0uZI/AAAAAAAADGs/4sJu1x89m5g/s400/Jane-Birkin-001%5B1%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, si me decís el nombre así de golpe, me partís la cabeza y la veo. La veo en la escena de una película y te juro que la imagino y la siento jadeando, cantando ese tema que solo se entendía algo cuando dice &lt;em&gt;je t’aime&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Ahí la conocí, en esa película, después de los títulos cuando aparece en minifaldas, mostrando sus patas espectaculares y se agarra de una reja. Naranja la mini, para más detalles.&lt;br /&gt;Veo la escena, y por mi vieja, la llevo grabada en el hueso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tendría dieciocho años o veinte, eran los setenta y por las venas me corría testosterona pura, espesa y afiebrada. Con ella me imaginé que mi vida iba a ser como la del &lt;strong&gt;Corto Maltés&lt;/strong&gt;, no me lo imaginaba, estaba seguro. Solo aventuras y putas.&lt;br /&gt;El nombre de la película la verdad, ni idea, si que hacia de atorranta y le salía bárbaro.&lt;br /&gt;Lo que tengo más vivo es el rostro de ella, la mirabas y no podías creer que existiera.&lt;br /&gt;En una secuencia el flaco le mete dos sopapos, ida y vuelta, palma y dorso a mano abierta y ella no llora, con los bifes se pone más mimosa y se desnuda. Y lo besa con el labio sangrando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pendeja divina, de carita angelical y la diosa del desparpajo, desfachatada diríamos en el barrio.&lt;br /&gt;En otra parte de esa película está solo vestida con una musculosa blanca, cortita, tipo pupera, y para abajo no tiene nada puesto, esta desnuda y sentada sobre una cama con las gambas cruzadas como haciendo yoga, mortal.&lt;br /&gt;Juega al dominó con &lt;em&gt;Trintignant&lt;/em&gt;, sí, con &lt;em&gt;Jean Louis.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El hace de un tipo medio boludo, o boludo completo que le agarra un ataque de culearse a todas las que laburan en la peli o algo así, esas historias francesas raras.&lt;br /&gt;La otra mina que se cepilla el quía es &lt;em&gt;Romy Schneider&lt;/em&gt;, diosa también, pero otro estilo, más seria y un poquito más jovata, creo que hacia de la esposa del francés, creo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo otra imagen plantada en la memoria que es el rostro de ella en primer plano, cubriendo toda la pantalla con esos ojos de pícara chupando una ficha de dominó, metiéndose entre esos labios una fichita que la hace dar vuelta dentro de la boca con un dedo, y te perfora con la sonrisa. Que tiene un toque de tristeza, pero mucho de puta.&lt;br /&gt;Después él que le pregunta por la ficha, la interroga con un gesto acerca de donde está la pieza de dominó que falta, y ella se acuesta en la cama y la cámara la recorre, lentamente la recorre y muestra la cadera y las gamba para que no queden dudas que está en bolas, bien en bolas.&lt;br /&gt;Que gambas tenia la diosa.&lt;br /&gt;La escena sigue con un salto a un primer plano y la turra que se mira entre las piernas y hace un gesto de “no sé” estirando el cuello y negando imperceptiblemente con la cabeza mientras entrecierra los ojos. Después sonríe y le aparecen todos los dientes.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Trintignant&lt;/em&gt; le mira el sexo, adivina, y también sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levanto la cabeza y me llevo las dos manos a la nuca, y estiro los brazos hacia atrás, cruje la silla y cruje mi espalda, mientras disfruto del recuerdo de esa escena.&lt;br /&gt;Que buena que estaba la inglecita, por que es inglesa no francesa, igual que &lt;em&gt;Jacqueline Bisset&lt;/em&gt;, y que pendejos nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un señor que ocupa la mesa vecina responde al sonido de una musiquita insoportable abriendo su teléfono móvil e invadiéndome con su charla, da detalles de donde se encuentra y que come a alguien que lo monitorea por el aparatejo.&lt;br /&gt;La joven que lo acompaña le saca fotos con una cámara digital mientras él habla, grita, que el paisaje es hermoso y que sacaron miles de fotos, que ya vas a ver, tenemos todo documentado, sí, es caro pero vale la pena!.&lt;br /&gt;El flash de la camarita me pega en los ojos, quieren llevarse todo dentro del aparato, la mina escracha la picada de queso y la panera adornada con flores que tiene en la mesa.&lt;br /&gt;No miran, sacan fotos.&lt;br /&gt;Le hago una señal de que baje el volumen, cortos movimientos de mano abierta con la palma hacia abajo, y un gesto en la cara de lo que a él le ocurra me importa un carajo, y el tipo se fastidia y gira la cabeza para seguir su dialogo ahora refiriéndose a mi, cuchichiando con cara de odio.&lt;br /&gt;Hoy termino a las piñas, pienso en medio de mi silencio usurpado. Un mozo se acerca solícito y engominado, y me calmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora si, mis ojos tienen un registro objetivo de todo el restaurante, de todas las mesas. Un registro puro y simple de la gente que está en ellas, sin selección subjetiva.&lt;br /&gt;Sin ver a nadie.&lt;br /&gt;Salvo el forro del celular, que no deja de mirarme pero no le doy pelota y me busca con los ojos. Me mide, se saca su campera &lt;em&gt;Columbia&lt;/em&gt; y se acomoda una bincha también de marca. Tiene calzados modernos borceguíes que le incomodan para moverse en el piso desparejo del bolichón.&lt;br /&gt;Este es de los que destapó champán cuando el &lt;em&gt;Cleto &lt;/em&gt;dijo: &lt;em&gt;- Mi voto es…, no positivo..!&lt;/em&gt; Pienso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pasa un segundo y el tipo se levanta de su silla y sin dejar de mirarme camina hacia donde estoy sentado, y en la espalda, en los músculos que me rodean la escápula aumenta el tono de las miofibrillas y comienza desde ahí a nacer un sopapo, que rápidamente llega al hombro y avanza por el brazo y se cierra en el puño. Y queda así, cuando el personaje pasa desafiante hacia el baño sin mirarme.&lt;br /&gt;Entonces me aflojo y leo la carta del menú. Levanto los ojos sin mirar y veo el salón.&lt;br /&gt;Tengo una imagen estática, una mirada que evita el encuadre de algo en particular, y todo se mueve.&lt;br /&gt;Hasta que mis ojos en el paneo la captan, y ella aparece en ese instante donde las neuronas titubean, buscan lograr la identificación, y el subconsciente manipula el momento.&lt;br /&gt;Y el encuadre que logra el relojeo se congela, se impregnan receptores con algún neurotransmisor, noradrenalina activada por &lt;em&gt;Cabernet Souvignón&lt;/em&gt; seguro, y en ese fragmento de tiempo obtengo la imagen.&lt;br /&gt;Y ya es lo único que enfoco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuanto hace que no la veo, que lo parió. Cuento con los dedos. Treinta y dos años.&lt;br /&gt;Treinta y dos años y en un segundo de registro subjetivo la identifico y las manos en la nuca se me cierran sobre el pelo y tiro hasta que el dolor me dice que es cierto.&lt;br /&gt;Y es cierto, y como observa a quien está frente a ella, como deja fija la cámara de sus ojos me asegura que es ella.&lt;br /&gt;Y ya no se de que hablo, la tengo encuadrada en primer plano y es una de las películas que más prolijamente llevo editada.&lt;br /&gt;Era igualita a &lt;em&gt;Jane Birkin&lt;/em&gt;. Pero nunca me dio bola. Turra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Ya ordenaste algo?&lt;/em&gt; Digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igual que &lt;em&gt;Jane Birkin&lt;/em&gt; nunca tuvo tetas, ni tiene. Me consuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(2008) &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-430742502050940512?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/430742502050940512/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=430742502050940512' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/430742502050940512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/430742502050940512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2008/09/de-vacaciones-con-jane-birkin.html' title='De vacaciones con Jane Birkin'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SL2yIsi0uZI/AAAAAAAADGs/4sJu1x89m5g/s72-c/Jane-Birkin-001%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-8243277660221568831</id><published>2008-04-02T18:21:00.004-03:00</published><updated>2008-09-30T18:40:46.448-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ibarrita'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cazoneras'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='rio Negro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='boliche'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='naufragio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Patagonia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasmas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='playas'/><title type='text'>Ibarrita</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SBkJNJpHEhI/AAAAAAAAB9s/5LTWnRcxn-M/s1600-h/GaviotaNieve.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5195193766679876114" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SBkJNJpHEhI/AAAAAAAAB9s/5LTWnRcxn-M/s400/GaviotaNieve.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mar es una bestia temblorosa y marrón que late y se enfurece. A veces se calma y es una línea dormida.&lt;br /&gt;Esto pasa en los días celestes del verano.&lt;br /&gt;Ellos, los pocos pescadores que se sientan a mirarlo presienten que puede estallar. Lo imaginan.&lt;br /&gt;Solo yo se el secreto de esos movimientos, de ese giro que hace el agua y del esqueleto negro de la barcaza que aparece en ese pozo, en ese hueco que forman la olas al girar evitando el agua verde del río que sale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me siento al reparo de la primera duna, la más alta. Busco desolación, sonido de viento, y estar solo y reseco. Busco intemperie.&lt;br /&gt;El esqueleto negro del casco de madera aparece unos segundos, el tiempo suficiente para que una gaviota lo sobrevuele y lo toque con las patas (o el pico), trate de pararse sobre él, y luego la bestia marrón del mar temblando lo cubra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la gaviota aletea con fuerza y sale del abismo de agua que revienta al cerrarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas lanchas que entran al río cuando cae la tarde pasan sobre los restos del naufragio pero no ven nada. Ningún cambio en el agua.&lt;br /&gt;Y yo se que es hora de dejar mi lugar en la duna y caminar enterrándome en la arena floja hasta el boliche.&lt;br /&gt;Con el mar planchado y luna nueva espero un rato más, lo que dura un cigarro (o dos) con los ojos clavados en la línea donde el brillo del agua se ondula y me dice que es mar y que es cielo.&lt;br /&gt;Espero ver el cadáver negro de madera y la bestia que tiembla a su alrededor y se traga a los ahogados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El boliche me ampara del viento, pero igual lo siento golpear y correr por la playa.&lt;br /&gt;El Flaco le da bomba al Petromax, la luz crece y la mugre resalta entre las sombras. Me sirve en silencio y el líquido transparente brilla en el vaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Encontré huellas en la playa que vienen desde el mar, marcas de pasos, de rodillas y de manos. Como si alguien se arrastrara...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Flaco se sirve. El pucho armado es como un dedo más de su mano, es un dedo humeante. Y toma de un sorbo.&lt;br /&gt;Tiene el pelo largo y blanco a no ser por unos mechones amarillentos, del color de la nicotina.&lt;br /&gt;Está tocado por el insomnio y al que lo toca –dicen- siente que el mundo es irreal, que es difícil acariciar algo, sentir y uno cree que las cosas lo esquivan. Solo busca dormir y el rostro mientras busca le va reventando en arrugas y párpados caídos. Pero no habla del sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;– Por donde? En la desembocadura?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Acerca un plato con galletas y acarrea un grupo de migas con el canto de la mano sobre el mostrador, hasta hacer una pequeña pila. Una bocanada de humo le esconde la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;– Serán los ahogados que siguen saliendo?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Va hasta la estufa y abre la tapa con un palo que juntó del suelo, revuelve las brasas y deja el palo de leña entre ellas. Mantiene el pucho en la boca pegado a los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del mar solo aparece la cascada blanca del romper, lo demás es la lluvia que cae. No se ve el cielo.&lt;br /&gt;El agua caída y la marea alta tapan los rastros. Ahora el choque de las aguas en la barra se adivina por el ruido. Un ruido alejado –de tormenta- o de guerra.&lt;br /&gt;El Flaco vencido ronca cerca de la estufa, yo salgo a mojarme.&lt;br /&gt;Camino descalzo y arremangado hasta la curva del pescadero, entre el rumor de las gotas que pegan en la arena y la bestia tranquila, rugiendo en cada avance y el soplido de mi aliento.&lt;br /&gt;Mi aliento que sale en bocanadas al caminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminó de amanecer en bajante.&lt;br /&gt;Cuando entro empapado al boliche el dueño bosteza y seba un mate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;– Sacáte eso!, estás calado!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Me dice, y me tiende la mano con un dedo recién encendido y el mate en la palma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;-Nunca vas a encontrar a un ahogado, solo pasan por la playa huyendo del mar. Después se los tragan las dunas.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El agua del mate me quema en la boca, hasta que trago. Afuera la lluvia suena en las chapas, adentro el Flaco le agrega kerosén al farol y habla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Cuentan que uno, ya hace años, se fue con un circo que pasaba.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tose, se le inflan las arrugas y pone la tapita del tanque al Petromax. Aprieta la rosca con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- A trabajar de jinete fantasma.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Le devuelvo el mate y el lo recibe alargando el brazo, sin mirarme. Después prende la radio, pero entre las descargas solo se escucha una voz grave que sube y baja y chillidos. La apaga soltando los cables que van a la batería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta se abre de golpe y entra Ibarrita chorreando agua &lt;strong&gt;&lt;em&gt;–Esto no para!-&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; dice y grita, sacándose un encerado que le cubre la cabeza y brilla mojado, después se agacha para limpiarse las alpargatas contra el marco de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;– Cerrá…, limpiate adentro!-&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; , le grita el bolichero, puteando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para afuera no se veía nada.&lt;br /&gt;Ibarrita se acerca a la estufa con las manos juntas y las palmas hacia abajo hasta tocar la hornalla, las gotas que le caen del pelo y explotan en pequeñas nubes de vapor al pegar contra el hierro caliente.&lt;br /&gt;Estallan haciendo chissss!.&lt;br /&gt;No se mueve y al rato una tenue capa de vapor lo va rodeando como un aura y se siente el olor que larga.&lt;br /&gt;Una arpillera lo cubre desde los hombros a las rodillas, se la había cerrado en el cuello con un gancho hecho de alambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Sacáte la arpillera hermano, no matas con el olor a pescado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;Ibarrita tiene la cabeza pequeña, muy pequeña y los ojos saltones como un muñeco que no parpadea. Más abajo alguien le clavó una sonrisa en la cara y le quedó para siempre.&lt;br /&gt;Tiró la bolsa afuera, bajo el alero y nos dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Sale pejerrey eh!, mucho! Ahí nomás a la orillita!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Con su voz de payaso.&lt;br /&gt;Estaba parado adentro de un charco y temblaba, el Flaco le acercó un vaso que apoyó en la salamandra y le dejo caer un poco de caña adentro, después señalo con la cabeza como diciendo –Tomá- .&lt;br /&gt;Ibarrita lo empinó agrandando su sonrisa clavada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Me voy un rato hasta la escollera, a probar suerte en los pozones, queda algo de carnada, no?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Chupa el mate y sin largar la bombilla apretada por los dientes mueve el mentón hacia delante, mostrándome un balde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Si este lo dice, tiene que haber pejerrey…&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hasta tronaba cuando salí.&lt;br /&gt;Fui saltando de piedra en piedra, o buscando algún grupo de conchillas para pisar y no meter las patas en los charcos o la arena hecha barro. Cerca de la orilla donde hay arena gruesa estaba firme y no me enterraba.&lt;br /&gt;Al rato, mientras encarno agachado y entre la bruma el agua seguía cayendo, pasó un jinete, -una sombra-, la imagen del mancarrón y la monta eran del color de la arena mojada.&lt;br /&gt;Después se perdió entre tamariscos, con rumbo al faro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrando por esa huella que esquiva los médanos y a veces desaparece después de un viento sur, ahí nomás para el lado del mar, antes que termine el asfalto que va al caserío, se puede ver la construcción.&lt;br /&gt;Es un refugio rectangular y gris hecho de bloques que en el frente dice BAR -escrito con cal- sobre agujero negro de la puerta.&lt;br /&gt;Solo bar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Ibarrita es la errancia…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;Dijo el Flaco, y yo no le entendí.&lt;br /&gt;Después me habló de su ir y venir constante por la costa, por todos los recovecos que el mar va formando cuando castiga la playa o la barranca. De comer lo que el mar le da, o lo que la gente le entrega a cambio de su pesca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Duerme donde lo agarra la noche, y a veces desaparece como si lo tragara el océano… o los arenales.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Pita el cigarro y niega con la cabeza, e ignora sacando más afuera el labio inferior.&lt;br /&gt;Yo desde la ventana lo miro a Ibarrita que sigue inmóvil sobre una piedra -en cuclillas-, montado en la caña que sostiene con ambas manos. De esta distancia no le veo la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el atardecer y era el verano, y en la marea baja la playa estaba acribillada de pisadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bolichero niega, pita y cuenta.&lt;br /&gt;Una mañana de invierno con el viento castigando la costa como un maldito y volando después sobre un oleaje embravecido, se vio un humo negro subir desde las casillas de los pulperos.&lt;br /&gt;Una casilla ardía en un reparo de las dunas.&lt;br /&gt;Afuera, en una silla que había sacado antes de prender el fuego una mujer estaba sentada con una criatura en brazos, miraba como en humo volaba llevado por el viento y como las chapas caían gritando entre las llamas.&lt;br /&gt;Adentro se quemaba Ibarra atado a la cama por su mujer, después de pegar los últimos golpes de su última borrachera.&lt;br /&gt;El niño ya miraba con ojos de sorprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le costó caminar al loquito, así lo llamaban los vecinos, sobre todo cuando lo veían gatear con dificultad siguiendo los perros y reírse sin hablar, solo reírse y mirar el mar como esperando.&lt;br /&gt;Si uno venía del faro por el paso, lo podía encontrar entre la paja brava, como un animal, escondido. No se dejaba ver pero el olor lo delataba.&lt;br /&gt;Pulpeaba con un alambre y una lata, y comía eso, lo que le daba el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;-Yo no creo que sea una sonrisa lo que lleva en la cara…!, eso es alguna deformidá por las penurias que ha pasado el pibe…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;Cuando se llevaron a la madre dos milicos a los que se les enterraban los borceguíes en la arena y no podían correr, trataron de agarrarlo y no pudieron.&lt;br /&gt;El vio cuando se iban y no quiso llorar o no sabía.&lt;br /&gt;De ahí que anda solo por la costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mar, planchado y hasta aburrido, ensimismado en un silencio sin olas, golpea las rocas. Ese grupo negro de jorobas que le salen a la playa como un animal gigante muerto en la orilla.&lt;br /&gt;Ibarrita es un bulto del mismo color que el agua, sostiene la caña mirando el horizonte y sonríe.&lt;br /&gt;Escruta el horizonte sin ver y sonríe por que ese es un gesto definitivo en su cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;III&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro cazoneras naufragan atrapadas por un temporal ahí nomás una vez pasada la barra del río Negro, de este río que corta la patagonia norte y termina en el mar entre bancos de arena y aguas pardas, traicioneras. Casi treinta ahogados, casi treinta tragados por el mar.&lt;br /&gt;Para siempre.&lt;br /&gt;Ese fue el final de la flota cazonera, no volvieron a salir. Los tripulantes de las lanchas que le ganaron a las aguas no se embarcaron nuevamente, cambiaron de oficio.&lt;br /&gt;Se terminó esa tarde el negocio del aceite de hígado y los dolientes, ahora, vuelven cada septiembre a este lugar de la costa. Arrojan flores al agua y lloran sus muertos.&lt;br /&gt;Y el mar siguió igual, del mismo color, con el mismo sonido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Vos no te creas que la vida es solo cosas concretas…, la vida también es lo que uno piensa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;Si, ya lo creo le decía yo, todo ese tiempo que se está en silencio. Y el asentía subiendo y bajando el mentón, apenas.&lt;br /&gt;Le pedí una ginebra buscando enjuagarme lo que sentía en la boca y el Flaco tardó en servirla, tardó y miraba ese lugar del horizonte que pasa como una línea por la ventana, donde en el fondo crecía la mancha oscura de una tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No vale la pena sufrir por alguien, el pasar de los días es solo una pesadilla y nosotros nos movemos adentro, dije.&lt;br /&gt;Después alejó la botella y entre los dos solo quedo el mostrador, la copita de ginebra y nuestro silencio.&lt;br /&gt;Sobre la bordaleza esconde el cuello entre las plumas y duerme la gaviota que el bolichero crío guacha desde que era un pichoncito.&lt;br /&gt;Le acerque una mano buscando enojarla y el ave me tiro un picotón, abrió las alas, después saltó desde el lugar donde dormía y en un corto vuelo llegó hasta la puerta, y salió de las sombras del bar caminando hacia la playa a donde el sol pega a pique.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una brisa helada enfermó la tarde.&lt;br /&gt;Castigó en mi cara y mostró que desde el Sur volando sobre el agua estaba el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Mirá…!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Me dice Ibarrita y apunta con el dedo hacia el agua, señala la costa de enfrente donde los médanos avanzan mar adentro y está la baliza.&lt;br /&gt;El sol que huye brilla en la arena y en los pajonales, y se refleja en algo blanco que el mar trae empujando hacia la costa.&lt;br /&gt;El llegar de las olas más grandes lo sacan a la superficie y ahí es cuando resplandece. Parece una madera. Mi acompañante respira resoplando y se mete en el agua agrandando los pasos hacia el lugar que marca su brazo extendido.&lt;br /&gt;No parpadea y sigue con un movimiento de su cabeza el subir y bajar del oleaje.&lt;br /&gt;Al rato, una ola enorme lo saca hasta que toca el fondo de arena y vemos que es un bote. Esperamos con paciencia a que el mar lo tire, golpe a golpe, más afuera para intentar buscarlo.&lt;br /&gt;Lleva pintado un nombre, &lt;strong&gt;Cayetana.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Busque el zaino para que cinche y con unos cabos lo sacamos de tiro cuando el agua me daba a la cintura, el loquito hacia equilibrio arriba de las maderas medio podridas de la proa, abriendo los brazos y sonriendo.&lt;br /&gt;Después el bote quedó en la playa, tirado, como un muerto reciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya entrada la noche en el negocio del Flaco se llenó la mesa grande del centro, se acercaron sillas, se dio bomba al farol. El aire del boliche olía a carne asándose y a humo de leña encendida.&lt;br /&gt;Y eso llama a tomar.&lt;br /&gt;Después el ambiente se fue poblando de voces, graves voces entrecortadas por el viento que a veces se podían oír desde la playa y llegaban hasta el agua como gritos.&lt;br /&gt;El hombre de pelo blanco servía los vasos con la siempre cuidada maniobra de su mano, el líquido oscuro los completaba hasta la mitad, sin golpear el vidrio. Era vino. Negro vino.&lt;br /&gt;De reojo mira como la llamas queman la leña y como la carne gotea sobre las brasas.&lt;br /&gt;Gasta alguna pitada en sostener los ojos fijos en las llamas.&lt;br /&gt;Desde la playa la luz de las ventanas es el único brillo humano entre los médanos. Una referencia. El cielo duerme tras nubes espesas, sin mostrar estrellas.&lt;br /&gt;A unos metros de la puerta, sentado en silencio sobre una cubierta de caucho, de espaldas a las luces que apenas avanzan en la arena, está Ibarrita. De cara al mar.&lt;br /&gt;El mar no se ve, si se siente su rugido.&lt;br /&gt;Ibarrita mantiene los ojos fijos en la oscuridad, y la gaviota duerme en uno de los bolsillos de su saco enorme, el saco mugriento que es su refugio en las noches.&lt;br /&gt;Duerme tranquila, junto a él no siente peligro ni es arisca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Cantá algo Uruguayo..!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Y alguien acerca una guitarra a la mesa y me la deja pegada al pecho, después mi mano izquierda acomoda los dedos en un tono y la hábil puntea, en la voz me sale el canto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Largo sol de la escollera/enfermo se oscurecía/cuando murió Pepe Matta/ alias el Pepe Corvina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Navegaba pescador/el timón a la deriva/la nave nunca volvió/la nave no volvería.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al muchacho sentado fuera del boliche –que mira la noche cuando cubre el océano-, la risa eterna de su cara se le exagera y los ojos le brillan con asombro cuando ve esa sombra que sale del ruido de las olas y se hace más grande.&lt;br /&gt;Se agranda y torpe camina, camina hacia él, hacia el boliche y en silencio, sin dejar huellas que marquen la arena que pisa, cruza frente a Ibarrita y entra al bar del Flaco.&lt;br /&gt;Y adentro es solo otra sombra que se mezcla entre quienes rodean la mesa grande y concurrida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Una sombra lo buscó/bajo la luna amarilla/y se perdió más allá/de la noche sumergida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adiós Pepe pescador/ballenero fugitivo/tatuado en la soledad/anclado en el paraíso.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Y en silencio también, escuchan el último rasguear de la bordona y festejan el final con algún aplauso, algún golpe con la mano abierta sobre la mesa o empinando lo que les queda en los vasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Solo él ve los fantasmas que salen del mar, por eso las historias comienzan con él…, con lo que él dice.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Por eso ríe, pienso.&lt;br /&gt;Por eso quizá, anoche lo vi al loquito en los restos del bote abandonado hablando solo tras su sonrisa, pero como si lo hiciera con alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rumor del mar avanza por la arena, me rodea, y es un viento frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;III&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ibarrita ese invierno se perdió entre los médanos un número desesperante de noches, de heladas noches en la costa, y guiado por su instinto descubrió vagando junto al mar, grutas y cañadones donde guarecerse.&lt;br /&gt;Saboreó la pulpa fresca de la fruta de los manzanos que le crecen al desierto cerca del río como una bendición.&lt;br /&gt;Atendió su hambre con la carne fresca de palomas que en bandadas recorren este extenso continente.&lt;br /&gt;Vagó sin su sombra durante los días de tormenta. Se le hizo familiar el ruido de la lluvia.&lt;br /&gt;Hasta que el olor del océano lo guió de regreso al lugar del incendio, a ese lugar donde había muerto su padre, y no había nada, solo unas chapas enterradas en la arena que el oxido pintó de marrón oscuro y las fue transformando en polvo, y que pronto desaparecerían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El loquito no sabría nunca por que esa hondonada entre dunas le era familiar, él miraba ese espacio de muerte y ampliaba la sonrisa ya formada en el gesto de su rostro, y en los ojos distraídos y exageradamente abiertos se le podía encontrar flotando algún recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grito de las gaviotas, ese canto que se le cuelga al viento, lo llevó hasta la costa, hasta una playa donde dos hombres arrastraban un bote de pesca fuera de las aguas.&lt;br /&gt;Dieron vuelta un tambor que sacaron con esfuerzo de la embarcación y al volcarlo se formó una pila resbaladiza y brillante de pescadillas que aún coleteaban sobre la arena.&lt;br /&gt;Ansiosa la bandada se acercó al bote planeando a baja altura, gritando y dejándose sostener con las alas abiertas por el viento.&lt;br /&gt;Ibarrita se sentó a unos metros de los pescadores que diestramente evisceraban y decapitaban su cosecha arrojando los restos al agua que llegaba ola tras ola.&lt;br /&gt;El grupo de aves lo fue rodeando, sin temerle, cual si fuera uno más de la bandada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al abandonar la playa los hombres que solo hablaban entre ellos, dejaron en las manos supinas del loquito dos peces limpios.&lt;br /&gt;Él les sonrió agradeciendo.&lt;br /&gt;Una de las gaviotas caminó hasta el muchacho sentado y de un salto se paró en su rodilla haciendo equilibrio con un aleteo.&lt;br /&gt;Ibarrita le ofreció una cabeza de pescadilla y el ave de un picotazo vació el ojo siempre abierto del pescado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer caminó con dificultad la distancia que separa la puerta de entrada y el mostrador del boliche. El aire esta mezclado aun en vahos de alcoholes y ese olor penetrante que dejan los pescadores al comer.&lt;br /&gt;Se desplaza ayudada por una rama de sauce que usa de bastón, le faltan los dedos de un pie que lleva envuelto por una media de lana y calzado en una alpargata.&lt;br /&gt;El otro parece entero y en el se apoya para avanzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seducida al principio por el ave parada sobre el tonel de madera, se entrega al silencio de observarla sin moverse, luego se atreve a acercarse para ver mejor y la gaviota cambia de posición la cabeza, en un único movimiento la enfrenta con el pico amarillo y brillante.&lt;br /&gt;La mujer se planta en misteriosa actitud de ritual, sin notarse en ella algún gesto.&lt;br /&gt;Viste ropas negras y gastadas. Le cubre la cabeza un pañuelo blanco atado bajo el mentón.&lt;br /&gt;Tiene rostro, porte y maneras de campesina.&lt;br /&gt;Queda parada a cierta distancia del ave. No la toca, como pretenden hacerlo tantos parroquianos que llegan a la costa. No intenta tantearle con la mano su cabeza esquiva, ni acariciar la lisura perfecta del plumaje.&lt;br /&gt;El ave vuelve su cabeza, indiferente, y la mujer busca una silla donde derrumbarse.&lt;br /&gt;El Flaco le ofrece agua fresca que deja junto a ella en la mesa.&lt;br /&gt;Bebe usando las dos manos para sostener el jarro y agradece con una voz gastada. Sombría.&lt;br /&gt;El bolichero corresponde con una leve inclinación del cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junté hojas y ramas de tamariscos secos que el viento amontonó en los reparos de atrás del boliche.&lt;br /&gt;Ibarrita me ayudaba con las manos sin hablarme, le di el rastrillo y él termino de hacer la pila, dejando alrededor solo la arena surcada por los dientes de la herramienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Prendéme…!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Me dijo, y le encendí un papel arrugado que venia retorciendo entre las manos. Lo puso rápidamente bajo la parva de yuyos y ramas secas, y se alejo hasta quedar a mi lado.&lt;br /&gt;Creció una pequeña nube blanca desde el fondo de las ramas, el humo creció hasta jugar por todos los rincones del patio y ahí fue cuando estallaron las llamas y el calor rojo amarillo de sus múltiples lenguas nos llego a la piel.&lt;br /&gt;El muchacho estiro el cuello y busco con la nariz el humo que fue desapareciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Te gusta el humo?&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; Le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me contesto que si, sonriendo y moviendo la cabeza muy rápido de arriba hacia abajo.&lt;br /&gt;Las llamas con pequeñas explosiones se fueron terminando, con el rastrillo le agregaba los restos de ramitas que quedaban en los bordes y el fuego crecía de nuevo, pero con menos fuerza, hasta ser solo cenizas.&lt;br /&gt;Después se sentó a mi lado, se refregó los ojos y miró seriamente como prendía un cigarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Ese es el pibe mío?,&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; preguntó la mujer al bolichero mirando por la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, comenzada la charla, el Flaco se enteró por boca de la viuda lo que pasó en la casilla esa madrugada maldita en que murió Ibarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Él mismo le dijo a la mujer que lo atara a la cama y quemara el rancho…&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en el rostro a mi amigo le fueron reventando todas las arrugas, y en el rostro le crecen las sombras y las noches en vela y la piel es del color del pucho que está armando hasta que moja con su lengua roja el borde del papel, prolijamente moja el papel con el que termina de envolver el tabaco y lo queda sobando entre cuatro dedos, dándole forma, con las manos juntas.&lt;br /&gt;Lo mira, lo lleva a sus labios entreabiertos -que lo aprietan apenas- y lo enciende luego del estallido del fósforo que explota entre sus dedos cuando golpea contra su palma, donde esconde la caja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Ella, confesó aquí, tomando agua.., antes de irse!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El Flaco contaría muchas veces esta historia, repitiendo la misma afirmación, los clientes habituales o la gente que anda de paso sabrían el tono justo con que él escuchó la confesión de la asesina, repitiendo lo que él sentía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Nadie le creyó.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El inmóvil frío del mar, afuera, escarchaba con algún instrumento silencioso los charcos que quedan en la sombra y la arena mojada.&lt;br /&gt;Esa noche se nos mezcló el insomnio y quedamos solos con la lámpara de querosén encendida mientras un silencio inmenso cubría los cielos, la tierra y las aguas. El boliche débilmente alumbrado, permanecía como un animal descansando en la playa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Me dijo que lo tenía adentro y que de esa forma todo terminaría.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Tomé un sorbo y lo interrogué entrecerrando los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;- Que tenía el diablo adentro, y ella le creyó…!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Dijo el Flaco y la puerta retumbó con los golpes de alguien llamando, se nos heló la sangre, pero fui a abrir con la lámpara en la mano, mi compañero de bebida manoteó un palo y me miro caminar hasta la entrada.&lt;br /&gt;Corrí el pasador y el portón de madera se abrió solo empujado por el viento, atrás estaba Ibarrita, sonriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Dedicado a mi amigo Raúl Artola)&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(2008)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-8243277660221568831?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/8243277660221568831/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=8243277660221568831' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/8243277660221568831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/8243277660221568831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2008/04/ibarrita.html' title='Ibarrita'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SBkJNJpHEhI/AAAAAAAAB9s/5LTWnRcxn-M/s72-c/GaviotaNieve.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-6256066983085565391</id><published>2008-03-04T01:03:00.001-02:00</published><updated>2008-03-04T01:08:43.231-02:00</updated><title type='text'>Una mujer desnuda en el Sur de Tenerife</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R8y9BBlTLtI/AAAAAAAABug/QxWdFaqQKQw/s1600-h/AzulHernandez.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5173717897244258002" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R8y9BBlTLtI/AAAAAAAABug/QxWdFaqQKQw/s400/AzulHernandez.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Ahora sin verlo, en el recuerdo,&lt;br /&gt;en la tarde tajeada por el sol,&lt;br /&gt;el mar se aparecía temible y azul, y en lo distante, en lo lejano,&lt;br /&gt;ese azul se perdía dentro de sus ojos,&lt;br /&gt;de mirarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en el pelo,&lt;br /&gt;en la grácil catarata desprovista de colores (que goteaba emergida),&lt;br /&gt;se apoyaba la arena,&lt;br /&gt;que es agua ausente,&lt;br /&gt;y es un silencio (para siempre).&lt;br /&gt;La plena concepción del azabache.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ausencia (esa suerte de agujero en la materia),&lt;br /&gt;era el negro.&lt;br /&gt;De su pelo rezumante, recién empapado,&lt;br /&gt;y el dibujo del viento en el agua.&lt;br /&gt;(y la Calima,&lt;br /&gt;el polvo del Sahara, suspendido sobre el mar.&lt;br /&gt;Como niebla)&lt;br /&gt;Coronando el espacio ligero, sutil de la cara,&lt;br /&gt;Y los ojazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los restos de la luna le caían al barranco,&lt;br /&gt;la edad nos llovía sin mojarnos.&lt;br /&gt;La niña jugaba en el desierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mar,&lt;br /&gt;el miedo del azul, es como el cielo.&lt;br /&gt;Pero abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de pronto,&lt;br /&gt;a duras penas, en la sed que quema,&lt;br /&gt;hoscamente en el fondo (el oleum pretiosum se impregna de esmeralda).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transitando la piedra,&lt;br /&gt;en el pómulo rudo del que se aleja,&lt;br /&gt;doliéndole el color de la piel calcinada.&lt;br /&gt;Se marcha el forastero.&lt;br /&gt;La perra soledad se meterá en su lecho,&lt;br /&gt;se encarnará en su lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es un solo hombre.&lt;br /&gt;Hoy sin amigos (los que lo esperan cuando cruza mundo).&lt;br /&gt;No se que formas extraña,&lt;br /&gt;que formas le duelen en las manos,&lt;br /&gt;que ceremonias ya no necesita,&lt;br /&gt;las lleva grabadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre solo, (ahí va, con sus pobres huesos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiere estar de una vez en el día siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-6256066983085565391?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/6256066983085565391/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=6256066983085565391' title='34 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/6256066983085565391'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/6256066983085565391'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2008/03/una-mujer-desnuda-en-el-sur-de-tenerife.html' title='Una mujer desnuda en el Sur de Tenerife'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R8y9BBlTLtI/AAAAAAAABug/QxWdFaqQKQw/s72-c/AzulHernandez.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>34</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-7345709680463229611</id><published>2008-02-20T21:11:00.002-02:00</published><updated>2008-04-13T21:29:07.289-03:00</updated><title type='text'>Ver llover</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SAKlOvSG2PI/AAAAAAAAB20/CyF_5IJhzqg/s1600-h/Gotas.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188891393313396978" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SAKlOvSG2PI/AAAAAAAAB20/CyF_5IJhzqg/s400/Gotas.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El entrecierra los ojos y mira la calle desde las penumbras del bar, e ingresa en una modorra inevitable, como cuando lee esos extensos monólogos de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Cortazar&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; en los que le habla a un personaje y le da detalles de sus silencios, de sus sueños o de por que alguien es tan estúpido.&lt;br /&gt;Casi se dormía cuando la vio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se noto en el movimiento de algunas cabezas, al acomodar el cuello a una nueva posición fija. Cuando el cuerpo se sorprende pero disimula, o en esa duda que aparece cuando un par ojos confundidos se miran de frente, y los párpados titubean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella tiene una feminidad agobiante para ese grupo de hombres que escapan al frío de la tarde y a sus infiernos privados, y murmuran cortas frases -algunas indescifrables- entre ellos, con unos cartones pintados en las manos, a los que pensativos van arrojando sobre la mesa de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre que solo mira por la ventana ve el aura que la rodea y se queda pensando en que algunas mujeres son perfectas, al mirarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso fue, pero nadie escucho el sonido de los pasos de la muchacha que entraba al bar. Si la admiran deslizarse iluminada por el reflejo anaranjado que la puerta abierta deja pasar sobre las baldosas recién barridas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien acomoda la garganta por si necesita la voz, pero nadie dice nada, ni se prueba de la bebida, ya servida en los vasos.&lt;br /&gt;Solo se respira en silencio, se espera.&lt;br /&gt;Nadie habla y quizá en esa ausencia de sonidos se nota la sorpresa de una mujer entrando.&lt;br /&gt;Y notable es también el evitar de los ojos que miran los naipes o las manos, y la ausencia, ahora, de cualquier descaro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la muchacha se ve a una persona sana, de caminar resuelto y destino encontrado, con el cabello negro y algo corto y una gran boca roja, atractiva. No es una cara de llorar, y la fuerza de sus piernas demuestra que de caerse y hacerse daño no se detendrá a quejarse.&lt;br /&gt;No se adivina una mueca de queja en ella, ni de suplica.&lt;br /&gt;Esto es lo que el hombre solo frente a la ventana piensa al verla ingresar y después seguirla por el reflejo espejado del cristal.&lt;br /&gt;Se sabe bella y no lo finge, el había visto muchas mujeres fingir mientras cruzan un boliche de pueblo atestado de sombras negras, masculinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se detiene en el teléfono, llama y continúa con el rostro hacia el piso.&lt;br /&gt;Espera una respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre ahora mira la lluvia a través de la ventana, mira el pasaje tan rápido de las gotas por los espacios oscuros de las sombras, y sus ojos las pierden de inmediato entre otras miles que igualmente pasan por ese fondo oscuro de sombras para caer en los charcos.&lt;br /&gt;Muriendo en la superficie de los charcos, y hacer que el día tenga esa imagen de tristeza.&lt;br /&gt;El diario abierto sobre la mesa lo detiene en un párrafo: &lt;strong&gt;“Según el Informe Europeo sobre Adicción al Consumo, el 15 por ciento de la población es adicta al consumo y un 46 por ciento de la juventud compra en exceso…”&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien responde, por que el pelo corto, oscuro, de la muchacha gira, y los ojos brillan y los labios rojos se mueven, imperceptibles se mueven.&lt;br /&gt;Y los ojos brillando miran el piso barrido del bar, mientras los labios hablan, son frases cortas y los espacios de espera más largos y tristes, como la lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el se ve respondiendo esa llamada –le suena en la cabeza-, mientras observa a través del vidrio sentado en la mesa junto a la ventana, y siente el impulso de colgar el teléfono y salir corriendo cuando ella habla y lo interroga con esos ojos que ahora lo enfocan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se hace una pausa.&lt;br /&gt;Se escucha decir -haremos lo que vos quieras-, y las manos al hombre se le pegan entre ellas sobre el diario, como si el teléfono –caliente- estuviera allí, entre sus palmas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y los ojos se cierran y los labios dicen chau, lo puede leer en el movimiento rojo de los labios que se separan y luego se juntan formando un pequeño hueco redondo entre ellos, como preparados para un beso.&lt;br /&gt;Cuelga el teléfono, lentamente cuelga el teléfono, completando una caricia al aparato y el solo en su mesa, frente al diario -a diez metros de ella- suspira aliviado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora el rostro de la mujer se dirige al espacio que la separa de la puerta de salida, con el gesto de una decisión tomada. Y los párpados ya son grises y huyó la lozanía, los labios se afinaron y oscurecieron.&lt;br /&gt;Son violáceos y el aura naranja de la luz se perdió también con las nubes de tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir a la calle se cubre el cuello con las solapas del abrigo y él la mira incómodo, mira como el agua la moja, y mira como ella apura sus pasos y se aleja.&lt;br /&gt;Y la lluvia que crece oscureciendo la tarde, le baña el rostro simulando lágrimas, pero desde su lugar en la ventana el hombre a ello nunca lo vería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos hombres sufren actualmente la tragedia de un matrimonio infeliz, en general se van –se separan-, pero entre los que llevan adelante esta odisea de sufrimiento están los que no se animan a terminar y prolongan la agonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre que ahora despacha desde atrás del mostrador termina de cortar con la maquina doscientos de crudo, algo gruesitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Le corto un poco de queso, Adolfo?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Adolfo es un buen cliente y un buen vecino, y en el aspecto de su rostro y de su figura se puede leer -como en un actor de calidad- la tragedia del esposo que tolera el daño permanente de un casamiento inadecuado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adolfo le dice que si con la cabeza pero no habla.&lt;br /&gt;El hombre que ahora corta queso de maquina y las fetas que apoya sobre el film de polietileno con que cubrió el jamón parecen de plástico, dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Doscientos también?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Está hecho de la estofa con que se fabrican los mejores cornudos, piensa el hombre que atiende.&lt;br /&gt;Recordando un texto de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Arlt.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cuando ella ingresa a la rotisería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba ella nuevamente, ahora del otro lado del mostrador de su negocio, junto al gordo vestido de jogging que espera le termine de cortar el fiambre para volver al calvario de su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el disco metálico que gira, que avanza cizallando la horma de queso se le dibuja la última imagen de esa tarde de lluvia que leía el diario en la mesa del bar, junto al ventanal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella tiene el rostro iluminado y la frescura de estar recién bañada, aún con el pelo mojado. Lo mira con una sonrisa que solo aparece en sus ojos y no dice nada, continua observando la estantería de los vinos, como quien conoce del tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Esto es todo lo que tenés en vinos?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Interroga hablando sola y prolonga la última “ese” como si jugara con ella dentro de la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien con precisas maniobras acomodaba las fetas que la maquina va cortando no responde, pero queda observando su perfil abstraído con el gesto de leer los precios y piensa, evitando cortarse un dedo, que es bellísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adolfo sale del boliche saludando, con el paquetito de fiambre agarrado con las dos manos y una botella de soda bajo el brazo.&lt;br /&gt;Rumbo a su calvario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Chau, que te sea leve!, no hagas locuras después de tomar…&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Responde el hombre alto con el pelo gris plateado y la melena cortada estilo &lt;strong&gt;&lt;em&gt;“Comitas”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; y se acerca, aun risueño, a donde ella mira la estantería de los vinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Si, en que le puedo ser útil señora?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ruega en silencio que se de vuelta, para disfrutar de su cara perfecta y de sus tetas, aún ocultas por la campera con el cierre apenas abierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Algún vino de Chandón?, no tenes?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Si, cual desea usted, señora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me llames señora, Clos…Clos du moulin?, puede ser?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puede ser…&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Y desaparece por la puerta que esta detrás del mostrador entre las tiras plásticas de la cortina que estallan a su paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresa trae una botella en cada mano, del vino que ella menciono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-No lo tengo en la góndola por que es de consumo personal, es el vino que yo tomo…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dijo mostrando las botellas y sonriendo. Confidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-No me diga que compartimos el gusto de saborear esta única mezcla de varietales?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Agregó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella toma entre sus manos una de las botellas, la mira, entrecierra los ojos como forzándolos a leer letras muy chiquitas, después la deja sobre el mostrador y baja con un movimiento felino el cierre de la campera hasta donde este termina.&lt;br /&gt;Las tetas saltan en dirección al rotisero como dos bochas que quieren salir de una bolsa que se rompe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Me quiero morir!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Piensa él, casi en voz alta. Tanto, que ella se lo leyó en los ojos padecientes de miopía y astigmatismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-No, me lo recomendaron y quería saber cual era…!, cuanto sale?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El hombre alto que la miraba sin parpadear meneo la cabeza y espetó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Lo lleva, lo prueba…y después me dice…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nooo!, por favor, ni hablar…!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Gimió la mujer, y al contraer los músculos del abdomen las gomas subieron y bajaron perfectas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Disculpeme señora, pero este comercio tiene alguna pautas de comportamiento con su clientela, y creo esta es una forma de bienvenida a alguien nuevo en el barrio…!, lo lleva y lo prueba…después me informa si es de su gusto.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ella le muestra una de las mejores sonrisas que el vería en su pasaje terrenal, después le pide una botella de agua mineral sin gas y unas servilletas de papel. Paga con monedas y sale del negocio exponiendo un culo también inolvidable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Quien te dejó con esa cara de baboso…?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Le pregunta asomando su figura por la puerta con la cortina de tiras plásticas, quien vive con él, muy a pesar de él y que posee actitudes militares en el trato, especialmente cuando se dirige a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rotisero mantiene una imagen dibujada en su retina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Como clavaría ahí mi banderita, como hicieron los yankis con la luna…&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Piensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Alevosamente…!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(2008)&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-7345709680463229611?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/7345709680463229611/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=7345709680463229611' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/7345709680463229611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/7345709680463229611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2008/02/ver-llover.html' title='Ver llover'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/SAKlOvSG2PI/AAAAAAAAB20/CyF_5IJhzqg/s72-c/Gotas.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-977823532893512860</id><published>2008-01-14T21:44:00.001-02:00</published><updated>2008-06-07T01:00:05.434-03:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R46X7yc_ogI/AAAAAAAABJ0/K_3k2i_hoyo/s1600-h/bARtERMINADO.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5156225676797256194" style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center;" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R46X7yc_ogI/AAAAAAAABJ0/K_3k2i_hoyo/s320/bARtERMINADO.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R46Xsyc_ofI/AAAAAAAABJs/gDcWkxgwIfE/s1600-h/BAR1MontaDO.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-977823532893512860?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/977823532893512860/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=977823532893512860' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/977823532893512860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/977823532893512860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2008/01/el-bote.html' title=''/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R46X7yc_ogI/AAAAAAAABJ0/K_3k2i_hoyo/s72-c/bARtERMINADO.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-440422053847989766</id><published>2008-01-03T22:17:00.002-02:00</published><updated>2008-06-07T01:01:20.156-03:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R317-WyJHNI/AAAAAAAABGY/RaKH4HH4HDM/s1600-h/DSC05095.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5151409859979713746" style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center;" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R317-WyJHNI/AAAAAAAABGY/RaKH4HH4HDM/s400/DSC05095.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-440422053847989766?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/440422053847989766/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=440422053847989766' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/440422053847989766'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/440422053847989766'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2008/01/ibarrita.html' title=''/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/R317-WyJHNI/AAAAAAAABGY/RaKH4HH4HDM/s72-c/DSC05095.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-1168981863417404368</id><published>2007-11-09T12:48:00.000-03:00</published><updated>2007-11-09T12:51:22.058-03:00</updated><title type='text'>El secreto de las cuatro de la tarde</title><content type='html'>&lt;span class="pt"&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="pt"&gt; El viejo esta solo sentado en la cabecera de la mesa, solo y sentado casi inmóvil en la mesa preparada para el almuerzo y en silencio lustra una cuchara con la servilleta que tiene colgando del cuello cerrado de la camisa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; A la sala la ilumina la claridad de un día de verano que ingresa por el ventanal y la luz que entra perforando el cortinado hace que la cuchara brille como el oro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Para comprobar la perfecta limpieza del metal el anciano se acerca la cuchara a los ojos y los entrecierra, luego con un movimiento de la mano la hace girar y la examina en su totalidad, para terminar la ceremonia apoyándola con cuidado sobre el mantel, junto al plato. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Después me mira con ternura y golpea con los dedos de su mano abierta la silla vacía que tiene a su lado. Frota los dedos en el asiento y esos pequeños golpes son los que terminan con el silencio. Me siento junto a él, apoyo una mano a cada lado de mi sitio en la mesa y acerco mi rostro, y en el brillo del fondo del plato vacío veo como mi aliento lo empaña, cada vez que brota de mi boca abierta al respirar, mi aliento apaga el brillo, que le crece de nuevo al fondo del plato si no respiro. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Él sabe que lo observo y hace -como un mago ejecutando su acto preferido- un nudo doblando con cuidado la servilleta, un nudo como el que se hacen a las corbatas, me mira, sonríe y los dos continuamos en silencio esperando que se sumen los demás comensales.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; El aroma de la sopa se mezcla con los rayos del sol que le ganan al cortinado y a los árboles y se meten al comedor como mágicas ráfagas de luz, y entre ellas se mueve el vapor que formando dibujos gira, gira y sube desde la sopera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; El cucharón entrando y saliendo de la sopera y la mano de la abuela sirviendo cada plato generan tormentas que la luz penetra pasando del amarillo al blanco para invadir el comedor con tinieblas que huelen a verduras. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Los anteojos de ella se empañan entre una nube caliente, pero no deja de servir mientras la mesa se va poblando entre cuchicheos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Yo no quiero sopa pero igual me llena el plato de arriba, el más hondo. Acerco la cuchara hasta dejarla al ras del liquido, donde flotan verduras y pequeños fideos con forma de estrellitas, dejo que se moje con la nube caliente y luego sin ganas la sumerjo y dejo durmiendo en el fondo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; El viejo -quien bendice el caldo con un pequeño chorro de vino- penetra el liquido con su cuchara impecable, lo hace con movimientos simétricos y la lleva a su boca sin perder una gota luego de soplarla unos segundos en el camino, me mira y dice –apura que se enfría- y yo muevo la cabeza asintiendo pero no la cuchara, la cuchara sigue dormida en el fondo entre los trozos asquerosos de verduras que navegan al garete el mar de mi plato.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Mis abuelos tienen pensionistas en la casa, son maestras jóvenes que vienen de otras provincias a trabajar en las dos escuelas que tiene el pueblo. Conviven con ellos generalmente hasta que encuentran pareja y se casan, o regresan a su lugar de origen. No recuerdo a ninguna que haya quedado soltera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Las pensionistas tienen su dormitorio en la habitación que da a la calle, la habitación que da al sur, desde donde sopla el viento acarreando el frío y ese leve polvo que todo lo cubre, lo ensucia, y en silencio va tapando el caserío y a la gente que allí vive. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Cuando me toca en suerte alguna de ellas de maestra en mi grado sufro, en realidad prefiero no tenerlas, y mi sufrimiento pasa por la información que llega a mamá de mis andanzas en la escuela y aparte me da no se que verlas en lo de la abuela así, de entrecasa, sin el guardapolvo o hablando entre ellas mientras toman mates, o comiendo al lado mío en la mesa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; A veces me mandan a traer agua y salgo con el balde blanco enlozado, impecable y antes de sacarla me asomo al hueco del pozo a mirar el otro balde –el de lata- que nada quieto, como apoyado en un espejo y a sentir el olor fresco que viene desde el fondo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; En el espejo redondo del agua durmiendo en el fondo del pozo está el cielo brillando y el balde clavado en ese cielo, hasta que tiro la soga y el celeste del cielo estalla, estalla en el agua rompiendo por la salida del tacho lleno, chorreante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Ellas hablan, hablan y juegan al rumy. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Ellas son mi abuela y la señora de anteojos que es enfermera y viene a curarle el pie al viejo. El viejo tiene el pie enfermo por eso usa zapatillas de paño y a veces acarrea mal olor por donde pasa. La señora de anteojos trae sus cosas, su instrumental, en un maletín negro que lo saca del portaequipajes de la bicicleta y lo deja sobre el sillón del living. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; El anciano en silencio espera sentado en la cama con los pies dentro de una palangana, ahora entre el olor a espadol y las penumbras de su habitación. Y mira sin ver sus valles asturianos y sus ojos, sus grises ojos brillan como una lágrima intacta, y al estar abiertos, ya solo con estar abiertos son un acto de bondad. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; A ellas las absorbe la timba.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Me aburre escucharlas y me voy al galponcito a jugar solo y a hojear las revistas que me acechan prolijas y apiladas, pero que el tiempo fue poniendo amarillas y la misma tierra que el viento despierta les hace una mortaja de una fina arena temblorosa a los soplidos. A mis soplidos, cuando las saco a la luz del día y les hago aparecer los colores de la fotografías que tienen en las tapas entre nubes de polvo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; El gato no entra a la casa, la abuela no lo deja –con un gato sobra, dice- y el bicho ronda por los techos y la leña apilada, pero el hambre lo hace más manso e indefenso, por eso pude rodearlo con el cinturón de tela y dejarlo inmóvil dentro del manguito del tensiómetro. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Luego comprobé el poder de la fuerza del aire que expulsaba mi mano al apretar la pera de goma. No emitió el mínimo sonido pero cuando afloje la perilla metálica y el aire salió soplando el animal estaba muerto y tenía sangre en la boca.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Lo enterré detrás de la leña del patio del fondo con el sol quemándome la cara y odiando que la muerte fuera tan fácil. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; El maletín de la enfermera quedó como si nadie lo hubiera tocado y yo me fui sin saludar, tal cual quién se va apurado. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;-Vos te animás...! &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Aseguraba el Chingo, y los demás lo escuchaban en silencio. Con el dedo había apuntado a Fastidio, entre ceja y ceja.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;-Es fácil...!&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Fastidio hizo un gesto de esconder la cabeza entre los hombros y entrecerrar los ojos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Estaba mudo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Fácil para él, pensaba yo, que es más grande y es chorro. Pero para nosotros no, para nosotros las pelotas. A mí ya me comenzaba el cagazo. Que es como un dolor de panza y ganas de salir corriendo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Si me agarran adentro, o se entera mi vieja no puedo volver a mi casa y tengo que dormir en el patio, o después sin comer y a la cama de por vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;-Yo no puedo entrar, por que no paso por el agujero del alambre...!, soy muy grandote...!&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Decía el Chingo, y  se agarraba la barriga que la tenía redonda como un globo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;-Es para uno de cuerpo chiquito, como ustedes...!, y que corran ligero...! &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Y nos seguía mirando a Fastidio y a mí, sentados uno al lado del otro. El Chingo nos quería convencer y nosotros poníamos cara de giles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;- Para  pendejitos...!, como ustedes...!&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Repetía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Todos sabían que a él lo llevaron en cana. Un robo de noche, de los que hacen los grandes, pero que lo habían agarrado por una boludez. En el Club escuché a unos decir que si hubiera sido más inteligente no lo agarraban ni de pedo, -pero que ese además de chorro es tarado-, también decían. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Parecería que si no fuera por las boludeces se podría afanar descaradamente, y nadie decir nada.  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Y yo pensaba de que vivirían los canas si no descubrieran los robos, y salvaran a la gente buena, si ya sé, como dice el “Turco” estafetero de la trocha, esos afanan más que los chorros. Pero yo pensaba que difícil debe ser decirle a un policía que es ladrón -quien se anima-, nosotros apenas los vemos, cuando estamos jugando a la bolita, rajamos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Nunca nadie me dijo por que no podemos jugar a las bolitas en la vereda, que tiene de malo. Pero igual ni lo pensamos, al primer grito de que viene la cana, juntamos rapidito las tiradoras cada cual agarra la suya de la troya sin avivadas, y a rajar. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Después partido nuevo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Si no te las sacan, y no las ves más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; De lo que nunca me voy a olvidar es de un boloncito celeste que tenia de puntera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Me lo había regalado la Abuela. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Era apenas un poquito más grande que las otras bolitas, las normales, pero de las importadas. Con un molinetito de colores adentro que la dividía como en los gajos de una mandarina. Me calzaba justito entre los dedos. El molinete de adentro era todo celeste, yo me lo ponía delante del ojo y lo hacia girar entre los dedos mirando el sol. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Así recuerdo el patio de la casa del ferrocarril, la casa construida de durmientes de quebracho, a través del vidrio de mi bolita tiradora girando entre el celeste. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; La casa donde nací.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Esa tarde, el cana dobló en la esquina tan rápido en su bicicleta, que cuando me di vuelta ya lo tenía encima y me quedé tieso, no atiné ni a correr a mi casa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Para mí fue una emboscada planeada por el turro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Me pidió las bolitas que ya había guardado en el bolsillo, y si, esa si que fue una boludez y también me cagué hasta la patas, y se las di. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Creo que es a una de las personas que más odié en mi vida. Milico aprovechador, me dieron ganas de gritarle, pero de nuevo me cagué, y no le dije nada. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Lo odié y me fui para casa. Miré como él cana se iba en la bicicleta, no sé si sonriendo, me repugnaba hasta mirarlo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Se llevaba la celestita. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; La cara me hervía, seguro la tenía colorada como un tomate y apretaba los dientes, pero no lloré. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; No le voy a dar el gusto al hijo de puta, pensaba. También pensaba en mi punterita y la extrañaba en el bolsillo, extrañaba el peso que sentía en el bolsillo cuando corría y la tenía a ella durmiendo en el fondo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Era como una parte mía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;- Uno de nosotros le golpea la puerta de la calle..., y cuando la vieja sale a atender...., vos te mandás por el alambre roto y te traés el fulbo que el hijo dejó en el fondo...! &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Apuntando ahora con la mirada hacia una pelota de cuero, que dormía la siesta junto a un tendal de ropa colgada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;  &lt;i&gt;- De acá se ve...!&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Ni lo pensamos, como si viéramos aparecer un fantasma, o la cana mientras jugamos a las bolitas. Salimos corriendo, espantados. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Fastidio le gritaba dando vuelta la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;-         Si querés afanarte el fulbo..., andá vos...! &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Y a dúo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;-         Chorro...!&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Yo recordaba el gato muerto y temía la mala suerte que dicen puede acarrear una muerte así. Pero Fastidio me consuela.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;i&gt;-         Vos como ibas a saber que los gatos se mueren tan rápido?&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; Y si, como podía saberlo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;b&gt;&lt;i&gt;(2007)&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="pt"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-1168981863417404368?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/1168981863417404368/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=1168981863417404368' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/1168981863417404368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/1168981863417404368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2007/11/el-secreto-de-las-cuatro-de-la-tarde.html' title='El secreto de las cuatro de la tarde'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-1085747594925513618</id><published>2007-09-06T18:46:00.000-03:00</published><updated>2007-09-08T01:18:38.237-03:00</updated><title type='text'>Aullidos</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RuB2UeOka1I/AAAAAAAAArg/ZubSmCRLVIw/s1600-h/Fobal+Yami4.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RuB2UeOka1I/AAAAAAAAArg/ZubSmCRLVIw/s400/Fobal+Yami4.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5107212071521774418" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De mi viejo tengo un solo recuerdo. Es como una visión, como la parte de una película, como una escena se dice?. &lt;br /&gt;Saco cuentas comparando la altura de mi hermana –que es a quien tengo más nítida en ese sueño- y debo tener cuatro años, por que vivíamos en esa habitación con dos camas y la mesa grande de fórmica con patas de caño estaba junto a la puerta de entrada, que daba a la galería, adonde daban también las puertas de las otras piezas, y donde vivía otra gente. &lt;br /&gt;Gente grande, en ese caserón que compartíamos el baño y la cocina, eran todos grandes, salvo mi hermana y yo. Si, yo era el más chiquito y me metía por todos lados. Algunos me ofrecían una torta frita o un pedazo de pan mojado en una olla, sobre todo las mujeres que se quedaban solas durante el día y cocinaban. &lt;br /&gt;Que ojazos que tenes guachito, me decía la vieja gorda del frente –siempre vestida de negro- la dueña de la casa y aprovechaba para darme un beso. Otros me sacaban cagando apenas me asomaba por las puertas, les molestaba, o si les abría la del baño cuando estaban adentro. Rajá pendejo de mierda me decían, y yo rajaba y me escondía para verlos si asomaban la cabeza para asegurarse que no me quedaba tras la puerta escuchando. &lt;br /&gt;El baño siempre estaba mojado y yo saltaba salpicando en el charco que le quedaba al piso. Cuando me acercaba al balde que tiraban los papeles arrugados al lado del inodoro, era mamá la que me decía rajá. Eso no se toca. No iba a la escuela, por eso también creo que andaba por los cuatro y mi hermana ocho años. Justo el doble que yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi viejo era como una sombra oscura que entraba por la puerta y tapaba la luz de la galería. Todos nos quedábamos en silencio cuando llegaba, hasta mamá que bajaba la cabeza terminaba de planchar apurada y ponía el mantel y los platos en la mesa, mientras él se sacaba la gorra enorme del uniforme, el cinturón con la reglamentaria –a la pistola le decía la reglamentaria- y la chaqueta azul y lo iba acomodando arriba del ropero. &lt;br /&gt;Cuando el llegaba la habitación se inundaba de olor a tabaco, era el olor de él. Yo lo miraba desde atrás de la mesa, que me llegaba justo a la altura de los ojos, así que me ponía en puntas de pie y lo miraba. Él no hablaba, así que nadie hablaba. Después salía al baño y cuando volvía la comida ya estaba en la mesa y nosotros sentados frente al plato. Comíamos, se enojaba con mi vieja si no le alcanzaba el vino o si el guiso estaba frío y se acostaba y al ratito ya roncaba. Daba miedo como roncaba parecía que iba a reventar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es todo lo que recuerdo de esos años, y de él. Después ya me veo solo con mamá y mi hermana en la época de ir a la escuela. De entrar al baño que siempre tuvo el piso inundado - siempre, siempre que lo recuerdo- y en invierno era escarcha lo que cubría el cemento del piso junto a la rejilla, pero yo ya llegaba al espejo, me veía aunque en puntas de pie y me peinaba para atrás, con jopo. De jugar a la pelota con guardapolvo en los recreos, de la nieve mezclada con barro, de los pies helados. De las peleas por que me decían: hijo de milico chorro. De mi vieja llorando, de mi hermana con panza - vas a tener un sobrinito me decía la gorda del frente- y comíamos solo de noche. &lt;br /&gt;Después la noche era una desesperación de perros aullando y de viento escapando por las calles, con ese rumor a fantasmas que tiene el viento, y que para asustarme juega entre los postigos y los hace golpear como un zumbido que quiere entrar y meterse en mi cama.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;A veces cuando decido contar a alguien esta parte de la historia siento que me toca una mano invisible, una mano que quiere cerrarme la boca, callarme, algo que me frena en ese momento cuando me detengo en el piso mojado del baño. Esa noche helada. &lt;br /&gt;Esa noche que encontré a la dueña de la casa, a la del frente, vestida de negro y a oscuras sentada en el inodoro, inmóvil. En silencio. Y sin encender la luz le veía las carnes blancas colgando, cubriendo el asiento, sus carnes gordas gastadas chorreando y la cabeza tirada hacia atrás, apoyada en la pared y el tanque del depósito de agua del inodoro coronando su trono. &lt;br /&gt;Cuando lo cuento también me aparece la desesperación de aullidos, de los mismos perros de siempre. Y la veo ahí a oscuras, con los ojos abiertos. Y me veo yo, que intento abrir la boca para gritar o para decir algo y que no puedo, y el miedo es la oscuridad del baño y el frío de la noche que entra por la puerta abierta pegado a los aullidos, a esos perros lejanos. Y estoy parado en el charco del baño mirando el bulto oscuro, vestido de negro y con los ojos fijos en el techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regreso a la pieza entre las penumbras dejando la marca de mis pisadas con el agua del baño en las baldosas de la galería, regreso y soy un ciego que se guía por los olores tibios de la habitación y no voy a mi cama, el miedo no me deja entrar en mi cama, si en la de mamá que se da cuenta que soy yo y me ofrece un lugar junto a ella, sin despertarse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-1085747594925513618?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/1085747594925513618/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=1085747594925513618' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/1085747594925513618'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/1085747594925513618'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2007/09/aullidos.html' title='Aullidos'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RuB2UeOka1I/AAAAAAAAArg/ZubSmCRLVIw/s72-c/Fobal+Yami4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-5160253315989156776</id><published>2007-08-27T23:45:00.000-03:00</published><updated>2007-08-27T23:51:03.108-03:00</updated><title type='text'>Capiango</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RtONZ-OkawI/AAAAAAAAAq4/vwfQijpcBzg/s1600-h/quiroga.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RtONZ-OkawI/AAAAAAAAAq4/vwfQijpcBzg/s400/quiroga.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5103578280081255170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cerquen, no sean bárbaros…&lt;br /&gt;(D. F .Sarmiento)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buscó llegar como otras veces al boliche. Ahora el camino es un laberinto entre campos ajenos. Entre alambrados, esos guachazos en la cara de su libertad, de no poder encarar la pampa a su antojo. &lt;br /&gt;A su placer.&lt;br /&gt;Ya todo es de alguien en la campaña, lo veía y se lo decían sus ojos. Nada es como antes, le retumbaba bajo el chambergo mientras algún ruido humano le rompía el silencio de andar solo varios meses cara al viento.&lt;br /&gt;Hay que andar como preguntando. Se decía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche cerrada se fue minando de resplandores, de luces parpadeantes, y al solitario rancho blanqueado del boliche lo rodeaba ahora el caserío, y las voces.&lt;br /&gt;De vez en cuando el pecho del azulejo se topa con un alambre y el recule los fastidia, al animal y al jinete, y ya no siente como de él esta geometría de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acercó el flete a palenques concurridos, le aflojó los aperos, sujeto mejor el cuchillo bajo la faja y ya entre luciérnagas y sombras alargadas, encaro la bocanada de ruidos que produce el gentío al abrir la puerta.&lt;br /&gt;Se acercó hasta el mostrador. Fue servido y desapareció en las pocas luces de un rincón donde se quemaban unos palos. Sin hacer llama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Las tropas de Quiroga cuando él decidía una carga, se transformaban en capiangos..., en tigres del desierto!&lt;/strong&gt;Contaba a un pequeño grupo un hombre avejentado y de barba amarillenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Y eran cuatrocientos, cuatrocientas fieras invencibles…, y a la cabeza iba Facundo, el más temido, dejándose llevar por el moro.&lt;/strong&gt;Y miró uno a uno de los que escuchaban con los ojos brillando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;strong&gt; Ese pingo que lo guiaba a la victoria…, a esa victoria que buscó siempre, para no ser esclavo!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El griterío desde las mesas donde una mano pareja termina en “quiero vale cuatro”, no disimula, cuando el viejo casi grita la última frase.&lt;br /&gt;Una bordona rasguea afinando y los distrae.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre las sombras del rincón alumbrado por las brasas, una garra aprieta el vidrio y lleva el vaso hasta los labios del recién llegado.&lt;br /&gt;Apenas, en un resplandor fugaz al encenderse una cerilla se ven brillar los colmillos. Luego quedan al acecho los ojos felinos. &lt;br /&gt;Ocultos. &lt;br /&gt;Se encabritan las bestias en los palenques, alcanzadas por el miedo. Salvo el azulejo, que resopla tranquilo, en el mismo lugar donde duerme la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(2007)&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-5160253315989156776?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/5160253315989156776/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=5160253315989156776' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/5160253315989156776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/5160253315989156776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2007/08/capiango.html' title='Capiango'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RtONZ-OkawI/AAAAAAAAAq4/vwfQijpcBzg/s72-c/quiroga.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-4141866541157194359</id><published>2007-03-16T21:23:00.000-03:00</published><updated>2007-03-20T19:11:57.704-03:00</updated><title type='text'>Sudaca</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/Rfs2VIK5KfI/AAAAAAAAALU/dLo95bJZjc8/s1600-h/CAMILLERO+FIORITO.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/Rfs2VIK5KfI/AAAAAAAAALU/dLo95bJZjc8/s400/CAMILLERO+FIORITO.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5042683944369727986" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 18pt; font-family: Arial;"&gt;Sudaca&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;Una cosa por la que evitaba decirle a Coria, negro de mierda, fue por una frase que escuche una mañana viajando en el tren, y la decía una mina, una morochita muy norteña parecía por el aspecto y la tez, se lo decía a un flaco pálido, melenudo y con cara de no haber dormido por varios días, la guacha a los gritos lo matoneaba aullándole: que me venís a decir indiecita cabeza, vos pelotudo, hijo de inmigrantes europeos que soñás todavía con volver, ahora que allá son ricos, que no se mueren de hambre, y ahora nadie te pasa bola, nadie te reconoce que sos de europa, sudaca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;Y el Negro es cabecita, es tucumano, pero yo le digo negrito con cariño y nunca tuvimos un si ni un no y las cosas andan un violín en el trabajo, por que yo soy de piel clara pero soy sudaca también, hablo como él, laburo con él, me cago en todo el mundo como él, paso el mismo hambre que el Negro Coria, lo único que si a mi me mirás y no me escuchás decís este es italiano o español, o turco quizá, pero no cabecita, y eso es lo que le rompe las pelotas al Negro, que le digan negro roñoso, pero laburando el tipo es de primera, el organiza los itinerarios antes de que comencemos a empujar móvil, así le decimos a veces en joda a camilla, pará repitamos lo que tenemos que hacer así no dejamos nada en banda, al repetir siempre se piensa algo nuevo –me dice- y eso seguro nos ahorra tener que andas haciendo fuerza al divino botón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;Nosotros somos camilleros, desde hace más de treinta años que somos camilleros, entramos casi juntos al hospital y ahí aprendimos a fuerza de puteadas y chocar paredes a manejar la camilla, y a comprender a la gente, a esta gente que nosotros transportamos, que por algo van en camilla, son tipos con problemas, enfermos, algunos hechos mierda, agonizantes, otros con miedo a morirse, con miedo por que los van a operar, o que no saben lo que tienen, asustados y hasta los fiambres llevamos, si tenemos historias con el Negro, carradas de historias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;El siempre se acuerda de la época de los milicos cuando estábamos en la guardia de noche, nos ponía el turro que teníamos de encargado, a veces apoliyabas todo el turno, pero tenia sus cosas, en aquellas épocas se podía encontrar en la guardia cada tanto algún muerto, pero muertos posta digo, que los dejaban a las apuradas los compañeros arriba de una camilla, pensando que los tordos los podían salvar, pero a muchos ya no había nada que hacerle y en eso el Negro Coria la tenia reclara, el podía discriminar con la exactitud de un forense las circunstancias previas al ingreso de cualquier tipo que trajeran así, es decir cualquier muerto, porque hablar genéricamente de muertes muchas veces es confuso, hay que diferenciar en el lenguaje de los tordos que dicen un óbito, o de los canas que se refieren al occiso, de los familiares que hablan de los fallecidos, o de nosotros que simplificamos con lo de fiambre. Estos, algunos estaban hechos fruta, quemados por los cuetazos llenos de sangre por todos lados, pálidos, indiferentes a los golpes, y ya no son ni soberbios, ni boludos, ni suicidas, ni héroes, ni chorros, ni compañeros, son muertos y están muertos y en ellos se puede llegar a alguna lectura de cómo arribaron a esta condición&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;La verdad que estos muertos son en general cosas de la ciudad, es decir de afuera, de la calle, no son tuyos, no son del hospital, pero en esto los camilleros de la morgue son como los arqueros, te llegan y hay que atajarlos, y hacerse cargo así sea uno que saben que esta remuerto, pero te lo tiran igual en una camilla o en el piso y salen a los pedos, para no dejarlo olvidado en la calle, creo que esto es por piedad de los mismos cumpas que estaban con él cuando la ligó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Eso de dejar muertos en la guardia es un poco de hijos de puta, también los tordos se ponen como locos cuando les plantan un fiambre, nosotros pensamos que es de haraganes que no quieren hacer los papeles, y algo debe tener de verdad esto. Ellos te dicen que un muerto siempre es un quilombo, si vienen en un auto o en una ambulancia y se dan cuenta antes de bajarlo que pasó a mejor vida, no se lo dejan bajar, se los tienen que llevar pienso que a la morgue judicial, o a lo de juan pelotas, pero no en la guardia del hospital, ni mamados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;Una noche de invierno, me acuerdo por el comienzo de los ochenta, el Negro se levanto a mear, nosotros dormíamos juntos, en un cuchitril abajo de la escalera que va a los quirófanos en dos camillas reduras, y pasó medio desvelado por la puerta de ingreso a la guardia y vio que habían dejado un tipo sentado en los bancos de la entrada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;El tipo estaba muy quieto, los gatos le andaban por encima y ni se inmutaba, se le acerco y vio que en realidad era un muerto, un viejo de sobretodo mugriento, pelo largo canoso, un viejo flaco -un ciruja seguro- y se dijo: lo parió, me plantaron un fiambre, pero el guacho no se quedó ahí, carpeteó que justo enfrente, en el pabellón de cirugía, había una ambulancia celular de la cana de capital, que había venido a dejar algún preso enfermo, alguno para operar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;La ambulancia estaba sola, posta que los putos por no gastar al chofer lo hacían laburar de camillero y había bajado. Así que se lo cargó al jovato, el Negro tiene una fuerza que te pone una mano y no te levantas por un fin de semana, lo cargó al hombro, y se los deposito a los milicos en el celular, después espero a que se fueran, ni revisaron atrás, se piraron apurados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;Al rato entro en &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;el sucucho adonde dormíamos cagandose de risa, me despertó y me contó el deposito que les había hecho a las fuerzas de seguridad, seguro que los canas no entendían un carajo cuando lo encontraron, como se les subió el muerto a la ambulancia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;Ahí si le decía, sos un negro de mierda, al único que se le puede ocurrir una cosa como esa, es a vos, eso se le ocurre solo a un negro sudaca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;(2007)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/Rfs134K5KeI/AAAAAAAAALM/yBQ9uu_KODM/s1600-h/CAMILLERO+FIORITO.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/Rfs134K5KeI/AAAAAAAAALM/yBQ9uu_KODM/s400/CAMILLERO+FIORITO.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5042683441858554338" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-4141866541157194359?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/4141866541157194359/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=4141866541157194359' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/4141866541157194359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/4141866541157194359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2007/03/sudaca_4283.html' title='Sudaca'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/Rfs2VIK5KfI/AAAAAAAAALU/dLo95bJZjc8/s72-c/CAMILLERO+FIORITO.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-3651950022293052787</id><published>2007-03-03T15:42:00.000-03:00</published><updated>2007-03-03T15:47:24.465-03:00</updated><title type='text'>Timbre</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RenCnTHcUFI/AAAAAAAAAHQ/EIve9NzAgPI/s1600-h/DSC00928.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RenCnTHcUFI/AAAAAAAAAHQ/EIve9NzAgPI/s400/DSC00928.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5037771638592786514" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Leía, sentado en el patio bajo el ciruelo en una tarde perfecta leía un cuento (todos lo días leo un cuento o varios según la concentración que logre).&lt;br /&gt;Leía, cuando escuché el timbre y tomé conciencia de mi posición. Sentado en la reposera con los pies sobre una silla, con el mate en una mano y el libro en la otra, el termo en el piso y el perro dormido a mi lado también bajo la sombra del ciruelo.&lt;br /&gt;Pocas veces alguien toca el timbre a esa hora. Me recorrió -cerrando los ojos- el fastidio de imaginar quien trataba de comunicarse conmigo. Me quedé sentado, pero ya no leía, miraba el sapito que estallando en gotas regaba el pasto recién cortado. Pensé en quedarme así, después de todo no tenía por qué atender a nadie.&lt;br /&gt;Cebé un mate y le rasqué el lomo al perro, me llevo muy bien con él, después de recuperarlo de la calle, esta es una historia larga (los animales también sufren con las separaciones). Tino, ese es el nombre de mi amigo, creo que tiene conciencia de ello.&lt;br /&gt;El timbre insistió en quitarme la paz, en no dejarme disfrutar el mate. Pero de pronto pensé en otra cosa, quizá por la forma de sonar ese aparato. Ese último toque me pareció histérico, al perro también, levanto la cabeza y me miro, ahora comprendiéndome. Podía ser ella, algo en el aire me hizo pensar que podía ser ella quien llamaba, quizá una nube que cubrió el solcito y le cambió el tono al brillo verde del césped, o una leve brisa que movió las ramas, algo fue.&lt;br /&gt;El timbrazo siguiente no me dejó dudas, a Tino tampoco así que se paró y se puso alerta. Le pase la mano por el lomo y se acercó buscado caricias, deje el mate en el piso y seguí leyendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(2007)  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-3651950022293052787?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/3651950022293052787/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=3651950022293052787' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/3651950022293052787'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/3651950022293052787'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2007/03/timbre.html' title='Timbre'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RenCnTHcUFI/AAAAAAAAAHQ/EIve9NzAgPI/s72-c/DSC00928.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-115596213806177463</id><published>2006-08-19T01:34:00.000-03:00</published><updated>2006-09-07T20:08:33.436-03:00</updated><title type='text'>Chubut</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Rio%20Chubut2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Rio%20Chubut2.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Al abrir nuevamente los párpados, las tremendas paredes de piedra estaban allí, indiferentes, encajonando el río.&lt;br /&gt;Quietos los sauces dormían con las raíces en el agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La soledad se elige y se conquista, podía leerse en los surcos del gesto imperturbable de su cara.&lt;br /&gt;En las arrugas talladas.&lt;br /&gt;En la suave mueca de la boca.&lt;br /&gt;El largo pelo danzaba con la brisa. Fundido en el paisaje, el perfil del indio se recortaba filoso contra el horizonte.&lt;br /&gt;Todo en él era muy viejo.&lt;br /&gt;Todo en él era intemperie.&lt;br /&gt;Era rumor de viento trepando por las bardas, era el silencio del sol cuando despunta.&lt;br /&gt;Era la fugaz sombra del  lagarto entrando en su guarida.&lt;br /&gt;Salvo sus ojos, que tenían el color mismo de los cerros, de los pedreros, de las planicies que se alejan hasta disolverse en el cielo.&lt;br /&gt;Eran mansos, e invictos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentado en un reparo.&lt;br /&gt;Las manos cruzadas sobre el  pecho, mirando hacia el poniente.&lt;br /&gt;Era el silencio.&lt;br /&gt;Era el frío que se pega a las pilchas, en las noches largas.&lt;br /&gt;Era el hambre y la resistencia a la fatiga.&lt;br /&gt;Él era su raza, y su lugar mirando el mundo.&lt;br /&gt;Él era la síntesis de un pueblo que resiste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como una nevada surgen en el aire miles de mariposas blancas, diminutas, y en pequeñas turbulencias, buscando un lugar, se posaron inquietas en la arena.&lt;br /&gt;Justo ahí, donde el río hace un remanso salpicador y ruidoso, evitando la mole grandiosa de la “Piedra Parada”.&lt;br /&gt;Quedaron latiendo en la costa.&lt;br /&gt;Brillando, y cambiando de lugar en torpes vuelos sigilosos.&lt;br /&gt;Y continuos.&lt;br /&gt;La correntada aprovechaba para mojarle las alas, y hundirlas resignadas a las que fue alcanzando.&lt;br /&gt;En la profundidad, giraban, simulando un aleteo.&lt;br /&gt;Una pantomima  agónica. Vanamente las tocaban las piedras del fondo buscando revivirlas.&lt;br /&gt;Ya eran flores muertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol cegador, ardiente, prolongaba en sombras largas los cañadones, hasta atardecer en el rumor del río.&lt;br /&gt;La noche se juntaba bajo los sauces negreando, mezclada con el agua en su viaje.&lt;br /&gt;En la piel del indio viejo se junta un relumbre de fuego.&lt;br /&gt;Disimulando la ceremonia de ver morir los días infinitas veces. Termino de acomodar un manojo de ramas secas.&lt;br /&gt;Las ató con una cuerda de tiento, confundida con sus dedos.&lt;br /&gt;Ajusto hasta el crujido, y tiro otra vuelta de lazo.&lt;br /&gt;Ahora lo afirmó con un pie desnudo, curtido por la tierra.&lt;br /&gt;Observó al río que seguía pasando, y cargó la leña en la espalda.&lt;br /&gt;Como quien se lleva algo que le pertenece.&lt;br /&gt;Caminó pisando su sombra alargada, hacia la ruca.&lt;br /&gt;Una golondrina sobrevoló el espejo del torrente, buscando los tábanos gordos que viven en las piedras de la orilla.&lt;br /&gt;Jugando.&lt;br /&gt;En una pirueta dejó marcada el agua, al acariciarla con el pico.&lt;br /&gt;El viejo miró como la correntada deshizo la traza.&lt;br /&gt;El pájaro siguió con su retozo, sobre el Chubut.&lt;br /&gt;Volando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me acerco, creo que le inspiro terror.&lt;br /&gt;En el margen opuesto del río, entre el brillo del sol muriendo, termina su vuelo una pareja de cauquenes.&lt;br /&gt;Escucho el aleteo, y las salpicaduras.&lt;br /&gt;Un hervidero de gotitas.&lt;br /&gt;Me asiste el temor de cambiar la pintura del paisaje con mi voz, si lo llamo.&lt;br /&gt;El indio viejo camina, y no me mira directamente.&lt;br /&gt;Ve de reojo mi figura, que lo acecha. Juzga la pasividad de mi contemplación.&lt;br /&gt;Camina lentamente, de vez en cuando cambia la posición del atado de ramas que carga.&lt;br /&gt;No sé si le llega el momento de locura universal que vivimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevo la caña hacia atrás, y con un golpe de muñeca hago volar la cuchara.&lt;br /&gt;Hay un zumbido de tanza en el aire. Saliendo del carretel.&lt;br /&gt;El señuelo al volar, fulgura.&lt;br /&gt;Cae del otro lado del pozón.&lt;br /&gt;El viejo en su andar, se pierde entre las jarillas.&lt;br /&gt;De a ratos reaparece en los claros, donde el agua avanzó con las crecidas en primavera.&lt;br /&gt;Se pierde.&lt;br /&gt;Luego veo solo su carga de leña, donde termina la incisión que una huella de animales le cruza a las primeras lomas peladas.&lt;br /&gt;Adivino un ranchito entre las bardas.&lt;br /&gt;Es la Patagonia hundida en lo más profundo de su gesto sombrío. Un perfume de pichanas, y el olor del río nos envuelve.&lt;br /&gt;El dibujo del viejo y su carga de leña, lentamente se esfuman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recojo la cuchara. Se acerca brillando entre dos aguas, en mil giros.&lt;br /&gt;No pienso en nada.&lt;br /&gt;Una sombra aparece en la transparencia de la correntada, vertiginosa, con un seco golpe la ataca.&lt;br /&gt;Me despierta, me revive.&lt;br /&gt;Siento el pique en la caña, que se dobla, y en el reel que al tensarse el hilo grita.&lt;br /&gt;Silbón.&lt;br /&gt;El agua estalla, salpica, y en fugaz voltereta veo blanquear la panza de un “arco iris” contra el sol.&lt;br /&gt;Cae.&lt;br /&gt;El agua estalla nuevamente.&lt;br /&gt;Lucha, zigzaguea, no quiere que lo arranquen de la corriente.&lt;br /&gt;Es un espíritu del río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en este mundo, que es el mismo para todas las cosas.&lt;br /&gt;Y que no fue concebido por ningún dios, ni seguro, por ningún hombre. Y que siempre es, fue y será como un fuego eternamente vivo.&lt;br /&gt;Como un río en viaje perpetuo.&lt;br /&gt;Como el viento, que sin pasión aparece y desaparece.&lt;br /&gt;Lanzado de la nada, y que se enciende y se apaga, a su antojo, despreciando la vida.&lt;br /&gt;Jugando a lo infinito.&lt;br /&gt;Siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Soplando el viento, vuelan cauquenes.&lt;br /&gt;La correntada cantando va,&lt;br /&gt;y entre las ramas de los maitenes&lt;br /&gt;se va quedando la eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(A finales del verano de 1994, pescamos juntos por última vez con Papá en el río Chubut, a la altura del Paraje “Piedra Parada”)&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-115596213806177463?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/115596213806177463/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=115596213806177463' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/115596213806177463'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/115596213806177463'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/08/chubut.html' title='Chubut'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-115307503058323801</id><published>2006-07-16T15:26:00.000-03:00</published><updated>2006-07-16T15:37:11.070-03:00</updated><title type='text'>Colitoro</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Millaqueo%20noche1.0.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Millaqueo%20noche1.0.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Colitoro&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Efímera columna de ventiscas,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;veloz duende en la blanca llanura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tu paso alimenta las leyendas,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;cuando el miedo de la noche va llegando...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y el ruido que produces cubre el llanto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En el rostro de mi gente&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;siempre te encuentro, aunque sigas volando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Los matorrales de algarrobillos no se levantan mucho del suelo, entre la arena caliente. Sí, se agarran con las raíces, sus manos gigantes, al desierto, estrujándolo. Con fuerza imposible. Y ahí, estallan hacia el cielo en ramaje espinoso, rasguñador. Salvaje.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Las plantas se encuentran tan cerca entre sí, que se entrelazan, se enredan unas con otras. Tejiendo la vida en los faldeos. Lo cubren todo, de horizonte a horizonte. Hasta donde dan los ojos.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Finitos los tallos se dejan doblar por el viento, y vuelven. Porfiados. Verdes las vainas arqueadas enguirnaldan las ramas, y tiemblan. Abajo la parte enterrada levanta la tierra, inventa médanos. Amontona arena. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Entreverándose con las matas, busca sombra la chivada. Algunos animales de a ratos se acercan haraganes a la aguada, lentamente. Otros dormitan echados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La distancia, al fondo, toma el azul aéreo de los cerros cada vez más altos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Ahí esta el viejo, con la pala y el hacha. En la media mañana. Y el sudor le corre en la cara. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Descuartizó laboriosamente una zarza más alta que él, cavando con capricho. Desprendiendo uno a uno los tentaculados dedos, los nudos que la fijan a la tierra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Los fue apilando prolijos, trabados entre ellos. Abrazados bajo el sol. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Como en un ritual, luego de recorrer la antigua senda india, arrastra el palo herido de hacha, hasta el reparo de la barda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El algarrobillo yace, ahora, vencido entre las astillas, mezclado con la arena, junto al pozo donde pertenecía al suelo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo se sienta, descansa, en la sombra que da una planta más chica. Y el sudor le brilla en la cara y en el cuello. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El sol fulgura en el sudor que cubre la piel de Casimiro Millaqueo, se saca la gorra. Le pasa el dorso de una mano al bigote entrecano, lo moja la humedad que allí acumula, y al enfrentarla oteando, ve como el viento seca la piel cuarteada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Mira la pila, que subió lentamente. Ya le llega al pecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Lejos, por encima de su cabeza, algunas nubes ágiles, persiguen a la luna que se quedó en el día. Pálida, inmutable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Una caterva de cascarudos cruzan veloces, quemándose las patas, sobre el rastro que el viejo fue haciendo al acarrear la leña.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Extrae un trapo blanco, arrugado del bolsillo, lo despliega entre los dedos y se seca con cuidado el sudor del ojo sano. Con tiempo. Lo aprieta en la nariz y lo guarda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El otro, el que no ve, se lo llevó el astillaje disparado al reventar un hachazo en la madera.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Se fue achicando con los años, y se puso amarillo. Ya no sirve. Solo lagrimea a veces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;En el cielo con escasas nubes, en el silencio que busca el mediodía, se dibuja el volar tranquilo de las grandes aves.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Un pájaro se proyecta hacia arriba, corta el celeste. Luego baja en picada, grita. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo esfuerza el ojo, le hace visera con la zurda. Lo contenta su libertad. Y extraña el tiempo en que podía ver mejor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;Vuele, ñanco, vuele.&lt;/i&gt; Que el día sigue.&lt;i style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Hacia el crepúsculo, orientado por el humo del rancho, apenas sostenido sobre el recado, avanza el jinete. Es un punto en la meseta, entre el polvo que forma el matungo al arrastrar las patas. De parejero lleva una mula con dos alforjas que se le abultan titubeantes en el lomo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Las crenchas rubias tremolan en el aire y la barba crecida apelmaza tierra de días. La boca con sed de labios llagados, de lengua espesa. En las manos, mataduras de raspones, pegados a un vendaje de trapo. En las tripas, bramante, el hambre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Encorvado se aferra a las riendas. Las riendas flojas, en el puño apretado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Lleva un arma larga cruzada en la espalda, la correa de cuero le ciñe el pecho en bandolera. El doble caño de vez en cuando le ladea el sombrero, al caminar desparejo del caballo sobre el terreno escarpado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Los ojos claros, entrecerrados de mirar la blancura de los salitrales, de enfrentar el sol y el viento, son piedras opacas. Se esconden esquivos en la sombra del ala del sombrero. Va orillando el monte, por un sendero de animales. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Un castrón de cuernos larguísimos se espanta al pasar el jinete, gasta sus fuerzas en escapar trepando por una grieta entre el basalto. Se arrepiente pronto y lo queda mirando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El polvo que levantan las bestias al avanzar se mete en su boca abierta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;No es de estas tierras. Huye.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo había carneado, y asaba al reparo de la ruca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Remueve brasas con una vara larga, y de a ratos la humareda lo envuelve. Cierra el ojo, suspira. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Agrega un palo grueso a la fogata. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Ensartado, un costillar con paleta se ofrece a las llamas. El fuego crece y al arder, dibuja nuevas sombras. Proyecta duendes. Y crece, y crepita. Y suena, y le pinta espíritus al voladero. Espectros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El día, que se muere, mitiga los reflejos finales del sol. En bermeja desbandada tras los cerros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Atolondrado, el cuzco se acerca olfateando la carne, famélico. Observa con detenimiento mientras alarga el pescuezo, con la cabeza al ras del piso. Un pisotón en el suelo lo espanta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Gruñe y se aparta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La pava se caldea entre las brasas. Azabachada en tizne y años. Silbadora. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La levanta con los dedos sin quemarse, en el hueco de la otra mano tiene el mate. Ceba con un chorro mansito, apuntando con cuidado junto a la bombilla. Preciso.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Sorbe y escucha. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Entre el viento, reconoce la presencia del jinete.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La mano libre que descansa sobre la rodilla cierra los dedos. Aprieta. Los labios sueltan la bombilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se alza, alerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El perro embiste la oscuridad a la carrera y desaparece un poco más allá de hasta donde ilumina la fogata. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Ladra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El mancarrón relincha y se encabrita, la mula se para, el jinete no se mueve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Mordida en una pata, la bestia tiende un galope corto, patea al aire. El forastero rueda por encima de su cabeza y cae, sin traslucir escudarse, impacta feamente con la arena. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Da con el rostro haciendo un leve ruido sordo. Gime. Pierde el sombrero en la caída. El golpe lo despierta, lo espabila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Resopla ahogado. Lentamente intenta erguirse entre sueños, lo logra. Limpia con los vendajes de una mano la nariz, gotea roja. Mira sin orientarse, hasta que da con el resplandor del fuego.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El cuzco ahora ladra alternativamente hacia el jinete que se acerca oculto aun por las sombras y hacia la casa, protegido por la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El hombre camina deteniendo su andar a cada paso, aun sin ver al viejo, acomodando el arma que cuelga en su espalda. El pelo blanco de tierra y la barba espantan, mugrientos en sangre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El anciano en la ruca penetra la negrura con su ojo bueno. Sin ver nada. Llama al perro y su sombra se alarga, ahora con la luz de la fogata detrás. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se toca el verijero que lleva en la faja. El nunca tuvo armas, ni tuvo miedo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;        &lt;/span&gt;La carne al cosquillear del calor cruje dorándose. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Brillan, reflejan la luz en las tinieblas, los ojos de las bestias de carga que sedientas resuellan. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El gringo avanza cobarde, cauteloso, arrastrando sus pasos. Al ver al viejo se sorprende y grita, alardea, pidiendo agua. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Suplica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El cuzco ladra sin parar y Casimiro Millaqueo lo calla con su voz tranquila, en idioma pampa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Un zorro grita cerca, del lado de la aguada, y enciende los rubíes de sus ojos al detenerse a observar entre coirones. Los animales en el corral se inquietan. Atropellan, se mueven, y ahí quedan. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;No hay viento y el silencio reina, absoluto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El forastero bebe largamente de una lata con manija de alambre. El agua lo chorrea. Lava su rostro y sus manos, que envuelve con los mismos trapos mugrientos que las cubren. Muestra gestos de dolor y con esfuerzo descuelga el arma de su espalda, luego la apoya en la pirca del corral. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Dice como que sí, y traga el agua. Y el agua lo revive.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Cuando termina recibe de la punta del cuchillo del indio viejo un trozo de carne asada, la acepta sonriente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La ataca brutal, con los dientes. Respinga, se quema, y vuelve a empinar la lata con agua, aliviándose. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Devora, no habla. El viejo parado lo mira comer también sin palabras, después de mucho tiempo tiene la sensación de no estar solo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El asador va quedando limpio, fijo, entre el braserío. Aún vivo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El asador es una cruz negra, clavada en las cenizas. Una cruz sitiada por brasas, del color de las sombras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Entre ellas humea un charquito junto a la cruz hundida en la tierra, es grasa que fue goteando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El cuzco gruñe, desconfiado, sin dejar de fisgar al recién llegado. Y pela su hueso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Millaqueo busca entre los vicios bajo el alero. Encuentra en el tanteo la botella a medio llenar, cubierta por cueros secos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Le saca el corcho y la ofrece. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Su último poco de vino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El gringo taimado acepta – ahora encendido –, y le da un trago largo, angurriento.&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Le gorgotea el sorbo en el gañote, que lo embucha con ruido.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Sonríe y devuelve el frasco, ahora casi vacío. Al pasarlo, contra el resplandor del rescoldo, ve que le resta solo un traguito.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Lo devuelve sin un gesto de descargo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Aún sangra, entre la barba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo recibe la botella y la deja en el suelo. Se prende mordiendo una lonja de carne que corta pegada a los labios. Mastica, fijando el ojo bueno en las brasas. Busca la botella y empina el resto del vino, demorándolo en la boca. Por disfrutarlo mejor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se arrepiente del convite.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El hombre rubio se pone de pie. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;De las crenchas, resbalando por las sienes, le corren chijetes de sudor espeso que se frenan en las esquirlas de arena que tiene pegadas a la piel, y siguen. Para llegar al bigote y la barba engrasada, brillando, y ahí sí, gotear al polvo del suelo, y terminar rodando como una lágrima de mercurio envuelta en talco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Camina hacia las sombras, tomando el arma al pasar. La sostiene sobre el antebrazo. El caño cuelga hacia delante y la culata se le calza en la axila. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Con la otra mano se abre el pantalón. Hará sus necesidades.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo, presto, sigue la ruindad de sus pasos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El perro, al verlo moverse, lo acecha gruñendo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Corre tras él.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Luego ladra con furia muy cerca de las botas. Esquiva una patada ridícula que da en la tierra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Los ladridos crecen en ferocidad, tras el ataque. El esfuerzo por espantar al cuzco hace al gringo orinarse en las ropas. Trastabilla. Maldice.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Al afirmarse, apunta al perro con el arma. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo se para, padece. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y la noche estalla en el estruendo de la pólvora. La bocanada de fuego, el chisperío, el ruido seco. El aullido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Vuela hacia atrás, en pedazos, el cuzquito. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El criminal, ahora con tiempo, se acerca y orina los restos masacrados del perro. Jadea al orinar, con alivio. Sonríe y algo dice. Solo él lo entiende. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Jadea y sonríe. Tiene el arma en la mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Casimiro Millaqueo no cabe en su cuerpo. Se estremece, con una mano en la boca. Una náusea lo ahoga. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Mira sin moverse los restos humeantes de su amigo muerto. Se le doblan las rodillas, y la noche se le cae en pedazos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viento, naciendo de la nada, comienza a mover las pilchas, el ramaje del monte, los cueros colgados. El pelo blanco del indio, que suspira. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Su silbo enluta el silencio, como un gemido.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Un derrumbe de luna se pinta en la aguada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El forastero desensilla el pingo, desmañado, y arrastra el recado junto a la fogata. Con esfuerzo. Huele a orín y a pólvora quemada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Huele a muerte. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se sienta, apoyado en los aperos. De una petaca bebe a sorbos. Hostil, mira sin ver. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se duerme con el arma abrazada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo, entre las sombras, es un espectro. Abatido, grita un lamento de su raza a este espacio oscuro del mundo. A este espacio desolado y suyo. Una queja. Un responso al amigo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La brisa mezcla el gemido con la noche y lo lleva a vagar por los mallines.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El hombre que huye al poco rato ya duerme profundamente. Agotado. Un resoplo le revienta en la boca, quejoso, y se acurruca contra el recado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El indio viejo ya no ve en las penumbras. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Lo cubre la bóveda del cielo, minado de estrellas. La lumbre de las brasas aun sigue con vida y se amontona sin llamas, enfriándose. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La cruz del asador clavado en el rescoldo. Espera, muda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Camina a duras penas, sin saber adónde. Sus pasos lo llevan hacia el rancho. Hacia su ruca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Millaqueo pasa junto al hombre que duerme, que resuella durmiendo y huele a pólvora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Huele a muerte intensamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Tropieza, casi ciego, con los restos del fuego. Sin querer, las manos se le aprietan al hierro engrasado, al hierro negro del asador. Clavado, firme en la tierra. Lo mueve hacia un lado y hacia el otro, se afloja, y se suelta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;En el tirón, sus brazos lo elevan a la noche cerrada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Blande el arma imprevista y le crece la furia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se acerca al que huele a muerte, al forastero, que indefenso duerme con la cara hacia la luna. Y resopla, y sueña su último sueño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y baja, en el envión de los brazos leñeros, de los brazos arrancadores de raíces, de los brazos viejos, la barra afilada del asador, al centro del pecho del forastero. El que huele a pólvora. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Justo encima de donde abraza el arma con que mató a su perro. Del hombre que huele a muerte y que huye.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Del hombre que ahora abre los ojos y la boca, sorprendido. Del hombre que ya no resuella dormido, del hombre al que se le escapa la vida en un bramido, del hombre que tose su propia sangre, y grita, del hombre que ahora ve la muerte frente a él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y el rostro del indio viejo. En el ahora feroz rostro de Casimiro Millaqueo, se ve la muerte. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Del indio viejo que mantiene las manos encrespadas en el hierro, en el arma casual, en la lanza que lo atraviesa. Del indio viejo que lo clavó contra la tierra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El hombre con olor a muerte, que ahora huele la suya, intenta erguirse y en estertores agónicos cae, ya tieso, y para siempre, sobre el braserío que escupe chispas, y vuelan cenizas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Sobre el braserío, que al contacto con sus crenchas apelmazadas se despierta y crece en humo, en humo espeso, y en olor a muerte y a pólvora, y el aire se inunda con el hedor del pelo que arde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y el hombre con olor a muerte queda inmóvil, quemándose.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;E inmóvil el viejo, vuelve a enviar hacia la noche su lamento. Su lamento en lengua pampa, que es una queja, un sonido de su boca cerrada, que le nace en el pecho. Y lo larga apretando los dientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Ahora es un alarido de guerra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Despertó en la madrugada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Sin querer, se descubrió mirando el alba. Se le mezclan las imágenes de la noche violenta. Se le mezclan las figuras de la muerte, y los sonidos. Y respira jadeante. Y el olor lo impregna, el olor de la muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La muerte, que apareció de la nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Manso el día empujado por el sol, se ilumina. Celestea, sin nubes y se lleva entre sus garras la noche violenta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Aun afiebrado por los sueños, con el torso desnudo, el viejo se moja la cabeza, junto al tanque.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El hombre que huía yace con el rostro quemado entre cenizas. Es carbón pegado al hueso, hasta el cuello. Hasta el cuero de la chaqueta que aún humea. La cruz del asador lo atraviesa, lo pasa del pecho a la espalda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;El viejo se agacha, le quita el asador. De un tirón. Lo limpia en la arena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Arriba, a enorme distancia, sin que lo advierta, algunos &lt;i style=""&gt;ñancos&lt;/i&gt;, gráciles, aguantan flotando en lo alto. Planeando en la nada. Como papeles quemados, que escapan de una hoguera. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Rutilan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El indio viejo arrastra desde los pies calzados con botas altas al forastero que apareció de la nada, al gringo de largas crenchas claras, al hombre que huía, al hombre que huele a muerte y a pólvora, al de la boca abierta y pastosa, al que perdió el rostro entre las brasas en la noche, lo arrastra, desde las botas, como a una raíz de algarrobillo hachado, como a un tronco muerto de madera roja, de madera roja con vetas amarillas, como a una rama muerta de ese bosque subterráneo, interminable, y por el mismo sendero, lo lleva a la pila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y los brazos del muerto se extienden hacia atrás, como elevándose, y el rostro es carbón indescifrable, y los dientes blanquean, y la chaqueta se traba en la arena, y la piel de la panza del hombre que huía queda al aire, la piel lechosa, rosada, del forastero con olor a muerte, y los brazos dejan una larga huella en la arena. &lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Una huella que cruzarán pronto los cascarudos, esa peste de bichos veloces, esa turba negra, apenas el sol comience a calentar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y el indio viejo lo arrastra hasta la cresta de la barda que repara el montón de leña apilada. La parva de raíces abrazadas, secándose. Que ya le llega al pecho. Y en la cima suelta sus botas, y sus piernas caen pesadamente en la arena. Y le mira el rostro que no existe, al hombre que trajo la muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y le dice que morir es malo cuando se tarda mucho tiempo en hacerlo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Le dice, en rogativa, al muerto que huele a pólvora y a cuero quemado. Le dice que la muerte es mala cuando tarda, le dice que el dolor y el daño de la muerte cuando tardan, acobardan, y humillan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;En su lengua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y lo vuelve a remolcar desde las botas, desde las botas de montar gastadas, hasta el borde de la barda, hasta el filo mismo de la barda, y lo empuja, y el hombre que trajo la muerte ahora vuela, girando, desnudándose en el aire, y cae con un crujido sobre la parva de leña apilada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y nada más, y el silencio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y Casimiro Millaqueo arriba, en la cresta de la barda, cercano al cielo, invoca, mirando el horizonte, mirando el sol que ya aparece, su aullante conjuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Le dice, al hombre que huele a cuero y pelo quemado, al muerto, al forastero que apareció de la nada, que tuvo una buena muerte. Una muerte rápida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y que eso es digno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se adentró caminando al centro de la aguada, con pisadas livianas, por no mover el barro que descansa en el fondo. Con la lata en la mano. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo fue cruzando hasta donde el agua es más clara. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;En las orillas la aguada está pisoteada por los animales, y el agua es lechosa por la greda. Es barro líquido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El viejo descalzado, con la lata de manijas de alambre en la mano, llegó hasta el centro del charco, hasta el ojo de agua. Qué diáfano observa, desde bajo las rocas y es el agua inicial, que brota de la tierra sobre un lecho de piedras. Miró en la transparencia y se quedó esperando que el fondo removido se asentara. Ahí, el agua ya es buena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Cargó en la superficie más vecina del cielo, y allí apuró los pasos para llegar al tanque. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La lata con manijas de alambre, henchida por el viejo, al avanzar le deja una marca a la arena. La marca de chorritos que brotan de la lata, y la arena los chupa con su hábito sediento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Luego el sol los remata, y el paisaje es el mismo. Se confunde, muriendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Una lagartija, una sombra en el suelo, se pierde entre coirones que amarilleando crecen al borde del sendero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Después otra sombrita diminuta la sigue, con igual derrotero. Se detiene y lo mira, sin hacer movimientos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Un enjambre de moscas se pegan a las tripas, se chupan a la sangre, se mezclan en la muerte del cuzquito del viejo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Un hervidero zumbador de moscas, repugnante, se prenden a la sangre de lo que fue su amigo. Su hermano. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Deshecho por el disparo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La cabeza apartada, oliendo a perdigones, arrancada del resto del perro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se muerde la lengua. Se la aprietan los dientes, en su último gesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Millaqueo enterró al animalito entre la sampa, en una lomada frente a su rancho. Una loma pelada. Lo cubrió con la tierra y con tres piedras grandes. Pesadas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y se quedó parado mirando, en silencio. Mirando las piedras que cubren la tumba de su amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y caminó, juntando las pertenencias del jinete que vino de la nada, del hombre muerto, del que ahora yace sobre la leña apilada, y fue tapándolo con sus aperos, su recado, su recado manchado de sangre, con el arma asesina que estalló en la noche, con las alforjas que cargó la mula, con su sombrero mugriento, su sombrero caído y oloroso, y cubrió así el cuerpo del muerto, sobre la pila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y juntó leña seca, caminó pausadamente, y juntó ramas finas, resecas, ramas pinchudas, con espinas como púas, lastimadoras, y las acarreó con paciencia, cargó gruesos troncos de algarrobillos, sacados con esfuerzo desde bajo la tierra, y los llevó a la pila donde yace el hombre que trajo la muerte, el del rostro quemado, y lo cubrió con la leña, hasta no verlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Hasta desaparecer, y quedar el forastero que vino de la nada, el hombre que huía, cubierto y en el centro de la parva. Y el olor, solo por el olor descubrir su presencia, el hedor de la muerte y carne quemada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El olor, que lo revela en el centro de la leña.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;Y el viejo, el indio que jamás atacó a otro hombre, el indio viejo que jamás tuvo una guerra, una guerra propia, y su hazaña fue siempre contra el desierto, contra la tierra, contra el viento, contra las raíces gigantes, para hacer la leña salvadora de los inviernos, ahora la tiene. Tiene su guerra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y encendió un coirón reseco, y lo alzó en la mano creciendo en llamas. Lo dejó que agarre, con ganas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y le acercó el fuego a la base de la parva de leña, que oculta el cuerpo y los bienes del forastero que vino de la nada y ahora está muerto, y el fuego creció, y aumentó gritando llamas, crujiendo, en un infierno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y la columna de humo trepó en el cielo. Humo blanco. Albo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y Casimiro Millaqueo miró las llamas creciendo, con su ojo bueno miró la hoguera gigantesca, y las lenguas implacables del fuego que llegan tan alto que pasan la barda, que tocan el cielo, y se pierden en el humo que sube.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El calor lo espanta y lo aleja, y se cubre el rostro con la mano, amparándose.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se aleja, y contempla su creación. El ocaso de su guerra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El fuego no deja nada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El fuego, ahora, limpia la muerte, la muerte que trajo el jinete que vino de la nada, y se adueñó del rancho del viejo Millaqueo. Y el viento que sopla desde el norte lo enfurece, y el fuego ruge, crepita, y estira sus llamas buscando quemar si se le acercan. Y arde todo un día. Y alumbra toda una noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Las ramas verdes al quemarse estallan, gritan, y ese crepitar entre las llamas se asemeja al ruido del viento cuando furioso le pega al desierto, ese ruido de siempre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y el viejo lo contempla, adormilado. Y el fuego se consume, y el humo sube, y es cada vez menos. Y el humo blanco que sube parece no terminar nunca, y dura días. Y luego, el fuego se muere, se consume, hasta ser solo un montón de cenizas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Cenizas que se enfrían, y el viento desparrama, impasible. Eterno. Y las devuelve al desierto. A la arena. A los matorrales impenetrables de algarrobillos. A las matas resecas de los molles, que en sus ramas pinchudas muestran greñas blancas de chivos, flotando en el viento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y en los días que siguen, como siempre, de verano a verano en Colitoro, Casimiro Millaqueo, a puro pie, cargando el hacha y la pala, deshace las distancias. Saca leña. Vivaquea en riales. Junta sus animales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Lo acompaña el viento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;El viento que mece las ramas, y se arrastra por la arena que blanquea, lo acompaña el viento que mece las ramas con largas espinas y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;mece su pelo de viejo, que también blanquea. &lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y el viento de soplar como siempre, remolineando, no deja nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Para Laurita&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;(2003)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-115307503058323801?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/115307503058323801/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=115307503058323801' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/115307503058323801'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/115307503058323801'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/07/colitoro.html' title='Colitoro'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-115145656252065850</id><published>2006-06-27T21:48:00.000-03:00</published><updated>2006-06-27T22:06:07.533-03:00</updated><title type='text'>Perdidos</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Perdidos.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Perdidos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Se que me perdí acompañando el comienzo de la noche.&lt;br /&gt;(solo de eso estoy seguro)&lt;br /&gt;En el trayecto de ir a buscar la pelota.&lt;br /&gt;Sí, luego de la última acción de juego, de esa cuerpeada que nos mezcla en gambeta tratando de llevarla.&lt;br /&gt;De la última escaramuza polvorienta de la tarde.&lt;br /&gt;El que emboca el último gol gana, habíamos decidido, y ahí fue cuando el Zurdo solo frente al arquito, ya sin arquero que lo tape, que se lo impida, le había pegado de punta.&lt;br /&gt;Fulminando.&lt;br /&gt;De punta y con rabia, haciéndola volar muy alto y lejos.&lt;br /&gt;Perforando la red imaginaria, que supuestamente estaba entre los palos, palos que eran dos latas llenas con piedritas y con tierra.&lt;br /&gt;Ya sin gobierno (ella) se agarró del gris del cielo, se le subió al viento y cruzó las vías, para caer dando rebotes, y rodar.&lt;br /&gt;Rodar y saltar.&lt;br /&gt;Rodar y picar, hasta que logra esconderse entre quietos vagones. Y entre brotes metálicos que le salen al suelo.&lt;br /&gt;Hasta no dejarse ver.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;br /&gt;Yo voy (dije).&lt;br /&gt;Y ya no escuche más voces.&lt;br /&gt;No había pasado los andenes cuando respiraba solo noche.&lt;br /&gt;Solo noche y silencio.&lt;br /&gt;Eso me hizo volver la cabeza.&lt;br /&gt;Giré en busca de alguien solidario que me espere, o me ayude en la búsqueda, y no vi a nadie.&lt;br /&gt;Algunas luces encendidas eran ojos amarillos parpadeando, y espeso el aire acompañaba a las sombras a cubrir la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La encuentro disimulando ser una mancha entre dos rieles, junto a las palancas de cambio de vías.&lt;br /&gt;Incorporada a las sombras, como un muerto. Exacta y quieta como un muerto.&lt;br /&gt;Pero ella siempre brilla cuando la miro.&lt;br /&gt;Se pone casi blanca, palidece, y no es tan indiferente como cuando todos la patean.&lt;br /&gt;Creo le gusta que la tengan mis manos.&lt;br /&gt;Me siento.&lt;br /&gt;Me quedo en las penumbras sobre un durmiente, la apoyo en mis piernas flexionadas, la aprieto con el pecho y la abrazo.&lt;br /&gt;Y miro la noche, que la veo ya rotunda como toda noche, herida por las luces, las luces encendidas de las calles, y suspiro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;br /&gt;Sí, ahí solos.&lt;br /&gt;Solo yo y ella, abrazados.&lt;br /&gt;Y la siento que también suspira.&lt;br /&gt;La cubro con mi camiseta sudorosa, y la dejo contra mi piel.&lt;br /&gt;Apretada, juntando los latidos.&lt;br /&gt;La cubro no por que la noche la asusta, la oculto para que la noche sea más oscura.&lt;br /&gt;Y yo estar ahí, perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;(2006) &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-115145656252065850?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/115145656252065850/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=115145656252065850' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/115145656252065850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/115145656252065850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/06/perdidos.html' title='Perdidos'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114557731101246231</id><published>2006-04-20T20:47:00.000-03:00</published><updated>2006-04-21T18:52:58.476-03:00</updated><title type='text'>Lavalle</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Los%20Menucos%20bolsitas%2005.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center;" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/320/Los%20Menucos%20bolsitas%2005.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;Lavalle&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El hambre no se nota desde afuera, desde el barro de las calles, o desde el lado de adentro de los vidrios de los autos, ni a través de los cercos tumbados por el viento. Para verlo hay que mirar de cerca el rostro de la gente que habita el caserío.&lt;br /&gt;   Hay que mirar a los ojos.&lt;br /&gt;Ahora que el invierno empieza a pegar, a hacerse presente. Sobre todo cuando no esta el sol, y al frío hay que sufrirlo, sentirlo en la piel y sentirlo en los huesos.&lt;br /&gt;El humo de las chimeneítas se va juntando como en un juego en lo alto, tapando el cielo, y despues vuela mugriento enmarcando el paisaje del pobrerío.&lt;br /&gt;   La realidad es inmóvil, solo un auto se mueve.&lt;br /&gt;No habían vuelto desde las últimas elecciones internas. Como otras tantas veces. Como siempre. Pero hay que cumplir con la gente. No proclamar que nos cagamos en todos. Y en todo. Cumplir con los mandatos que nos obliga el Movimiento.&lt;br /&gt;   &lt;span style="font-style: italic;"&gt;- También con el barro que se junta en las calles, no se puede entrar en este barrio -&lt;/span&gt; , argumentó el candidato, aguerrido militante de la primera hora.&lt;br /&gt;No recordaban bien dónde vivía el compañero que los llevaría en el ritual inútil de visitar casa por casa. El que les abre las puertas del barrio y del que se acuerdan muy poco. El trabajo de las bases. A prometer cosas que ni ellos mismos creen. Los rancho siempre le parecieron todos iguales. A golpear las manos, a esquivar los perros. ¿Como anda compañera ? Siempre lo mismo.&lt;br /&gt;En el 504 se amontonaban los militantes. Los compañeros de lucha. Casi uno arriba del otro. Los constructores de la victoria. Todos fumando.&lt;br /&gt;El que llevaba el teléfono celular pintaba como postulante al cargo más importante. Era candidato. Sus frases sonaban siempre como sentencia. Sin lealtad no hay política. El resto asentía con la cabeza. Solo decía boludeces. El pueblo no se equivoca.&lt;br /&gt;Avanzaron por la calle que va pegada al alambrado perimetral de la cárcel. No se veía a nadie. Solitario un perro caminaba sin rumbo. El viento mantenía como trofeos multicolores las bolsas de nailon y papeles contra los alambrados y matorrales de jarilla que marcan el limite final de la barriada.&lt;br /&gt;   Más allá es sólo Patagonia.&lt;br /&gt;  &lt;span style="font-style: italic;"&gt; - ¿Cómo podés ser tan pelotudo de olvidarte la otra caja de boletas en la unidad básica? -,&lt;/span&gt; dijo el Negro fastidioso, y terminó de darle la última pitada al faso. Manejaba con la campera cerrada hasta el cuello y el vidrio bajo.&lt;br /&gt;   El de los anteojos que viajaba atrás en el medio, no sabía qué decir para disculparse.&lt;br /&gt;   No dijo nada.&lt;br /&gt;Doblaron para el lado de la 13. El frío pegaba más que el hambre y la desocupación. Continuaban en una marcha lenta. Como patrullando. No daban pie con bola de cómo llegar a la casa del puntero.&lt;br /&gt;   Después de la esquina, en el fondo de un terreno de una casa de material. Había una pared blanqueada de impecable revoque.&lt;br /&gt;Sin errores en la frase escrita con un aerosol rojo, y hecho con tiempo suficiente para mantener la letra pareja, se podía leer :&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(255, 0, 0);"&gt;  - LA HONESTIDAD ES MAS DIFICIL QUE EL HEROISMO -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(255, 0, 0);"&gt;                                                                    Albert Camus&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; En el auto solo se escuchaban los sonidos de la radio. Sabina decía que a la hora de la conga en los burdeles, por San Blas descansaba el pelotón...&lt;br /&gt;Todos con los ojos fijos en las casillas buscando alguna señal. No había pasado una cuadra. El 504 reptaba en el barro dejando profundos huellones. Cuando el de anteojitos dijo:&lt;br /&gt;   &lt;span style="font-style: italic;"&gt;- Che...ese Camus no es compañero,¿ no?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;   Un camión pasó como un aparecido, sin amagar a frenar siquiera por la 13, en dirección al centro. Cargado de leña.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;    - Este, si no frenás, ¡ te parte !-&lt;/span&gt; dijo el Negro afirmándose al volante.&lt;br /&gt;   El viento jugaba con los papeles, y  seguía sin aparecer un alma por las calles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;Para Pablo (2001)&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114557731101246231?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114557731101246231/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114557731101246231' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114557731101246231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114557731101246231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/04/lavalle.html' title='Lavalle'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114522616316000440</id><published>2006-04-16T18:48:00.000-03:00</published><updated>2006-04-16T19:22:43.173-03:00</updated><title type='text'>Liebreros</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Liebreros%20Pilcaniyeu%2005.1.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Liebreros%20Pilcaniyeu%2005.1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;Liebreros&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La noche había llegado amenazando mal tiempo, negra de empujar cerrazones, de gritar truenos lejanos y aullidos, como si salieran del fondo de la tierra misma, como si metiera al caserío dentro de un agujero húmedo.&lt;br /&gt;De una bolsa que apesta.&lt;br /&gt;De una pesadilla.&lt;br /&gt;En la radio sonaba música, y descargas eléctricas, que después rebotaban como fantasmas en la caja de resonancias del rancho.&lt;br /&gt;Y se morían en el piso de tierra apisonada.&lt;br /&gt;El tufo de los perros durmiendo amontonados calentaba las penumbras. Debajo de la frazada, se movían, deformándola, los huesos fríos del padre y del hijo buscando calentarse.&lt;br /&gt;Pilquiman respiraba boca arriba. Con los ojos abiertos. Sufría el dolor de la miseria en la espalda, que en las noches como una maldición le bajaba por las piernas ahuyentándole el descanso.&lt;br /&gt;Cuando apagó la radio le aparecieron los sueños.&lt;br /&gt;Y fueron como caricias.&lt;br /&gt;Tardó en amanecer, la luz creció con nubes bajas, casi al alcance de la mano, cargadas de lluvia. El viento siguió dormido, recostado sobre el espejo de los charcos.&lt;br /&gt;Salieron temprano, moviéndose sin pereza, no dejándose abrazar por el frío.&lt;br /&gt;Los perros ya corrían en el barro, oliscando el aire.&lt;br /&gt;Largando un chorro de vapor cuando al parar buscan en el horizonte, con las bocas abiertas.&lt;br /&gt;Las gotas mansas, pesadas, comenzaron a despertar la mañana incrustándose en el reflejo de ese cielo blanco.&lt;br /&gt;Y en la tierra gredosa.&lt;br /&gt;Pilquiman y su hijo caminaban callados haciendo sonar con fuerza el aire que les entraba por la nariz y por la boca.&lt;br /&gt;Tenían los ojos fijos en ese horizonte aun no resuelto por la claridad y por los cañadones que se empezaban a distinguir.&lt;br /&gt;La tierra se descubría ondulante.&lt;br /&gt;Tenían los ojos atentos y el pecho agitado, cuando llegó la voz esperada:&lt;br /&gt;¡Ahí salió una..!&lt;br /&gt;Gritaron casi a la vez, y los cinco perros saltaron disparados hacia la liebre que aparecía y se perdía entre los neneos.&lt;br /&gt;Uno solo ladró en el arranque, el más cachorro.&lt;br /&gt;Los ojos siguieron fijos, sin perderla.&lt;br /&gt;El padre y el hijo apuraron la marcha en un trote, entorpecido por las botas de goma atadas con trapos en la caña.&lt;br /&gt;Cruzaron el alambrado de la estancia "Pilcañue", el camino quedó atrás como una línea parda brillante.&lt;br /&gt;Mojada.&lt;br /&gt;En el color del paisaje mezclado con las nubes, el movimiento de la acción de caza apareció como un aura mística.&lt;br /&gt;A la inmovilidad le apareció la vida.&lt;br /&gt;Un alboroto y gruñidos de pelea le llegaron entre el aire fantasmal de la neblina. Chillidos lejanos.&lt;br /&gt;¡La’garraron..!&lt;br /&gt;Gritó el pequeño, tratando de ver sin ver, en la distancia.&lt;br /&gt;Apurate...!&lt;br /&gt;Ordenó ahora Pilquiman, apretando el palo que llevaba en la mano. Y ambos corrían zigzagueando entre las matas.&lt;br /&gt;La llovizna pegaba como escarcha y les hacía moquear la nariz en un quejido y cerrar los ojos.&lt;br /&gt;Sonreían.&lt;br /&gt;En el rostro del niño el gesto se mantuvo unos segundos, señaló con el dedo y sí, esa era una verdadera sonrisa.&lt;br /&gt;Entre ladridos se acercaron al manojo de perros excitados, que más hambrientos que feroces se disputaban la liebre. Gruñidos de amenaza y dentelladas no le dejaban ver la presa.&lt;br /&gt;Solo sangre en el barro y pelos arrancados del cuero.&lt;br /&gt;El palo del hombre calado por el agua bajó furioso contra el lomo del Falucho, que se arqueó por el golpe y giró buscando morder.&lt;br /&gt;Ahí ligó el segundo palazo, ahora en la cabeza, que lo dejó tumbado, aullando.&lt;br /&gt;Los otros galgos aprovecharon la acción y se llevaron la liebre, a pedazos. La desgarraban mirando el garrote en la mano del paisano.&lt;br /&gt;Desconfiados.&lt;br /&gt;¡Dejalos que se la coman... Están pasados de hambre...!&lt;br /&gt;Hablaba y recuperaba el aliento, respirando a bocanadas y pensando en los siete pesos que le pagan por liebre. Pero entera.&lt;br /&gt;Para exportarla a Europa.&lt;br /&gt;¡Hay que llegar más rápido, o nos quedamos sin nada..!&lt;br /&gt;Le dijo a su hijo con un tono de esperanza, apuntando con el palo en dirección de los perros.&lt;br /&gt;Trató de ocultar la fatiga, y el hambre.&lt;br /&gt;Se puso la mano con la palma contra la boca y dejó desinflar en ella el calor de un eructo de aire tragado en la carrera.&lt;br /&gt;Hincó una rodilla en la greda, y buscó con los ojos la silueta de los cerros.&lt;br /&gt;Que se dibujaban como amigos que aparecían para salvarlo.&lt;br /&gt;¡La próxima hay que correr más ligero..!&lt;br /&gt;Le dijo después y le apoyo una mano helada en la espalda. Trató de sonreír buscando los perros que ya se había apartado.&lt;br /&gt;Pero sin poder evitar esas gotitas de angustia que se le juntan en los ojos, cuando lo ve al pibe así, mojado y temblando entre el barro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Para Eddy.&lt;br /&gt;(2005)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114522616316000440?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114522616316000440/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114522616316000440' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114522616316000440'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114522616316000440'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/04/liebreros.html' title='Liebreros'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114429465603555220</id><published>2006-04-06T00:22:00.000-03:00</published><updated>2006-04-06T00:37:36.053-03:00</updated><title type='text'>El murmullo del silencio (Junio del '73)</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/ezeiza00.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/ezeiza00.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El murmullo del silencio&lt;br /&gt;(Junio del ’73)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viento. Viento y frío, rachas heladas que te hacen dar vuelta, no podes ofrecerle la cara.&lt;br /&gt;Yo estaba así, como me rajé del colegio.&lt;br /&gt;Con los pantalones grises y el bleizer azul, el bleizer con la solapa levantada, y la corbata en el bolsillo del saco, colgando, y la carpeta bajo el brazo.&lt;br /&gt;La carpeta forrada con los papelitos de chistes que traían los chicles Bazooca, y arriba cubierta por un naylon transparente.&lt;br /&gt;Y sí, ahí estaba, cagandome de frío parado en el anden del ferrocarril, al lado del Flaco y de Carita.&lt;br /&gt;Nosotros éramos la JP.&lt;br /&gt;La gloriosa JP, y de a poco nos enterábamos de los detalles del "hecho maldito".&lt;br /&gt;Después se nos agregó el Cabezón, que se arrimó en silencio pero exageradamente, casi dándome un pechazo - como hace siempre el Cabeza -, siempre que busca contar algún secreto y darle realmente solemnidad a lo que dice.&lt;br /&gt;Vino con un misterio en la mirada y en los labios, y el gesto preparado para decir algo.&lt;br /&gt;Se me pegó a la cara, después giró hasta estacionar su boca a cinco centímetros de mi oreja.&lt;br /&gt;Tenia olor a meo en el pelo, así que me aleje un poco, discreta pero efectivamente me aleje, la distancia suficiente como para que el no insistiera con la aproximación, y yo evitar fumarme su aroma.&lt;br /&gt;Siempre tenía ese olor en la cabeza, mi teoría es que después de mear se moja la mano que usa para sacudir, y no se seca con una toalla, se pasa la mano por el pelo.&lt;br /&gt;El Cabeza me informó entre olores que el se iba en el tren, que viajaba al acto de la llegada del General.&lt;br /&gt;Tenía un bolsito en la mano.&lt;br /&gt;Me llevo el grabador...!&lt;br /&gt;Me dijo, fanfarroneando. Y le pegó un par de golpecitos con la otra mano al bolso.&lt;br /&gt;En la pared blanca de la confitería del ferrocarril entre los dos andenes alguien había escrito con un ladrillo "Luche y Vuelve".&lt;br /&gt;El Flaco sufriendo el viento, me mira con cara de por que no nos vamos, y hace sonar la nariz cada vez que respira profundo, suspirando, y después se limpia con la mano las velas de moco que le caen sobre el labio superior.&lt;br /&gt;En la calle sigue junio, y junio es ese olor que el viento mezcla en los inviernos juntando el frío, y la tierra que vuela.&lt;br /&gt;Ese olor de acá, ese olor que con los ojos cerrados podes decir: estoy en Jacobacci.&lt;br /&gt;Y sumergida en ese olor, y en un sol que apenas se muestra, que apenas calienta al mediodía, también comienza a pasar la semana con los días más cortos del año.&lt;br /&gt;Miro hacia el horizonte, por ahora solo un telón de cielos, de cerros, y de rieles. Buscando que apareciera el tren.&lt;br /&gt;El silencio en la estación del ferrocarril es un murmullo de espera, el murmullo de los que nos íbamos juntando a esperar la llegada del tren, esperar y mirar todos hacia el mismo lugar.&lt;br /&gt;Hacia el Sur. Siguiendo con los ojos las líneas paralelas de las vías hasta que estas se clavan en el color de sombras azuladas que tienen las montañas.&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;Al rato, la máquina brillante apareció como un reflejo del atardecer, como un punto ondulante que crece, que lentamente se agranda y muestra su forma mecánica, inhumana, moviéndose a paso de hombre.&lt;br /&gt;Evitando llegar.&lt;br /&gt;Suspendida al fondo de los andenes.&lt;br /&gt;Ahí viene..!&lt;br /&gt;Pasa un espacio de gritos, hasta que veo ya bien definida la figura amarilla de la locomotora, y veo las banderas ondear exageradas, movidas por brazos desnudos a través de las puertas de los vagones.&lt;br /&gt;Haciendo hervir la figura de la formación del tren que avanza. Banderas argentinas y trapos pintados con consignas. Y el aire en oleadas me trae también los cánticos.&lt;br /&gt;Las voces graves cantando.&lt;br /&gt;Gritando.&lt;br /&gt;Y la silueta de la máquina que se agranda, pero sigue inmóvil. Como fija, ronroneando.&lt;br /&gt;Y se sienten los olores.&lt;br /&gt;Y el murmullo del silencio de la estación se mueve. Se aparta con prudencia del andén. Y el animal de acero ingresa bramando a hierro, a motores y a gargantas. Y el animal asusta.&lt;br /&gt;Y el silencio que somos nosotros, olvidados ahora del frío, es solo silencio. Mirando.&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;En el escalón de la puerta del primer vagón un hombre alto, barbado y de ojos claros, canta con un megáfono en la mano.&lt;br /&gt;¡Perón...!, ¡Evita...!, ¡la patria es socialista...!&lt;br /&gt;Asoma la cabeza por un agujero que le había hecho a una frazada marrón con guardas más claras, transformándola en un poncho que se le arrolla en el cuello.&lt;br /&gt;Es Clint Eatswood, y pasa marcando la escena del ingreso del tren a la estación frente a la cámara de mis ojos, en una toma rápida, desde un extremo a otro de la pantalla de mi campo visual.&lt;br /&gt;La escena de la llegada, pienso.&lt;br /&gt;Detrás de él, un racimo de cabezas buscan mirar hacia la estación, y golpean con las manos contra los costados del tren. Hay brazos con los dedos en ve que se confunden con los rostros desconocidos.&lt;br /&gt;Al ritmo de los gritos.&lt;br /&gt;Eatswood pasa mirando sin mirar con los ojos claros penetrando las cosas, la gente, las paredes, clavados en la distancia.&lt;br /&gt;Después viene la hilera interminable de vagones, con las pancartas colgadas a los costados, con las banderas agitadas, furiosas, los vagones color mierda quemados por el sol. Con las ventanillas metálicas bajas, tapando lo que ocurre en su interior.&lt;br /&gt;Ocultando el pasaje.&lt;br /&gt;No suben las ventanillas para evitar los toscazos.&lt;br /&gt;Me dice el Cabeza, en una oleada amoniacal.&lt;br /&gt;Desde los andenes el murmullo del silencio, ahora excitándose por la llegada del tren se transforma en cánticos, se transforma en la Marcha, y nosotros con algunas compañeras de la rama femenina, algo excedidas de peso, arremetemos entre puteadas con un agudo coro:&lt;br /&gt;¡Perooooón...!, ¡Eviita...!, ¡la patria es peronista...!&lt;br /&gt;Desde el interior de los vagones, - ya detenidos - nos hacen saber que también eran muchachos peronista, que eran como nosotros, coreando lo mismo.&lt;br /&gt;Eso evita el quilombo.&lt;br /&gt;Ahora el silencio es una fiesta, y el anden de pronto se puebla por el movimiento de la gente que baja del tren, esa gente distinta, esa gente contenta por el arribo de su líder después de dieciocho años de exilio, que viajan a verlo, esa gente que salta por las ventanas de los vagones y se mueven unidos, agarrados de las manos o de los brazos o con los brazos pasados sobre los hombros y se unen a nosotros, que antes fuimos un murmullo dentro del silencio, y ahora somos los muchachos de Perón cantando la Marcha y pegándole al aire con el brazo extendido, y los dedos en ve.&lt;br /&gt;Y ahora todos somos lo mismo, somos iguales, somos como los que bajan del tren, y nos mezclamos con los abrazos, con las banderas y con los bombos, y los bombos son parte del mismo cuerpo que salta unido, los bombos son parte de las voces.&lt;br /&gt;Y en la emoción de los cánticos desgarrados honramos nuestra lucha, y honramos a Evita, y esto es un sentimiento que seguro el gorilaje no puede entender, seguro que nunca va a entender.&lt;br /&gt;-¡Nosotros somos esto, el sentimiento peronista!&lt;br /&gt;Me dice el Flaco gritando.&lt;br /&gt;Y yo no se como agarrar la carpeta del colegio, para poder saltar más alto. Y en el cielo, en el cielo gris del invierno veo espejada una magia que nunca más volví a encontrar.&lt;br /&gt;No nos conocemos pero somos lo mismo, y gritamos y saltamos, y que razón tiene el General cuando dice que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.&lt;br /&gt;Cuanta razón.&lt;br /&gt;Y saltando y empujando nos subimos al tren.&lt;br /&gt;Yo también me voy.&lt;br /&gt;Le digo al Cabeza entre el calor de los gritos y los saltos.&lt;br /&gt;Bien..., pendejo!&lt;br /&gt;Me dice, y me abraza y me da un beso sin soltar el bolsito. Y el ambiente del vagón es tan intenso que no identifico en olor del Cabezón, todo tiene el mismo aroma.&lt;br /&gt;Espeso.&lt;br /&gt;Después veo los ojos del Flaco, los ojos del Flaco que dicen tanto, que hablan sin necesidad de emitir palabras, sobre todo cuando se viene algún quilombo.&lt;br /&gt;Y con los ojos me señala hacia abajo por una ventanilla abierta, entre tipos que buscan asiento y otros que saltan y cantan.&lt;br /&gt;Y veo a mi vieja parada en el andén con el delantal de cocinar puesto y con una mano señalándome y la expresión de su rostro, y el movimiento de sus labios, y entiendo perfectamente lo que me grita, así no la escuche entre los gritos y los cánticos de los compañeros la entiendo.&lt;br /&gt;Y es mi vieja, como no la voy a entender.&lt;br /&gt;Y me bajo sin ganas. Y me quedo confundido entre el murmullo del silencio que como yo, se queda parado en el andén mientras el tren se mueve nuevamente, mientras el tren se va.&lt;br /&gt;Y ahora si la escucho a mi vieja, ahora la escuchan todos.&lt;br /&gt;Es mejor que te vayas enseguida para casa...!&lt;br /&gt;Me dice, gritando.&lt;br /&gt;(2006)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114429465603555220?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114429465603555220/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114429465603555220' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114429465603555220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114429465603555220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/04/el-murmullo-del-silencio-junio-del-73.html' title='El murmullo del silencio (Junio del &apos;73)'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114323982806455471</id><published>2006-03-24T19:32:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T19:37:08.080-03:00</updated><title type='text'>La sombra</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/sombra-bici.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/sombra-bici.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;En el atardecer, en el momento ese que el sol lastima si mirás hacia donde termina la calle. En ese momento que el brillo furioso del sol duele en los ojos, y uno pedalea mirando el piso.&lt;br /&gt;Avanzo en la bici.&lt;br /&gt;Y es un alivio doblar en la esquina, y ver el reflejo amarillo del sol embadurnando todo, haciendo crecer las sombras, alargándolas y haciéndolas cada vez más negras.&lt;br /&gt;Uno pedalea y se mira en la sombra que va pegada a las ruedas de la bicicleta cuando avanza, como si fuera un espejo.&lt;br /&gt;La sombra se pega a la bici justo en el piso, ahí donde las cubiertas tocan la tierra.&lt;br /&gt;De ahí sale la otra bici, la de sombra.&lt;br /&gt;Que también me lleva.&lt;br /&gt;Yo me reconozco por el perfil, también por que suelto una mano o la apoyo sobre la rodilla para pedalear con más fuerza. O suelto las dos y avanzo sin manos, canchereando. Aparte porque muevo la cabeza, y me gusta como el pelo me vuela al agarrarlo el viento.&lt;br /&gt;Y el pelo vuela entre las piedritas que brillan. Y yo miro de reojo la sombra del pelo volando, y no parece mío.&lt;br /&gt;Me paro sobre los pedales, -pedaleo con toda la fuerza que tengo en las piernas- y la sombra igual sigue dibujada al lado mio, lo que pasa más rápido es el ripio de la calle.&lt;br /&gt;Como un reflejo brillante.&lt;br /&gt;Como un telón bañado en oro, que gira furioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo de mirar hacia donde va la calle, y me veo pedalear sobre el ripio en la imagen negra, bien marcada de mi sombra. Y las cuadras se me pasan sin verlas, y aveces tengo que frenar por que me puedo comer alguno que cruza callado. Y no lo veo.&lt;br /&gt;Y me deformo, me alargo, o me falta la cabeza cuando la sombra camina por los paredones, por los frentes de las casas, por los camiones estacionados, por las veredas rotas.&lt;br /&gt;Y después sobre la calle, de nuevo aparezco.&lt;br /&gt;Intacto.&lt;br /&gt;Entonces en la bajada saco los pies de los pedales y los pongo sobre el manubrio, -junto a las manos- y apoyo la boca contra las rodillas, y en la sombra parece que la bici va sola. Llevando un tipo sin pies, y sin manos, y sin cabeza, arriba.&lt;br /&gt;Y en los árboles que crecen uno al lado del otro, la sombra va y viene así tac-tac-tac, me agrando contra el árbol y enseguida me alargo en el piso y de nuevo me agrando en la corteza de la planta siguiente, y me mareo un poco. Así que miro hacia delante. Y se me pasa.&lt;br /&gt;Y cuando ya me hago muy largo en el piso, flaquisimo, y a la bici se le deforman hasta las ruedas –quedan ovaladas-, miro hacia donde está el sol.&lt;br /&gt;Y si, ya comienza a perderse tras los techos.&lt;br /&gt;Y las sombras ya no son tan divertidas.&lt;br /&gt;Y la noche sube de la calle como una negrura gigante, y se mezcla con otras sombras hasta hacerse una sola.&lt;br /&gt;Y las luces de alumbrado de las calles se van encendiendo solas, de a poquito, como desganadas. Y al pasar bajo los focos siento que la ropa, los brazos, la cara se me pinta de un fulgor transparente.&lt;br /&gt;Y que pedaleo en el aire.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;(2005)&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114323982806455471?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114323982806455471/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114323982806455471' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114323982806455471'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114323982806455471'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/la-sombra.html' title='La sombra'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320985030936626</id><published>2006-03-24T11:13:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T11:20:55.130-03:00</updated><title type='text'>Amaya</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Tumba%20Amaya.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Tumba%20Amaya.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Si, lo recuerdo a Amaya.&lt;br /&gt;Como podría olvidarlo, a él. Al hombre.&lt;br /&gt;Lo tengo grabado en la frente como el golpe del marronero que mata a la res, que la deja seca, cuando desconfiada entra al brete final.&lt;br /&gt;Reculando, y empujada entra al brete de la muerte, en el frigorífico.&lt;br /&gt;Amaya, ese hombre que deja el vaso como en un rito, raspando con el vidrio la mugre de la barra y suspira, y mira como perdido buscando algo en el aire del boliche cuando escucha a Don Alfredo que comienza a recitar &lt;i&gt;“Guitarra negra”&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Y ve la res resbalando las pezuñas en el estiércol, y en la sangre, de otra, la que cayó también golpeada por el marrón.&lt;br /&gt;Y el recordarlo, me trae ese dolor de parietal partido, de caer sobre el costillar en el cemento con ruido ya de carne muerta.&lt;br /&gt;Antes que un tajo me abra el garrón y el gancho me cuelgue y me lleve ya carne colgando, carne azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Amaya, el inmortal, si lo recuerdo. A ese hombre lo llevo como una marca en el hueso.&lt;br /&gt;Una marca que no se va.&lt;br /&gt;El mismo lo decía: &lt;i&gt;cuanto cuesta abandonar, lo que se puede recordar.&lt;/i&gt; Y volvía a mirar entre el aire pesado del verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su presencia imponía sin buscarlo un respeto, casi un miedo. Un hablar bajito, un cuchicheo. Su seca hosquedad lo imponía, su forma de estar solo.&lt;br /&gt;Su silencio de andar enredado en sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ese hombre como otros miles, que se asombraba de verse entre la gente. Entreverado entre los vivos.&lt;br /&gt;Él, que sabía que era la muerte y como llevarla colgada en algún lugar de la piel.&lt;br /&gt;Él, el condenado a la pala en la mano, el que murió boqueando después que el filo del puntazo, entró y salió de la carne.&lt;br /&gt;Cumpliendo.&lt;br /&gt;Su destino de cuchillo. De cuchillo empujado por propia mano. Abrazado por las piernas de esa mujer impropia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese hombre que supo ser jinete, carpeador, mensual, arriero, pescador en aguas oscuras.&lt;br /&gt;Ese que pitando un armado enfrentó las madrugadas, las lloviznas, los solazos y le fueron quedando en las manos los caminos.&lt;br /&gt;Y en los ojos, también le quedaron. Y los entrecerraba al contar hasta ese gesto, como si se quisiera reparar dentro del pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese hombre que podía mirar en el mapa de sus manos y encontrar tembladerales entrerrianos, o la verde planicie de la banda Oriental o el Chaco Santafecino que vuela en un hachazo.&lt;br /&gt;Ese que empinaba una caña quemada y sabía que era la esperanza. Y en la carne le ardían las mujeres.&lt;br /&gt;Sobre todo esa mujer.&lt;br /&gt;Por que siempre hay una.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, Amaya fue el que me contó. Una noche bochornosa de calor y humedad en pleno enero, que entregado a los sorbos quedó solo acodado al mostrador.&lt;br /&gt;Esa noche había pedido vino, utilizando una sola palabra.&lt;br /&gt;Después seguro, recordó que andaba sin dinero.&lt;br /&gt;Le puedo pagar con un pájaro, me dijo, sacando un cardenal dormido del bolsillo, que mantuvo dentro del puño.&lt;br /&gt;O con un secreto -agregó-, y la voz se le puso como si temblara.&lt;br /&gt;Le acepte el misterio.&lt;br /&gt;Y ahí me largó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este boliche, dijo y comenzó con voz pausada, sólo entran los que giran la Plazoleta Hernandarias en el sentido que lleva la calle España, después siguen por Cadete Castro hasta Perú, y al terminarla e ingresar a Gran Chaco desaparecen.&lt;br /&gt;Ahí suspiró, y miró como una ráfaga de viento caliente movió los jacarandaes.&lt;br /&gt;Pero siguió.&lt;br /&gt;Acá, - Dijo - y pegó con dos dedos fuertes de uñas mugrientas contra el mostrador.&lt;br /&gt;Acá solo entran los que cumplen ese ritual, los que se desvanecen.&lt;br /&gt;Y se quedan para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y soltó el cardenal, que voló nervioso dentro del boliche hasta encontrar la ventana abierta.&lt;br /&gt;Los dos seguimos el ruido de las alas que chocaban.&lt;br /&gt;El pájaro en un segundo se perdió en lo negro de la noche. Y nos dejó acodados, ante la misma botella de siempre, ante los mismos vasos.&lt;br /&gt;Soportando la eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;(Para Pablo Salomone y a la memoria de otro “inmortal”, Don Alfredo Zitarrosa)&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;(2005)&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320985030936626?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320985030936626/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320985030936626' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320985030936626'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320985030936626'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/amaya.html' title='Amaya'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320947238826022</id><published>2006-03-24T11:10:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T11:11:12.390-03:00</updated><title type='text'>La venganza</title><content type='html'>La voz del forastero se agregó al silencio como el grito de alerta de un pájaro en la noche, o como el viento al moverse.&lt;br /&gt; Voló la cortina de tiritas plásticas, rojas, por el manotazo, por el sopapo que las deformó hasta que pasó el propio rostro del forastero.&lt;br /&gt; Hacia la luz.&lt;br /&gt; Y el hombre que se había agregado al silencio pisó fuerte en las baldosas del boliche, y el boliche mismo se acercó a él.&lt;br /&gt; Portaba una faca desnuda, de hoja larga y espejada, calzada en el cinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y al hablar congeló el aire pesado por el uso de la noche. Por los tabacos, por las barbas babosas de ginebra.&lt;br /&gt; Hizo tiritar los dedos que orejeaban los cartones buscando una flor de espadas, o algún punto a mentir.&lt;br /&gt; Más de uno miró a su alrededor como buscando un poncho. Otros con apuro empinaron el vaso llenándose la boca, y tragaron bramando.&lt;br /&gt; Hubo reojos de miradas. Desconfiadas.&lt;br /&gt; De susto.&lt;br /&gt; Primero se alivió el bochorno que el día había dejado en el aire, después el frío comenzó a doler como una chapa helada que te apoyan sobre la piel.&lt;br /&gt; Que te pesa en la espalda.&lt;br /&gt; Que duele.&lt;br /&gt; El murmullo quedó mezclado con el humo y la luz de los faroles.&lt;br /&gt; Ahí habló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Busco a Amaya...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Se le escuchó brotar de entre los labios azules. Azules pálidos. De muerto.&lt;br /&gt; Al recién venido.&lt;br /&gt; Los suspiros se quedaron para adentro. Odiando escaparse. Retenidos en el miedo.&lt;br /&gt; Y al mostrador le fue creciendo el hielo, con ese ruido sordo que tiene la escarcha al quebrarse cuando avanza.&lt;br /&gt; Las mesas se pegaron al piso.&lt;br /&gt; Se podía ver brillar como la capa glaciar cubría el embaldosado mugriento. Como de agua, pero dura.&lt;br /&gt; Dentro de las alpargatas se acurrucaron los dedos. Se fruncieron los ojetes. Se pudo ver los alientos, ya en el aire. Chorros blancos que salían de las bocas.&lt;br /&gt; Y las cabezas girar buscando al que bebía con el patrón. Casi tocándose, mirando los vasos. Escarbando respuestas.&lt;br /&gt; En silencio.&lt;br /&gt; Y el voltear de Amaya, como una luz, como un fogonazo. Y el humo azulado. Y el relumbrar de las miradas.&lt;br /&gt; Y los brazos en actitud de defensa que se cubren los ojos.&lt;br /&gt; Y el corcoveo de cabezas.&lt;br /&gt; El respingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y el arma en la mano. Que queda apuntando. El arma negra en la mano, que vierte el azulado humo por hueco fijo del cañón.&lt;br /&gt; Que mira al forastero de frente.&lt;br /&gt; La mano endurecida sostiene el revolver. Y el dedo que busca llevar nuevamente para atrás el gatillo, y ahí se queda esperando.&lt;br /&gt; La mano enredada, que aprieta como una víbora furiosa la culata. &lt;br /&gt; Y los ojos que crecen. Y el boliche se achica, se amontonan los olores. Y el resplandor que estalla en las caras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Afuera, los árboles parecen nacer de nuevo en ese segundo que blancos quedan por el fulgor, clavados contra el suelo.&lt;br /&gt; Muchos presienten que amanece.&lt;br /&gt; Que en ese reflejo se hace el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y la bala que para en el espesor del griterío, detenida antes de llegarle al pecho del forastero. Al dueño de la mujer ajena.&lt;br /&gt; Congelada.&lt;br /&gt; Para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;&lt;b&gt;(Alguien que pasaba, entrada la noche por la Plazoleta Hernandarias, esquivando el cementerio. Escuchó un estampido, como un disparo, o como una tabla que se parte.&lt;br /&gt;Eso creyó.&lt;br /&gt;Venía del interior del bar “Diez puntos”, que ya estaba cerrado y con las luces de la calle apagadas.&lt;br /&gt;A esa hora.)&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A Pablo Salomone (Vaerjuma) (2005)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320947238826022?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320947238826022/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320947238826022' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320947238826022'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320947238826022'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/la-venganza.html' title='La venganza'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320930123296126</id><published>2006-03-24T11:07:00.000-03:00</published><updated>2006-04-20T10:46:26.496-03:00</updated><title type='text'>Banda sonora de un final para Amaya</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Zitarrosa%20cantando.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Zitarrosa%20cantando.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Diez%20puntos.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Diez%20puntos.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(“Los dioses traman y cumplen la destrucción de los hombres,&lt;br /&gt;para que tengan argumentos de cantos venideros...”&lt;br /&gt;-Odisea-)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo yo lo sé.&lt;br /&gt;Lo sé, y me quedaré con ello para siempre. Por eso lo cuento.&lt;br /&gt;Hasta completar el oscuro círculo de vagar eternamente aquí adentro, tras la barra, y entre las mesas del boliche. Entre el humo que pinta el silencio.&lt;br /&gt;Entre el ruido de carcajadas rudas, de sonidos de botellas vertiendo. De convites.&lt;br /&gt;De relinchos apagados que vienen del palenque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo yo pude ver los ojos que tenía la Muerte cuando llegó.&lt;br /&gt;Llegó, y se plantó como una sombra más. Como la noche. Como alguien de ahí.&lt;br /&gt;Justo detrás de &lt;i&gt;Alonso Amaya&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Fue un remolino oscuro que movió el aire del &lt;i&gt;“Diez puntos”&lt;/i&gt;. La sentimos sobre los párpados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Otra vez los boliches nocturnos&lt;br /&gt;amarillos de sueños perdidos&lt;br /&gt;quiñeleros de suertes extrañas&lt;br /&gt;azulados en humos y vinos,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;viejas radios rezongan canciones&lt;br /&gt;y un Gardel arrullando su trino&lt;br /&gt;y en la mano madera de un tango&lt;br /&gt;un borracho camino al ayer...&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;               &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madrugada, mansa, había logrado que fuéramos quedando solos.&lt;br /&gt;Solo &lt;i&gt;Amaya&lt;/i&gt; y yo.&lt;br /&gt;Aliviándonos del gentío. Cabeceando ya un sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue ver a la parca. A la mal venida.&lt;br /&gt;Y sentir.&lt;br /&gt;Fue sentirla como un miedo que empapa de golpe la piel, y los puños cerrarse.&lt;br /&gt;Puntual, pensé.&lt;br /&gt;Y me detuve en sus ojos.&lt;br /&gt;Los ojos de ella. Esos ojos eran.&lt;br /&gt;Descubrí.&lt;br /&gt;Y de golpe también, las manos apretando las palmas me sudaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- Se acabo lo que se daba...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dijo el montaraz, y sonó como un responso. Secándose los restos de caña del bigote con la manga, y calzándose el sombrero. Parsimonia teatral le agrego al movimiento. Mientras respiraba hondo, como buscando reponerse de un planazo.&lt;br /&gt;Y a la cara se le espantaron los colores, y le creció la blancura. Le fue ganando la blanca palidez de sangre ida.&lt;br /&gt;Cuando se erguía lentamente y sacaba del tirador su cuchillo envainado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brilló la hoja al mover las manos, y lo clavó en un ademán en el relicario abierto que dejó entre los vasos vacíos.&lt;br /&gt;Lo clavó, y había odio en el gesto, como ganas de matar.&lt;br /&gt;Uso la fuerza de querer matar algo.&lt;br /&gt;Escondía la imagen de una mujer, ahí adentro. Una fotografía. Y el puntazo pasó hasta la madera de la mesa. Atravesando la chapa de plata.&lt;br /&gt;Y a la imagen de la foto le entró justo en el cuello.&lt;br /&gt;En el cuello desnudo. Debajo de los ojos que seguían sonriendo indiferentes a la faca ensartada.&lt;br /&gt;Luego alejó la mano del cuchillo, y la sostuvo en el aire. Abierta.&lt;br /&gt;Ofreciéndome un saludo. Un choque los cinco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Desgastas paredes que miran&lt;br /&gt;sin perdón, sin asombro las cosas...&lt;br /&gt;por el ojo del buey descordado&lt;br /&gt;de un reloj que hizo el tiempo y murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los más raros espejos que imitan&lt;br /&gt;otra vida mejor... o la misma,&lt;br /&gt;marioneta de pan en la niebla&lt;br /&gt;bajo un sol empañado en alcohol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La soledad, con el alcohol...&lt;br /&gt;suelta un gorrión,&lt;br /&gt;que por el aire del alma se va.&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él sabía que esa noche al terminar, agotaba su historia. Que volvía al silencio. A la inmovilidad de la lápida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- Como diría el Maestro...!&lt;/i&gt; Me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- Para tanta soledad me sobra el tiempo..., dile a la vida que viva...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oscuridad se movió inquietando la punta de los pastos.&lt;br /&gt;Y nuestras palmas se estrecharon, y en la fuerza del apriete le sentí las mataduras de los años.&lt;br /&gt;Miró después, sin apuro, su daga clavada en la imagen. Aun vibraba la hoja.&lt;br /&gt;Aun quedaba en el acero la fuerza de su rabia.&lt;br /&gt;Moviéndose.&lt;br /&gt;En la imagen de la hembra.&lt;br /&gt;De la mujer que dejó probar su hombría en ella.&lt;br /&gt;Hace ya tantos años de eso, que solo él lo recuerda.&lt;br /&gt;Y es un muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después salieron juntos, como un viento. Cruzaron la plazoleta, y se perdieron en la boca negra del portón del cementerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la radio sonaba esa milonga, y yo me quede en silencio con los ojos puestos, ahora, en la mañana que venia.&lt;br /&gt;Sólo seremos eso, pensé.&lt;br /&gt;Sólo carne y metáfora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;(En este relato interpuse algunos versos de la milonga “Los boliches” de Suarez y Palacios, que interpretara magistralmente Don Alfredo Zitarrosa, quien solía decir:&lt;br /&gt;- Yo encuentro una milonga en cualquier canción...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(2005)&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320930123296126?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320930123296126/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320930123296126' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320930123296126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320930123296126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/banda-sonora-de-un-final-para-amaya.html' title='Banda sonora de un final para Amaya'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320910026956395</id><published>2006-03-24T11:00:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T11:05:00.270-03:00</updated><title type='text'>Once segundos</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;i&gt;Ahí en esa inmensidad, en la profunda lejanía del desierto,&lt;br /&gt;en este desierto que nunca tiene en cuenta nada,&lt;br /&gt;que solo responde con silencio.&lt;br /&gt;En el fondo de este océano, en este fondo rocoso,&lt;br /&gt;agitado por los vientos que le nacen y mueren transparentes.&lt;br /&gt;Esa mancha roja se mueve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruidoso automóvil de mis sueños va lanzado en velocidad,&lt;br /&gt;escupe ripio al avanzar (a más de cien metros de altura),&lt;br /&gt;escupe ripio y ruge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en once segundos,&lt;br /&gt;ya sin gobierno sobre el caucho,&lt;br /&gt;golpea y espanta, golpea sin control la banquina (y la chapa suena).&lt;br /&gt;Y en el brillo del desierto estalla el polvo,&lt;br /&gt;y luego el movimiento rojo gira con la gracia de un martillazo los 360 grados,&lt;br /&gt;y al arrastrar el duro hueso del chasis se parte, se quiebra,&lt;br /&gt;crece el ruido, pero ya no se escucha el ruido.&lt;br /&gt;Solo es esa nube de tierra que agita el fondo de este mar,&lt;br /&gt;un fondo marino que se enturbia.&lt;br /&gt;En silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el movimiento se confunde,&lt;br /&gt;confunde pero no al desierto que mira esperando, sin pasión,&lt;br /&gt;hasta que terminan de llegar al suelo valijas despanzadas,&lt;br /&gt;y ropa volando,&lt;br /&gt;y con su paciencia las espera, las recibe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibe una lluvia de trapos que termina, que se calma, que se agota cuando se cumplen los segundos,&lt;br /&gt;los once.&lt;br /&gt;Y caen flotando en el aire celeste del cielo,&lt;br /&gt;con sus formas humanas,&lt;br /&gt;y en once segundos se aquietan, se duermen,&lt;br /&gt;sobre el fondo de este mar inanimado de roca y arena,&lt;br /&gt;y se van acomodando,&lt;br /&gt;como pueden,&lt;br /&gt;como el viento las deja cubrir el desierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hierros torcidos, pintura roja saltada y aceite regando la arena,&lt;br /&gt; y en la hondura (en lo escarpado) el sonido del sol,&lt;br /&gt;quema.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;(2006)&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320910026956395?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320910026956395/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320910026956395' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320910026956395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320910026956395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/once-segundos.html' title='Once segundos'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320871606803388</id><published>2006-03-24T10:57:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T10:58:36.073-03:00</updated><title type='text'>Robando libros</title><content type='html'>El vidrio del bar refleja mi imagen.&lt;br /&gt; El vidrio con el nombre del bar pintado en letras rojas es un falso espejo, gracias a las luces del interior y a las penumbras que generan los árboles de follaje impenetrable de la vereda.&lt;br /&gt; Veo mi cara allí, simulando la que tendré ya muerto, reflejada, en el vidrio cuando es espejo.&lt;br /&gt; Es un fantasma mío.&lt;br /&gt; Indiferente.&lt;br /&gt; Con los ojos perdidos, hundidos en oscuros pozos de sombra, mirándome en silencio. Ocupando todo el silencio de estar solo en la mañana para observar las cuencas negras, sin ojos del fantasma del vidrio.&lt;br /&gt; Cuando no, cuando utilizo su transparencia, veo la calle.&lt;br /&gt; Veo la gente pasar como entre sueños. Sueños, que aveces son mi única vida real. Digo, mientras miro pasar gente que camina.&lt;br /&gt; Aveces, agrego, nuevamente hablando solo.&lt;br /&gt; Y juego a ver, y a no ver, mi fantasma. En el reflejo del vidrio del bar. El mundo está vivo.&lt;br /&gt; El mundo está vivo, y nada vivo tiene remedio, y esa es nuestra suerte. Leí que contesto &lt;i&gt;Bolaño&lt;/i&gt; cuando le preguntaron si el mundo tenía remedio.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  No termino el café.&lt;br /&gt; Solo me mojé los labios dos veces con el contenido del pocillo, en gesto de hacer algo. Simulé tomar el café. Nunca lo hago, me despierta mucho y prefiero en plena vigilia estar un poco dormido. Evitando un poco ver todo lo que pasa.&lt;br /&gt; Temiendo ver todo.&lt;br /&gt; El anciano de piel muy pálida y manos transparentes, se sostiene contra el mostrador. Como una araña agarrada a un ladrillo de la pared. Se sostiene, haciendo fuerza con los hombros. Clavando las rodillas.&lt;br /&gt; Tiene la piel tan fina que se le ven los huesos, y las venas son cordones oscuros que se mueven junto con los huesos de los dedos apretando el vidrio del vaso.&lt;br /&gt; Las uñas son de agua pintada, en la punta de los dedos.&lt;br /&gt; El anciano se hace entender por el cantinero sin palabras, golpeando con el vasito vacío la madera de la barra.&lt;br /&gt; Pide más de esa manera, y le es correspondida una nueva carga de liquido incoloro. Conociendo el código universal del quiero más.&lt;br /&gt; La botella vuelve a su lugar en el estante. El contenido se aquieta.&lt;br /&gt; Y el anciano le clava los ojos al liquido como agua y espera en silencio, con la boca entreabierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En un televisor que no emite sonidos, mudo y arrinconado, pero que se observa desde todas las mesas, se exhibe la muerte.&lt;br /&gt; Pornográficamente se muestra el espectáculo de la muerte. Las imágenes nos quieren hacer creer que ese es el paisaje cotidiano, bombardeos a un país que es casi solo desierto. Cadáveres despedazados, mujeres y hombres llorando.&lt;br /&gt; Las imágenes buscan legalizar las matanzas. Si aparecen en la tele todos los días, van aburriendo.&lt;br /&gt; Muertos, y seguido el número de muertos.&lt;br /&gt; Y el nombre del país que por desgracia tiene bajo su arena el petróleo que los americanos aseguran que es de ellos.&lt;br /&gt; Y se lo hacen saber.&lt;br /&gt; El anciano bebe a pequeños tragos sin ver la pantalla de la muerte. La pantalla que tortura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Salgo a la calle y en una ráfaga me habita el gentío, que viaja amontonado en los micros, que se mueve enfrentándose en las aceras. Me habitan las voces y los ruidos.&lt;br /&gt;  Me habita la calle. Me invade.&lt;br /&gt; Esa calle, de este mundo que ya no parece ser el mío.&lt;br /&gt;  Donde dos jóvenes se gritan una consigna que los divierte, y no entiendo ni lo que dicen cuando hablan. &lt;br /&gt;  No parezco de la calle, hasta que me vuelvo a enamorar de dos minas que pasan.&lt;br /&gt; Me enamoro dos veces en la misma cuadra que camino lentamente, y me alivia. Como me cambia la cabeza la aparición de una mina buena, me dice el licenciado. Me cambia todo. Ahora en la calle recuerdo la confesión del licenciado y hago que si con la cabeza, y es cierto.&lt;br /&gt; A quien no le pasa.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Y los pibes que juegan en la calle. Que moran noche y día la vereda, un enjambre de pequeños  mugrientos y chillones.&lt;br /&gt; Juegan a tener sexo.&lt;br /&gt; Juegan sin pudor a cogerse en la calle. En la calle donde están todo el día para poder respirar, y evitar el aire pesado, irrespirable del lugar donde viven. Hacinados. Su corta vida.&lt;br /&gt; La calle donde evitan el aire podrido de sus propios olores.&lt;br /&gt; Los pibes juegan a lo que ven. Y ríen, ríen gritando. Imitando el grotesco que ven. Imitan lo que pasa donde viven. Pero en los ojitos les veo que no saben bien a que juegan.&lt;br /&gt;  Igual me incomoda.&lt;br /&gt; Igual sigo incomodo por la vereda, ahora cargada por gente que me roza al caminar veloces, torpes. Que no evitan chocarme.&lt;br /&gt; Porque jugar no es precisamente engañar. El hombre cuando juega finge, los niños no, los niños al jugar hacen una cosa importante, y seria.&lt;br /&gt; Juegan a lo que serán.&lt;br /&gt; Y en la calle, yo sigo jugando a encontrar mi fantasma en las vidrieras. Y otro habitante no frena tras los vidrios polarizados en el semáforo con luz roja, su flamante automóvil a pagar en cuotas.&lt;br /&gt; Detrás, el griterío del juego de los niños se apaga. El obsceno trato entre ellos se esfuma.&lt;br /&gt; Un pensamiento intruso me desvía la atención.&lt;br /&gt; Pienso que tono de voz tendría &lt;i&gt;Filloy&lt;/i&gt; al decir, que Dios en esta calle solo está presente en las puteadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Entro en la librería, solo mirando al descuido los cajones con libros apilados que hay al ingresar.&lt;br /&gt; Busco.&lt;br /&gt; Busco con los ojos afilados, hasta que doy con el lomo de la presa. Lo miro de reojo fingiendo buscar algo a su alrededor. Me alejo, abriendo ejemplares que nunca compraría. Me distrae algún texto ya leído.&lt;br /&gt; Estudio la ubicación de los empleados, si me enfocan. Si están ocupados. Pasan esos minutos en los que ya creo que soy transparente, en que me mimetizo con las estanterías cargadas de libros.&lt;br /&gt; Entonces vuelvo hacia la presa, lo extraigo del estante junto a su vecino. Finjo que pienso, que leo. Vuelvo a su lugar solo al vecino.&lt;br /&gt; La presa sale a la calle entre mis ropas.&lt;br /&gt; Ahora finjo apuro.&lt;br /&gt; Y me voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En el reflejo de las vidrieras del comercio pasa mi fantasma sin mirarme.&lt;br /&gt; En el parlante de una disquería la &lt;i&gt;Bersuit&lt;/i&gt; frasea, &lt;i&gt;quien no carga un bagayo en el prontuario del corazón...!!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt; En la primera plana de los diarios me venden la agonía del Papa tratando de hablar, traqueostomizado.&lt;br /&gt; Que pasa con la intimidad de la muerte, me pregunto y toco el bulto del libro bajo mi ropa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;&lt;i&gt;(2005)&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320871606803388?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320871606803388/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320871606803388' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320871606803388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320871606803388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/robando-libros.html' title='Robando libros'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320849453166222</id><published>2006-03-24T10:54:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T10:54:54.540-03:00</updated><title type='text'>Noche móvil</title><content type='html'>&lt;i&gt;“Alguien tuvo la malhadada idea de llevar un perro a la casa. Y conviene decir que cuando Matías narraba ese detalle sus accidentales oyentes se veían forzados a reír. Pero no él, que cerraba en cambio los ojos en este punto como si quisiese mirar dentro del pasado.&lt;br /&gt;Jamás vi un perro como ése, decía: comía cascaras de papas, cebollas, nabos, chauchas y cuanto se le venía a la boca; pero enflaquecía cada día más, a tal punto que los chicos, por referirse a las costillas, tan visibles, decían las espinas del perro.&lt;br /&gt;A los pocos meses era evidente que el animal no viviría mucho tiempo. Una sola vez en su vida comió carne, mejor dicho la probó. Se la dio el tío un día, ante el asombro de todos. Pero adentro llevaba una píldora de estricnina.”(1)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Marqué la página doblándola en su extremo superior, apagué la luz y apoye el libro sobre el asiento de al lado, estaba vacío. En varios movimientos pude distribuir casi con cierta comodidad toda mi anatomía en los dos asientos.&lt;br /&gt; Igual mis rodillas sufrían contra el plástico de la butaca de adelante.&lt;br /&gt; Afuera, en la intemperie, la negra enagua de las sombras le fue cubriendo la carne al día; cuajando la incomprensible inmensidad del universo con los puntos brillantes de las estrellas.&lt;br /&gt; Dejando bajo su seda la línea monótona de la pampa, y los impúdicos manojos de vellos, que son eucaliptus agrupados, cada tanto.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Los ojos cerrados siguen atentos, alertas, mirando en el insomnio dentro de esa noche móvil del colectivo. Esa noche de traqueteo, incómoda, con música de motor.&lt;br /&gt;  Nada incentiva más a la reflexión que las caminatas, o los viajes solitarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El micro, súbitamente, con el guiño encendido disminuyó la velocidad, desentono un rebaje en la marcha y se fue deteniendo mansamente dirigiéndose hacia el playón de una estación de servicios. Se balanceó en bruscas sacudidas cuando dejó el nivel del asfalto, y quedó clavado tras un corcovo haciendo mover las cabezas hacia atrás. Todas a la vez.&lt;br /&gt; En plena ruta, en plena travesía.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Con mis ojos cerrados de viajero, esa noche, es tan profunda, que ya no se puede hacer pie en ella.&lt;br /&gt; Siempre me tapa.&lt;br /&gt; Me impregna y no soy nada, apenas un bulto en las sombras. Y mis ojos se abren en el mismo insomnio, dentro de ese mundo vacilante. Y en el desconcierto de la oscuridad por un instante (de desesperante angustia) soy Matías tratando de encontrar un acto de bondad en la persona de su tío, la perfecta imagen del demonio.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Un potente soplido me despierta, se abre una puerta con un sistema neumático y por ella ingresa el humo del gasoil carburado.&lt;br /&gt;  Ese olor antiguo, ese olor de madrugadas, ese olor de que papá sale en el camión.&lt;br /&gt; Y el chillido metálico.&lt;br /&gt; Una voz entre sueños dice que paramos diez minutos. Y baja entre el olor a gasoil encendiendo un cigarrillo, luego desciende también el otro chofer. Este sin hablar, tratando de ver la hora en su muñeca, enfocando el vidrio del reloj hacia las luces del parador. Se levanta el cierre de la campera hasta el cuello, y se frota las manos mientras camina.&lt;br /&gt;  Se escucha el motor regulando, ronroneando resignado. El resto es silencio.&lt;br /&gt;  Decido bajar. Bajo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; El aire de la noche me aviva plenamente al respirarlo, me alejo hacia la oscuridad del campo abierto evitando el escape del Mercedes y el olor de los baños, acostumbrando los ojos al horizonte negrísimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Que bueno es orinar mirando las estrellas.&lt;br /&gt;   Estar en el universo y especular que estamos solos, nadie más en esa vastedad.&lt;br /&gt; Qué engreído pero, qué posible.&lt;br /&gt; No se lo puede imaginar totalmente en nuestros insignificantes cerebros.&lt;br /&gt; Y si no es así, si la vida nos vino de afuera. De esa oscuridad indescifrable.&lt;br /&gt; Y hay alguien más, y de ellos viene nuestra estructura.&lt;br /&gt; Esto que somos.&lt;br /&gt; Termino mi acto evacuatorio vesical emparejador de clases sociales que tiene esta especie terráquea, y continuo buscando algún movimiento entre las estrellas.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Y si somos el producto de unos aminoácidos salpicados sobre una roca, que aparecen luego de una reacción fortuita entre energía que se fusiona. Que choca.&lt;br /&gt; De impredecible origen.&lt;br /&gt; Y sin pretenderlo vuela. Se desplaza en el vacío, en caída libre y no levanta ni viento. Nada, porque está vacío.&lt;br /&gt; No hay, ni lo que pesa un ruido.   &lt;br /&gt; De ese infinito oscuro con algunas luces pequeñas.&lt;br /&gt; Titilando. &lt;br /&gt; En viajes a velocidad impensable.&lt;br /&gt; Un meteorito. Un cascotazo de Dios.&lt;br /&gt; Vuela llevando el juguito de vida y le pega en la boca a este planeta. Que como siempre deambula perdido, y se cruza sin mirar quien viene y liga el meteoritazo sin comerla ni beberla.&lt;br /&gt; Y después sigue la adaptación de los jugos, y en su interior los aminoácidos se unen, colean y crecen.   &lt;br /&gt; En ambos casos es asombroso, pero regreso al micro. El hijo de aminoácidos que conduce ya está sentado en el volante, y se puede ir sin mí.&lt;br /&gt;  El viento sur ha comenzado a moverse, excitado, acarreando nubes y no es grato mostrarle la cara al maldito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Una mujer joven lee, o simula leer alumbrada por ese minúsculo reflector encendido que tienen los ómnibus de larga distancia sobre la butaca. Un libro de &lt;i&gt;Bucay&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt; Viaja sola, y finge estar tan ensimismada en la lectura que no registro ningún gesto que pueda aceptar como respuesta a mi fugaz presencia.&lt;br /&gt;  Ni un parpadeo teatral, ni un cambio de posición estudiado, ni un gesto de mejoramiento fisonómico.&lt;br /&gt; Nada.&lt;br /&gt; Paso junto a ella y me pierdo en las sombras de mi asiento. Sin provocar ruidos.&lt;br /&gt; Ahora acechándola, como un cazador desarmado recuerdo un texto del Galo:&lt;br /&gt; &lt;i&gt;-“La chica decide reunir a los dos amigos en un solo cuerpo, el suyo...”. &lt;/i&gt;&lt;br /&gt; Ya tengo el rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No leas porquerías, - Pienso - mirando el reflejo blanco de las páginas del libro abierto.&lt;br /&gt; Con el tiempo te ensucian las fantasías, y no te olvides que de eso van a estar hechos tus sueños.&lt;br /&gt; Dejé a la mujer sola, para dedicarme nuevamente al cielo. Todo está en orden seguramente, me dije sin poder sacar los ojos de las estrellas que fueron desapareciendo tras densos nubarrones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Hace algo...! &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Me había gritado Soria cuando nos despedíamos, luego de nuestro último encuentro. Cuando ya estábamos separados por un largo corredor del hospital. Y levanto una mano saludando, para continuar mirándome y después sí girar, y caminar hacia la puerta por donde desapareció.&lt;br /&gt; Hacer, pensé, mirando esa puerta blanca que se había cerrado. Y no atiné a salir del lugar en que estaba parado.&lt;br /&gt; Aveces es mejor no hacer nada.&lt;br /&gt; Hay gente que es más peligrosa por su falsa actividad, más molesta, más amenazante, que si se dejaran de “hacer algo”.&lt;br /&gt; Si se dejaran de fingir, me dije, recordando el dialogo anterior a la despedida.&lt;br /&gt; Recluirme un tiempo en la pasividad, quizá me marque el terreno para una verdadera actividad.&lt;br /&gt; No sé.&lt;br /&gt; La Plata nunca fue mi ciudad, fue un exilio que traté de negar. Vuelvo a un lugar que ya no existe, pero debajo de la piel siento un placer que me aprieta, que me da escalofríos.&lt;br /&gt; Espero encontrar algo de la adolescencia, sin dudas, disfrazada por el tiempo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Comienza a llover, y las gotas obedeciendo la gravedad corren por el vidrio hasta unirse disciplinadas en un charco que se forma en el marco de la ventanilla, y en su rechazo líquido a toda forma se escapan por las juntas del metal.&lt;br /&gt; Se me cruzaron entre la oscuridad las fantasías adolescentes, cuando solo leía a &lt;i&gt;Hemigway&lt;/i&gt;, y quería ser como él. Pescar grandes merlines en el Golfo, beber daiquiris dobles sin azúcar hasta perder el habla en el &lt;i&gt;Sloppy Joe’s&lt;/i&gt; o en el &lt;i&gt;Floridita&lt;/i&gt;, cazar búfalos en Kenya o minas por las calles de París.&lt;br /&gt; Por un momento me recorrió el cuerpo la sensación de nadar mar adentro en plena noche, sin costas a la vista y sin saber la profundidad del agua bajo mío.&lt;br /&gt; En un pequeño acto privado también me dije, que la seducción es una de las formas de cambiar el orden del mundo, pero cuando ella apagó la luz me quede dormido nuevamente.&lt;br /&gt; El motor gritaba monótono, rumbo al sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;i&gt;(1) Fragmento del cuento “La lombriz” de Daniel Moyano (1930-1992) Argentino, publicado en 1964.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;(2005)&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320849453166222?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320849453166222/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320849453166222' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320849453166222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320849453166222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/noche-mvil.html' title='Noche móvil'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320828362454633</id><published>2006-03-24T10:50:00.000-03:00</published><updated>2006-05-03T18:01:29.480-03:00</updated><title type='text'>Ejercicio de vuelo</title><content type='html'>Tengo que conocerla.&lt;br /&gt;Le dije a mi imagen frente al espejo, mientras me afeitaba. Después me contuve de respirar, con un nimio esfuerzo, apoyando mi mano abierta y apretada sobre el pecho. Deje de respirar.&lt;br /&gt;Así, diciéndolo así, se me aparece ahora como la materialización del suspenso. Y lo fue. Al menos en la pantalla que era el espejo, y en la que estaba mi rostro. Apareció el suspenso.&lt;br /&gt;En plano americano.&lt;br /&gt;Aguanté lo más que pude. Partía de la premisa de no saber adonde terminaba este juego.&lt;br /&gt;Mantuve la apnea.&lt;br /&gt;El escritor dios, sabe todo lo que pasa por la cabeza de sus personajes y sabe todo lo que pasa en la historia.&lt;br /&gt;Me dije luego, ya un poco angustiado.&lt;br /&gt;La cara en el espejo comenzó a abotagarse, a pasarla mal, la piel adquirió urgente un rubor avergonzado, en un lapso casi inmediato pasó a la palidez y del pálido al azulado, y mis ojos sufrían.&lt;br /&gt;Me veía sufrir al mirarme a los ojos.&lt;br /&gt;Los ojos brillaban saltones, se podía leer en ellos la huella del pánico. Pedían aire, suplicaban aire, y la boca se abría en gesto de vomitar, o gritar y la lengua sola salía por la boca abierta.&lt;br /&gt;Hacia fuera, tocando los labios.&lt;br /&gt;Como hinchada.&lt;br /&gt;Hasta que no pude más verme la cara que tendría en la muerte, el gesto final y respire espantado, desesperado, con ruido, tosiendo, y aliviándome.&lt;br /&gt;A bocanadas.&lt;br /&gt;El rostro en el espejo cambió, por el de siempre. El brillo en los ojos continuó. Prolongó rastros de una agonía buscada, y sentí la humedad de los ojos al parpadear.&lt;br /&gt;Afectado.&lt;br /&gt;Sumergí después, repetidas veces la cara en el agua que cabe en las palmas ahuecadas, que suben juntas. Aplaudiendo ese poco de agua que transportaban en su hueco palmar las manos, desde el chorro de la canilla, y haciéndolo estallar contra mis pómulos y mis párpados cerrados.&lt;br /&gt;Sonando, al contacto con la piel de la cara, como un cachetazo. Helado.&lt;br /&gt;Mojando el espejo.&lt;br /&gt;Llorando en gotas que caminaban por el espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El efecto de esas palabras iba a resucitar recién al rato en mi cerebro hipóxico, cuando miré el reloj. Luché con los últimos rastros de barba armado de una maquinita inútil por el uso. Decidí terminar ya con la toalla en las manos.&lt;br /&gt;Afuera, el amanecer en el horizonte era como el filo de un papel quemándose. Hasta que apareció la llama del sol, cegando, y brilló de tal manera que apagó definitivamente la noche.&lt;br /&gt;Y el azul fue sublime.&lt;br /&gt;El cielo azul de la mañana fue sublime. En las nubes vi moverse el día, y me olvide de la cara que tendría en la muerte.&lt;br /&gt;Afuera ahora, estaba ese mundo que es la mañana.&lt;br /&gt;En el que todo se mueve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de conocerla, mientras caminaba y ya imaginaba el encuentro. Vino a mis pensamientos entrecortados por el ruido de la calle, la voz de Soria diciéndome.&lt;br /&gt;No sé mucho de ella, pero de verla actuar una noche en una guardia puedo decirte que: es insoportable.&lt;br /&gt;Soria es impiadoso, lo sé.&lt;br /&gt;Pero preciso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentado frente a ella, la vi obligada a seguir con sus ojos mis labios al hablar. A intentar comprende mis palabras disimulando esfuerzos extenuantes.&lt;br /&gt;Apoyaba sus pies juntos sobre los dedos en el piso de madera, elevando los tacos.&lt;br /&gt;No hacia nada con las manos.&lt;br /&gt;Cuando más confesiones de brujería se consiguen bajo tortura, más difícil es sostener que el asunto es pura fantasía. Le decía.&lt;br /&gt;Y que la infidelidad –aveces- es una maldad.&lt;br /&gt;Aveces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentaba pensar (ella).&lt;br /&gt;Seguir mi relato, acotar algo entre las frases. Pero solo ofrecía un parpadeo exagerado y un movimiento de su cabeza hacia atrás. Un gesto ambiguo, casi torpe.&lt;br /&gt;Le hablé del estilo insoportable de Elfriede Jelinek, y de su mundo imposible. Le tenía la cabeza como agarrada entre mis manos, no la dejaba mover.&lt;br /&gt;Sin tocarla.&lt;br /&gt;Le acerqué mi rostro mal afeitado hasta sentirle el olor de la piel.&lt;br /&gt;Olor a jabón, olor a jabón rancio.&lt;br /&gt;Seguro uno es, lo que hicieron con él, le espeté. Seguro también que ignoraba a Sartre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella había casi gritado, con su voz aguda, monocorde, que el matrimonio es una versión organizada de la prostitución. Soria me acercó detalles de un dialogo que tuvieron en una reunión familiar. Lo disecó, lo destripó al marido en el tiempo que le duró una copa de vino blanco en la mano. Me dijo.&lt;br /&gt;Tengo pruebas temibles de que el diablo aún sigue vivo, agregué.&lt;br /&gt;Y que la mentira, y todas las mentiras subsiguientes al engaño inicial pueden crear un clima insoportable.&lt;br /&gt;Gradualmente, fui bajando el tono de aquella prueba de humillación.&lt;br /&gt;Respiré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la puerta vaivén, que se abre hacia adentro, ingresa el par de disfrazados. Dos disfrazados y un solo disfraz. Un caballo de trapo multicolor de ojos muy abiertos y una lengua de paño rojo pegada aun costado de la boca que simula una gran sonrisa, o una carcajada.&lt;br /&gt;En su interior saltaban y bailaban divertidos los mascaritas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos pasos para adelante, y luego dos hacia atrás.&lt;br /&gt;Y el de adelante, el que veía, llevaba la cabeza también dos veces para un lado y dos para el otro.&lt;br /&gt;El de atrás, agachado, le abrazaba la cintura al dueño de las patas delanteras perdiendo aveces el ritmo y desencajándose por momentos el equino artificial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poco público extrañado comenzó a reír, por algún tropezón. Por alguna patada.&lt;br /&gt;Cantaban &lt;i&gt;“Los caminos de la vida” &lt;/i&gt;acompañando a &lt;i&gt;Vicentico&lt;/i&gt;, se ve con algún grabador oculto bajo el disfraz.&lt;br /&gt;Repartieron en las mesas habitadas unas pequeñas tarjetas de cartulina roja, que decían:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;La Sociedad Rionegrina de Aeronáutica Experimental ofrece diez mil pesos de premio al primero que consiga realizar un vuelo de un kilometro de longitud a cualquier altura, basado únicamente en el principio mecánico de aleteo continuo e impulsado por su propia fuerza. (La demostración será regida por las normas de medidas y observación de actos científicos de la Asociación)- No se aceptan reclamos –&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de adelante relinchaba, y guardaba las tarjetas sobrantes en los bolsillos de sus patas.&lt;br /&gt;El otro le decía: enfilá hacia la puerta, huevón.&lt;br /&gt;Se fueron dejando un olor pasajero a sudor y a tela pintada.&lt;br /&gt;Leí su apatía en los gestos, en su pensamiento que aparentaba el vacío. Al decir de su mirada.&lt;br /&gt;Yo veía el vacío.&lt;br /&gt;Se me cruzó nuevamente la voz de Soria diciéndome, no conozco a nadie menos sexy. Y moví la cabeza afirmando, reafirmando a Soria.&lt;br /&gt;En los juicios por brujería no se admiten pruebas atenuantes, o testigos de la defensa.&lt;br /&gt;Me escuché (pensaba en Soria).&lt;br /&gt;No creo que sepa ni de que estoy hablando. No busqué orientarla al tema donde me había nacido el odio. La rodeaba, sin llevarla a ningún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en los thrillers sobre los horrores de la vida urbana. Me la imaginé ya no sentada frente a mí, si no tirándose por una ventana con pánico en la expresión del rostro.&lt;br /&gt;Luego veo el interior de un departamento con la ventana abierta, decorado con afiches de películas de Almodovar y flores de plástico.&lt;br /&gt;Me asomo a la ventana, y hostiles vecinos miran hacia la calle por otras ventanas iguales.&lt;br /&gt;Linderas.&lt;br /&gt;Ya se había juntado un gentío alrededor de la mujer estampillada contra el pavimento. Alguien se arrodillaba pegado al cuerpo inmóvil.&lt;br /&gt;Había sangre en el pavimento.&lt;br /&gt;Poca sangre.&lt;br /&gt;Un hombro luxado hacia atrás, seguramente luxado por la posición del brazo que sostenía con correas de cuero fijas a un arnés, las alas mecánicas.&lt;br /&gt;Y en los ojos abiertos la mueca del terror.&lt;br /&gt;Y luego si, quienes la rodean dejan de mirarla y buscan el lugar desde donde fue la caída.&lt;br /&gt;Miran hacia la ventana abierta. Hacia arriba.&lt;br /&gt;Por donde yo me asomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente la veo pararse. Sin correr hacia atrás la silla en que está sentada, por lo cual para huir tiene que hacer un movimiento que la incomoda. Apoyar, para sostenerse, una mano en el asiento, y pasar luego las piernas por el costado de la silla.&lt;br /&gt;Perdiendo postura.&lt;br /&gt;Se para sin dejar de mirarme con desprecio. Aprieta los labios quizá conteniendo una nausea.&lt;br /&gt;Y en los ojos se le mezcla el fantástico odio y el fantástico desprecio, que aparece en la mirada femenina cuando le es imposible hablar.&lt;br /&gt;Y en los pómulos le brilla una fina capa de sudor furioso. De frío sudor furioso.&lt;br /&gt;Y logra dejar la silla. Molesta.&lt;br /&gt;Y no habla.&lt;br /&gt;Y da media vuelta, y se retira sin volver la cabeza.&lt;br /&gt;Y antes de llegar a la puerta vaivén uno de sus tacos resbala y el tobillo se tuerce, trastabilla.&lt;br /&gt;Baja la cabeza para mirarse el pie. No vuelve la cabeza hacia donde yo la observo. Si, se acomoda el pelo. En el próximo paso disimula que ya es normal, y aún más apurado.&lt;br /&gt;Y sale. Odiando.&lt;br /&gt;Las dos hojas de la puerta se abren hacia fuera y quedan moviéndose, entrando y saliendo.&lt;br /&gt;Agitadas.&lt;br /&gt;Hasta que se alinean, se amigan y pactan. Inmóviles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La seducción –me digo- es siempre más singular y más sublime que el sexo, y es a ella a la que le atribuimos el máximo placer.&lt;br /&gt;El sexo –aveces- es el hiperrealismo del goce. Me digo después.&lt;br /&gt;Aveces no, aveces es un acto gimnástico con un final más o menos torpe.&lt;br /&gt;Más o menos –digo, percibiendo que hablo-. Y miro hacia el movimiento de la calle.&lt;br /&gt;En este nuevo silencio, entre un sentimiento de pesar por haber hecho algo, escucho una pareja de ancianos dialogar casi a los gritos.&lt;br /&gt;Repetir lo que ya dijeron, y olvidarse lo que dijeron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;(2005)&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320828362454633?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320828362454633/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320828362454633' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320828362454633'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320828362454633'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/ejercicio-de-vuelo.html' title='Ejercicio de vuelo'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320805125835447</id><published>2006-03-24T10:46:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T10:47:31.266-03:00</updated><title type='text'>El fin del mundo</title><content type='html'>Porqué Zidane recibe la pelota entre dos rivales que van a golpearlo, los elimina con una gambeta, y no lo tocan?&lt;br /&gt; La cede a Roberto Carlos que sube por la banda, este llega al fondo, y en un solo toque envía el centro a la media luna del área.&lt;br /&gt; Y el francés de aire, impacta el balón con la cara externa del pie izquierdo. Y la bocha vuela obediente y se clava en el ángulo?&lt;br /&gt; Y el arquero la mira pasar, y el estadio del Manchester queda mudo, admirándolo y odiándolo?&lt;br /&gt; Porqué no mueren más criaturas atropelladas en las calles?&lt;br /&gt; Miles de automóviles pasan todos los días a gran velocidad, por delante de los colegios junto a las veredas donde ellos juegan sin conciencia de peligro.&lt;br /&gt; A nadie le sorprende que aviones que pesan cientos de toneladas se desplacen por el aire sin ningún problema. ¿Les parece normal que se vengan abajo con tan poca frecuencia?.&lt;br /&gt; A nadie sorprende que luego de años aspirando varios paquetes de humo cancerígeno al día, sólo uno de cada tres fumadores muere a causa de este vicio?&lt;br /&gt; Por qué el Quini o la lotería en sus pozos más grandes siempre le toca a algún muerto de hambre? A un tipo sin laburo, y lleno de deudas.&lt;br /&gt; Cómo es posible que los matrimonios duren tantos años?&lt;br /&gt; Cómo se reciben de abogados ó médicos semejantes animales analfabetos?. Cómo aprueban los examenes?&lt;br /&gt; Cómo puede alguien llegar a presidente de la nación, ó gobernador de provincia sin ningún mérito que lo justifique? Y sin que el pueblo los quiera como sus representantes?&lt;br /&gt; A quien le asombra leer el cuento “Todos los veranos(*)”?, y pensar que lo hizo un simple mortal? (alguien que vivía y sufría como nosotros, y que los intolerantes no lo pudieron soportar).&lt;br /&gt; Porqué un tipo tan feo y aburrido, se cepilla a semejante pedazo de hembra?&lt;br /&gt; Si se ha planteado alguna de estas preguntas y ha llegado a pensar en la intervención divina, estaba en lo cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Dios nos creó así, imperfectos y libres, y aquello le proporcionó una diversión sin límites.&lt;br /&gt; El creador desde arriba, se pasaba días enteros cagandose de risa. Divertido.&lt;br /&gt; Mirando a los seres humanos tropezándose, chocando sus vehículos por maniobras imbéciles, no usando preservativos, eligiendo a sus representantes tras ser seducidos por discursos, quemándose con el fuego una y otra vez, cometiendo las mayores estupideces por amor, o ahogándose en los río por intentar impresionar minas.&lt;br /&gt; Pero se dio cuenta de que si dejaba al hombre a su libre capricho, se iba a quedar pronto sin joda.&lt;br /&gt; El ser humano era demasiado torpe, se encamina a la extinción en muy poco tiempo.&lt;br /&gt; El impulso autodestructivo del homo sapiens no tiene límites.&lt;br /&gt; No contentos con sus torpezas cotidianas, un grupo de hombres, eligen a George W. Bush como rey del mundo. Y este organiza un par de guerras por año, de consecuencias devastadoras.&lt;br /&gt; Esto no podía ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando Carlitos de la Rioja  murió, el Creador se encontró en un aprieto.&lt;br /&gt; Había sido un político hábil. Había lavado, aparte del abundante dinero del narcotráfico, el cerebro de millones argentinos.&lt;br /&gt; Había amasado fortunas, gracias a los generosos actos de corrupción de su gobierno. Que exigía a sus adeptos silencio y votos, a cambio de promesas de salvación eterna, y vivir en el primer mundo.&lt;br /&gt; Había practicado la poligamia, y la mentira sistematizada, y hecho perder la virtud a centenares de jóvenes militantes por medio de engaños.&lt;br /&gt; Había ingerido y traficado con todo tipo de drogas, y subvencionado alguna que otra campaña militar en países hermanos, también subdesarrollados. Vendiendo armas que no funcionaban, a buen precio.&lt;br /&gt; Había dejado un país en ruinas.&lt;br /&gt; Merecía arder en el infierno por toda la eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sin embargo, había un factor atenuante.&lt;br /&gt; Carlitos de la Rioja, a su manera, había ayudado a la gente. Algunos actos de gobierno que había realizado habían funcionado y, de ese modo, había mejorado la vida de algunas personas. Los grandes capitales lo amaban, cada vez eran más ricos, gracias a su política de estado.&lt;br /&gt; Estaba el caso de aquella vendedora de cemento que tras ser tocada en la frente por el reverendo Carlitos, llegó a convertirse en la dueña de grandes territorios y trazados ferroviarios nacionales, monopolizando el mercado. Y encabezó el listado de los más ricos, en las sociedades de beneficencia de Nueva York.&lt;br /&gt; Comprando obras de arte carisimas. Que colgaba en su piso de la Gran Manzana, y observaba solamente ella, desde su silla de ruedas.&lt;br /&gt; O aquella joven funcionaría liberal, hija de un célebre economista de gobiernos militares que, gracias a su toque divino, mejoró enormemente en su aspecto y en bienes.&lt;br /&gt; Vendió empresas del estado con la misma soltura con que se negocia con el verdulero, y terminó en la tapa de las revistas cholulas en bolas, solo cubierta por un abrigo de pieles de animales en extinción.&lt;br /&gt; Que su secretaría de estado debía proteger.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Carlitos fue llevado ante aquel cuyo nombre había pronunciado tantas veces en vano.&lt;br /&gt; Desde su enorme trono, Dios le dirigía una colérica mirada.&lt;br /&gt; Los grandes bucles de su barba blanca se perdían en el infinito. Tras un espantoso silencio, que pudo durar siglos o segundos, Dios habló y su estruendosa voz hizo temblar el universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Carlitos..., has sido un auténtico hijo de puta...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Al político de la Rioja le sorprendió el lenguaje utilizado por el Creador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Me  arrepiento de mis actos... Señor...!, humildemente...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Tu tono de voz no me convence en absoluto...! &lt;/i&gt;- Contestó Dios con frialdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;-De verdad, de verdad...Señor...!, no puede haber nadie en el mundo más arrepentido que ioo...! &lt;/i&gt;- Dijo Carlitos, entre sollozos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La voz de Dios se llenó de furia, y en el cielo aparecieron miles de relámpagos amenazadores e imágenes apocalípticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Dudo que jamás logres redimir la magnitud del mal que has hecho a este país..., en vida...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Te condeno...!, a vagar por la Tierra y ayudar a los hombres...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Déjeme señor..., déjeme que le explique, humildemente, ... cuales eran mis planes para mis queridos hermanos...y hermanas de mi patria...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;-¡Hágase el silencio! &lt;/i&gt;- dijo el Creador, enojado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y una vez dicho esto, lo miró con indiferencia e hizo un gesto desganado con la mano, como quien se aparta una mosca de la nariz.&lt;br /&gt; El ex presidente vio pasar las nubes a su alrededor.&lt;br /&gt; Veloces.&lt;br /&gt; Estaba descendiendo en caída libre hacia la Tierra.&lt;br /&gt; Bajo él, podía ver montañas, ríos serpenteantes, pequeñas poblaciones y campos sembrados aproximándose rápidamente.&lt;br /&gt; Entró en pánico.&lt;br /&gt; Se puso a mover los brazos en un intento desesperado de salvarse, hasta que se dio cuenta de que en su espalda habían aparecido dos apéndices alados.&lt;br /&gt; Marrones oscuros. Con plumitas.&lt;br /&gt; Carlitos de la Rioja se había convertido en ángel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La primera buena acción del político corrupto tuvo lugar en un aula de un pequeño colegio del interior del país.&lt;br /&gt; Carlitos se encontraba aleteando por el aire de la clase, cuando su mirada se fijó en un niño que estaba peleándose con un problema de matemáticas.&lt;br /&gt; Jaimito, así se llamaba, era el niño más torpe de segundo grado.&lt;br /&gt; El ángel leyó el sencillo problema matemático, cuya resolución necesitaba de una simple resta y le susurró varias veces el resultado a la oreja. Jaimito, con poca convicción, escribió el número en su cuaderno apretando la birome.&lt;br /&gt; La maestra sorprendida, al ver que el niño había escrito la solución correcta, decidió preguntarle el resultado, para así mejorar la baja estima que el alumno tenía de sí mismo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Veintisiete...! &lt;/i&gt;- Contestó Jaimito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;-¡Muy bieeeen... Jaimiiiito! &lt;/i&gt;- Celebró la maestra &lt;i&gt;¡Pero muy bien!,... ¡Esa es la respuesta correcta! Te felicito...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El resto de los alumnos de segundo grado miraban a Jaimito con admiración y él, por primera vez en su vida, se sintió realmente orgulloso de sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Jaimito, pasa al pizarrón para que veamos todos... cómo has resuelto el problemita...!. &lt;/i&gt;– Dijo la maestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El niño sintió tanto pavor que se meó y cagó encima, provocando la carcajada maliciosa en todos sus compañeritos.&lt;br /&gt; Este no era el Jaimito de los cuentos, podía afirmarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras varios intentos igualmente fallidos, Carlitos se dio cuenta de que ayudar a la gente no era tan simple como había creído.&lt;br /&gt; En su existencia como mortal se había pasado la vida convenciendo a la gente de que él era el mejor, que lo siguieran. Que haría de la justicia su arma más importante.&lt;br /&gt; Que no los iba a defraudar. &lt;br /&gt; Prometía éxitos, fortunas, y futuros mejores, los llenaba de esperanzas. Sabiendo que cada vez serian más pobres e ignorantes.&lt;br /&gt; Y dominados.&lt;br /&gt; Hacia de sus tramposos amigos, honorables jueces de la nación. Para ayudar a sus patrones capitalistas con fallos perversos, contra los laburantes.&lt;br /&gt; La gente vivía engañada, creyendo posibles cosas que no lo eran. Y así, las frustraciones los fueron minando. El hambre fue la sensación más frecuente que poseían. La desocupación ascendía meteóricamente, junto a la delincuencia, la corrupción policial y la violencia inusitada.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Juan era un periodista joven atractivo y brillante.&lt;br /&gt; Trabajaba a destajo en la televisión privatizada por Carlitos de la Rioja. Ella era una hermosa joven con un cociente intelectual extraordinario. Acababa de graduarse en ciencias de la comunicación en la universidad del Salvador.&lt;br /&gt; Se gustaban desde la primera vez que se vieron, pero había algo en Juan que ponía freno al romance.&lt;br /&gt; Algo que ella no podía descifrar en su cabecita rubia.&lt;br /&gt; Hasta que Juan se sinceró ante las cámaras, un día en que las sustancias que utilizaba le jugaron una mala pasaba.&lt;br /&gt; En el momento de mayor audiencia del canal, dijo que era puto.&lt;br /&gt; Y que le gustaba.&lt;br /&gt; Las sustancias utilizadas diariamente se empecinaban en deteriorar su belleza y calidad intelectual, de investigador y periodista. Sus programas de denuncia y cámaras ocultas, atrapaban solamente a la numerosa audiencia homosexual. Que él aseguraba estaba en crecimiento geométrico.&lt;br /&gt; Y tenía razón.&lt;br /&gt; Unos meses después lo internaron por sobredosis. Y depresión asociada a las drogas. Los colegas amigos decían en programas farandulescos, lo lamentable de su caída, y que se iba a recuperar.&lt;br /&gt; Pronto.&lt;br /&gt; Algunos trolos, que integran indispensablemente los paneles de estos programas, mostraban tristeza. Solo en el momento que los enfocaba la cámara.&lt;br /&gt; Luego se cagaban de risa.&lt;br /&gt; Ella tubo una serie de romances, que fueron tapa de revistas del ambiente. Durante el verano mostró las tetas para Play Boy de Argentina. Por un buen dinero.&lt;br /&gt; Igual que Juan, ingresó al consumo de sustancias. Se frenaba con tequila.&lt;br /&gt; Era lo más cool.&lt;br /&gt; Aumentó un poco de peso, se la escucho opinar desafortunadamente sobre temas que no conocía en almuerzos televisivos.&lt;br /&gt; Juan dejó una carta, y se zambulló de cabeza desde el balcón de su hermoso departamento de barrio Norte. Sin oponer las manos a la vereda de baldosas, que en un segundo se le vino encima. A través de sus grandes ojos verdes, en el aire, veía borroso.&lt;br /&gt; Los huesos del cráneo no pudieron salvar el contenido blanduzco y frágil.&lt;br /&gt; Le estalló la cabeza.&lt;br /&gt; Duró su agonía más o menos tres noticieros. Lo lloró sinceramente todo el mundo, sobre todo las minas y los putos. Tenia treinta y tres años.&lt;br /&gt; Ella no apareció en cámara.&lt;br /&gt; El ángel de alas marrones lo sobrevoló hasta último momento. Hasta cuando se anunciaba la donación de sus órganos.&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Por lo general, los ángeles disfrutaban de su vida en compañía de los hombres. De vez en cuando coincidían en una plaza o en un bar, y hablaban de sus vidas anteriores, y de la satisfacción que proporcionaba ayudar a la gente.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;i&gt;-No creo que sean conscientes de lo que están haciendo...! &lt;/i&gt;– Les decía Carlitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;-¿Qué me querés  decir...?&lt;/i&gt;- Preguntó un joven ángel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El ex presidente tuvo que esperar antes de contestar, porque el ángel se había levantado para señalarle a una niña de tres años que lloraba perdida, dónde estaba su mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;- Los estamos engañando...!, esto es chamuyo...!, de esta forma no estamos ayudando a nadie...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mohamed Ata Jr., se enfrentaba al mayor reto de su carrera de piloto suicida, entrenado en la real fuerza aérea británica. Con el nombre cambiado a un borrachito de Liverpool, por su organización terrorista.&lt;br /&gt; El Boing 747 salía con la máxima carga de combustibles en sus tanques del aeropuerto de Los Angeles.&lt;br /&gt; El pasaje con capacidad completa. En su mayoría escolares.&lt;br /&gt; Ata Jr. tomó los mandos un momento antes de sobrevolar el nuevo estadio de los Lakers.&lt;br /&gt; Esa noche se disputaba una semifinal de la NBA.&lt;br /&gt; Una pasajera afroamericana que dominaba las artes marciales, logró reducirlo y evitar que se estrellaran contra el mega edificio repleto de gente.&lt;br /&gt; El árabe se suicidó mordiendo una cápsula con veneno que mantenía en la boca, por si las moscas.&lt;br /&gt; El ángel de la cabina del Boing, suspiró aliviado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero en Caballito, una anciana al tratar de observar un atardecer de Buenos Aires. Desde su balcón del octavo piso. Con “Jazmin”, su mascota, en brazos.&lt;br /&gt; Un chihuahua blancuzco, con cobertor de paño a cuadritos atado al cuello.&lt;br /&gt; El perrito sin previo aviso, saltó al vació.&lt;br /&gt; Y al desplomarse desde aquella altura y destrozarse contra el suelo, el animalito aplastó en su impacto la cabeza del portero santiagueño que barría la vereda. Silbando un tango.&lt;br /&gt;   Aquello sucedió bajo la presencia de un ángel de mirada severa que revoloteaba sobre la avenida.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; A partir de ese momento no hubo marcha atrás.&lt;br /&gt; Los dueños de restaurantes perseguían a clientes indeseables, montados en modernas camionetas cuatro por cuatro, para balearlos en plena calle.&lt;br /&gt; En los restaurantes empezó a quemarse la comida.&lt;br /&gt; A los animadores de televisión, les venían ganas insoportables de “ir de cuerpo”, estando en vivo.&lt;br /&gt; Los cadáveres de mujeres jóvenes aparecían en estado de descomposición, en descampados cercanos a las capitales.&lt;br /&gt; Luego de las festicholas drogonas de los hijos del poder, en provincias tan pobres que la causa más importante de internación en los hospitales, es la desnutrición, y sus consecuencias.&lt;br /&gt; Una niña palestina subía a un autobus repleto de escolares en el centro de Jerusalen, con diez kilogramos de explosivos escondidos entre las ropas, para inmolarse.&lt;br /&gt; Los pibes morían atropellados frente a las escuelas, y también de hambre y marginación, en sus chozas tucumanas, formoseñas o bonaerenses.&lt;br /&gt; Los honorables senadores de la nación recibían del propio gobierno democrático, jugosas sumas de dinero americano para levantar la mano, durante la votación de leyes corruptas.&lt;br /&gt; Que producirían más hambre, analfabetismo a la población, y su consecuente violencia.&lt;br /&gt; Algunas mujeres, en lujosas residencias rurales. Con vigilancia privada, cancha de tenis y masajistas a domicilio. Morían accidentalmente, de seis balazos en la cabeza. Según la versión de sus familiares más íntimos.&lt;br /&gt; El consumo de pegamentos aspirado dentro de una bolsa de supermercado por adolescentes, se multiplicaba siniestramente.&lt;br /&gt; Como los piojos en su propia cabeza.&lt;br /&gt; Delanteros infalibles erraban goles “hechos”, donde solo debían empujarla.&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt; El fin del mundo estaba cerca, era sólo cuestión de esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;u&gt;&lt;i&gt;(*) Su autor es Haroldo Conti (Argentino - Desaparecido el 4 de mayo de 1976)&lt;/i&gt;&lt;/u&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320805125835447?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320805125835447/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320805125835447' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320805125835447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320805125835447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/el-fin-del-mundo.html' title='El fin del mundo'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320773107793674</id><published>2006-03-24T10:41:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T10:42:11.080-03:00</updated><title type='text'>La llegada</title><content type='html'>&lt;i&gt;En los gritos, en las órdenes de desembarco, en medio del ruido de las olas al romper y el ruido del agua al clavar los remos. En los mandatos terminantes, en las advertencias, en los chillidos sumándose al sonido de la madera golpeada por un mar transparente y cálido.&lt;br /&gt;En las gracias a su dios, en las bendiciones, en las plegarias, las homilías y la emoción de pisar tierra firme.&lt;br /&gt;Tierra nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio del sonido de chocar los metales de las armas y estandartes que los identifican, entre el viento suave sobre una playa desierta, entre el crujido de la arena blanca al hundirse bajo las pisadas de botas extrañas. Y al hundirse bajo pies desnudos, y rodillas que se hincan con fuerza y manos que también se hunden en la misma arena y la aprietan -a esa arena- con puños crispados.&lt;br /&gt;Puños de manos que vienen del otro lado del océano.&lt;br /&gt;En las voces que rezan con alegría y locura, en el llanto, en el clamor de las arengas, en las exclamaciones de sorpresa por tanta belleza. Ante esas criaturas, esas aves multicolores y esos seres extraños que corren desnudos, ante el verde infinito de la selva, ante el salvaje azul pleno de los cielos que miran agradeciendo.&lt;br /&gt;En las advertencias de su poder, en los alaridos del ataque, de ataque impune a indefensos o inadvertidos.&lt;br /&gt;En las decisiones para matar sin culpa, sin lastima, bajo la mirada de su único dios, que les lava esa culpa con solo hablarle a una cruz, esos palos cruzados que acarrean hombres vestidos con sotanas.&lt;br /&gt;En los sermones, que autorizan la espada, que dicen no matas un humano cuando matas a uno de ellos. No tienen alma, son una excrecencia de la naturaleza.&lt;br /&gt;En el pensamiento famélico, agotado por la travesía. En la prédica de la ambición. En la intolerancia. En las ordenes de sometimiento, de ejecución, de falta de respeto. De indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y las palabras de su ambición en esta fantasía, se mezclan con este aire, que es el tiempo real, en gritados derroteros hacia también, este azar de tierras calientes.&lt;br /&gt;A este Sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se agregan al titubeo de no poder describir estas, las pampas infinitas, con cielos de insoportable azul y altísimo.&lt;br /&gt;Con noches donde la bóveda cribada de estrellas lo abarca todo, y muestra los cuatro puntos cardinales a la vez.&lt;br /&gt;Y descubren los puntos centelleantes de los astros juntarse con el suelo, tocar la tierra, como si brotaran del suelo mismo en un oculto horizonte de estallidos, de resplandores de nacimiento.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Así, así nos llegó el idioma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y buscaron dentro de él, buscaron las palabras para interpretar las lejanías.&lt;br /&gt;Y el idioma discutió, la nunca vista y perfecta desnudez de la intemperie. Y se fue animando en mediterraneas avanzadas marcadas por el humo, por la sangre manchando sus armas, por la masacre.&lt;br /&gt;Y sintió que allí estaban todos sus sueños encerrados.&lt;br /&gt;Y se quedó.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;(2006)&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320773107793674?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320773107793674/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320773107793674' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320773107793674'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320773107793674'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/la-llegada.html' title='La llegada'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320760008941522</id><published>2006-03-24T10:39:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T10:40:00.090-03:00</updated><title type='text'>Leñero (los dias de Juan Castillo)</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;i&gt;Burbujea el mediodia,&lt;br /&gt;en la piel de los lagartos&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;Como cuerdas los tendones&lt;br /&gt;se prolongan en los brazos,&lt;br /&gt;casi se arrancan del hueso&lt;br /&gt;aguantando la barreta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin querer sus ojos secos, buscan la de vino blanco.&lt;br /&gt;Se para, mira a lo lejos&lt;br /&gt;descarga un chorro en la tierra&lt;br /&gt;y hace girar la botella,&lt;br /&gt;la aprieta fuerte en la mano,&lt;br /&gt;por un segundo a  la vida&lt;br /&gt;la siente junto al garguero, y en ese espasmo se queda.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;&lt;i&gt;El cielo se fue afilando,&lt;br /&gt;en los bordes de su cara.&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;Se resfriega lentamente&lt;br /&gt;la manga sobre la boca,&lt;br /&gt;con los parpados cerrados&lt;br /&gt;aguanta que el viento pase,&lt;br /&gt;lo entierre un poco en la arena,&lt;br /&gt;vaya buscando las bardas, y se encrespe en los neneos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;&lt;i&gt;Un silbo se desvanece,&lt;br /&gt;volando por el silencio.&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;Repite el trago sin gestos&lt;br /&gt;esta vez mirando el suelo,&lt;br /&gt;fija la gorra en la frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ilusión de eternidad&lt;br /&gt;que lo moja por adentro,  se fue cumpliendo en su espalda.&lt;br /&gt;Escupe, palma con palma&lt;br /&gt;se agacha y agazapado&lt;br /&gt;grita enterrando la pala.&lt;br /&gt;De golpe parte el hachazo&lt;br /&gt;(es un brillo centellante)&lt;br /&gt;que mata al algarrobillo,&lt;br /&gt;justo en la  firme raiz, y  en lo profundo de su alma.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;&lt;i&gt;Rebota la mano blanca, &lt;br /&gt;del sol entre los pedreros.&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;Para mi amigo Walter Ocampo (El poeta fundamental de San José -Entre Ríos)&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;(2005)&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320760008941522?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320760008941522/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320760008941522' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320760008941522'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320760008941522'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/leero-los-dias-de-juan-castillo.html' title='Leñero (los dias de Juan Castillo)'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320739489480720</id><published>2006-03-24T10:35:00.000-03:00</published><updated>2006-04-19T18:04:41.116-03:00</updated><title type='text'>Azul (en el contorno del mar)</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Loberia%20Rocas1.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Loberia%20Rocas1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Ahora sin verlo, en el recuerdo,&lt;br /&gt;en la tarde tajeada por el sol,&lt;br /&gt;el mar se aparecía temible y azul, y en lo distante, en lo lejano,&lt;br /&gt;ese azul se perdía dentro de sus ojos,&lt;br /&gt;de mirarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en el pelo,&lt;br /&gt;en la grácil catarata desprovista de colores (que goteaba emergida),&lt;br /&gt;se apoyaba la arena,&lt;br /&gt;que es agua ausente,&lt;br /&gt;y es un silencio (para siempre).&lt;br /&gt;La plena concepción del azabache.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ausencia (esa suerte de agujero en la materia),&lt;br /&gt;era el negro.&lt;br /&gt;De su pelo rezumante, recién empapado,&lt;br /&gt;y el dibujo del viento en el agua.&lt;br /&gt;(y la Calima,&lt;br /&gt;el polvo del Sahara, suspendido sobre el mar.&lt;br /&gt;Como niebla)&lt;br /&gt;Coronando el espacio ligero, sutil de la cara,&lt;br /&gt;Y los ojazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los restos de la luna le caían al barranco,&lt;br /&gt;la edad nos llovía sin mojarnos.&lt;br /&gt;La niña jugaba en el desierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mar,&lt;br /&gt;el miedo del azul, es como el cielo.&lt;br /&gt;Pero abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de pronto,&lt;br /&gt;a duras penas, en la sed que quema,&lt;br /&gt;hoscamente en el fondo (el oleum pretiosum se impregna de esmeralda).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transitando la piedra,&lt;br /&gt;en el pómulo rudo del que se aleja,&lt;br /&gt;doliéndole el color de la piel calcinada.&lt;br /&gt;Se marcha el forastero.&lt;br /&gt;La perra soledad se meterá en su lecho,&lt;br /&gt;se encarnará en su lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es un solo hombre.&lt;br /&gt;Hoy sin amigos (los que lo esperan cuando cruza mundo).&lt;br /&gt;No se que formas extraña,&lt;br /&gt;que formas le duelen en las manos,&lt;br /&gt;que ceremonias ya no necesita,&lt;br /&gt;las lleva grabadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre solo, (ahí va, con sus pobres huesos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiere estar de una vez en el día siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320739489480720?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320739489480720/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320739489480720' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320739489480720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320739489480720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/azul-en-el-contorno-del-mar.html' title='Azul (en el contorno del mar)'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320703822037612</id><published>2006-03-24T10:29:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T10:30:38.226-03:00</updated><title type='text'>Los hechos solo ocurren en el presente</title><content type='html'>El día, ese espacio de angustia, tiñe el barrio de un gris mortecino, vacilante, y jugando se cuelga de un pilar de ladrillos que sujeta alambrados, de un postigo orgulloso de esconder resplandores, de veredas gastadas por la gente viviendo, o del reflejo fugaz de una mirada.&lt;br /&gt;  Y en un hechizo &lt;i&gt;(en ese superlativo instante inesperado)&lt;/i&gt;, a ese día omnipotente, déspota orgulloso de su sol, lo conmueve &lt;i&gt;(lo ataca)&lt;/i&gt; el viento, que viaja eternamente, haciendolo fugaz, transitorio &lt;i&gt;(brevisimo)&lt;/i&gt;, y mortalmente tocado por las penumbras, que ya comienzan a invadirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Sentados en el alto cordón de la vereda. Las piernas colgadas, pendulando, apenas tocaban la calle.&lt;br /&gt;  Los amigos decidían las fábulas, marcado - aveces - con la punta de un pie en el ripio, &lt;i&gt;(y así)&lt;/i&gt; definiendo sus ideas en algún dibujo, que sintetizaba &lt;i&gt;(torpemente)&lt;/i&gt; estructuras difíciles de obtener con la palabra.&lt;br /&gt; Habían logrado superar, más rápido de lo que sus pobres cerebros aspiraban, la obsesión del paso del tiempo y de la muerte, captando &lt;i&gt;(para su regocijo)&lt;/i&gt; que la belleza siempre existe, incluso en el espanto, incluso en el agobio.&lt;br /&gt;  No hablaban de la vejez &lt;i&gt;(la maldita)&lt;/i&gt;, que aun no les tocaba la piel de la cara, ni el poder de sus ojos &lt;i&gt;(ni sus ganas)&lt;/i&gt;. La veían como a una mujer lejana a la que no tenían acceso, y podían utilizar toda la vida para conquistarla. La adolescencia latía por sus arterias salvajemente &lt;i&gt;(roja)&lt;/i&gt;, en un ir y venir endemoniado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La ventolera en un parpadeo dejó de soplar, pero el polvo que había arrastrado cubría con una roñosa túnica los muebles y las hojas de los geranios, que en macetas amontonadas, se asomaban por la vidriera de la peluquería. Logrando que todo fuera del mismo color.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  No había distracciones para temas banales o cotidianos &lt;i&gt;(ni respiro)&lt;/i&gt;, seguro se acercaban a verdades trascendentes en su análisis.&lt;br /&gt; Trataban de descular, - no sin esfuerzo -, la Teoría Geometríca Táctil de Tlon y sus aplicaciones fulbolisticas elementales, a utilizar en el potrero.&lt;br /&gt;  De ahí la necesidad de simplificar como hipótesis al lenguaje común esa frase sencilla pero mefistofélica :&lt;i&gt; El hombre que se desplaza modifica las formas que lo circundan.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El humo de la alta chimenea que brota entre el tejado de la estación del ferrocarril, intentaba elevarse inútilmente, reptando a duras penas hacia el cielo acerado y cada vez más negro, para por fin soldarse con el horizonte de cerros pelados, estériles y viejos como el mundo, que ahora eran solo sombras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Luego de golpear varias veces con el taco de la zapatilla, clavándolo en la arena finisima que se amontonaba al reparo de la vereda, progresando en un pozo, apareció entre el gris arenoso un destello plateado &lt;i&gt;(fulminante)&lt;/i&gt;, cegador. Y en un relámpago desapareció nuevamente en el mismo movimiento, sumergido &lt;i&gt;(tragado)&lt;/i&gt;, en ese polvo cósmico, que el viento junta constante, tozudo, cuando sopla desde el sur del continente &lt;i&gt;(rabioso)&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;  Los dedos de Puntin &lt;i&gt;(crispados)&lt;/i&gt; lo desenterraron urgente, de un arañazo, hasta dar &lt;i&gt;(voraces)&lt;/i&gt; con un cono de metal reluciente, del tamaño de un dado. &lt;br /&gt;  Con esfuerzo &lt;i&gt;(disparatado)&lt;/i&gt; lo levantó en el puño cerrado, para luego dejarlo en el centro ahuecado de su otra mano. El peso era inaguantable, inadmisible &lt;i&gt;(absurdo)&lt;/i&gt; para el tamaño, le dolía sostenerlo y espantado lo dejó caer con alivio &lt;i&gt;(nuevamente)&lt;/i&gt; sobre el gris sideral amontonado sobre las baldosas, en un estallido sin ruido, &lt;i&gt;(al chocar, en el impacto, volaron infinitas partículas microscópicas)&lt;/i&gt;, lo ocultó con una rápida maniobra de su pie izquierdo, como una palada salvadora.&lt;br /&gt;   El objeto quedó cubierto por una montañita de arena inocente, sus ojos quedaron fijos, absortos, enfocando la montañita &lt;i&gt;(cautivados)&lt;/i&gt;. Suspiró profundo dos veces, borrando el cagazo ... y lo miró a Carucha, como quien se acobarda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tenían que planificar los movimientos hasta tener certera eficacia, y suficiente firmeza en sus palabras, para luego de resolver la hipótesis de que: los hechos solo ocurren en el presente. Algo sonaba a proyecto mágico.&lt;br /&gt; Iniciar la demostración desde una posición estática, les resolvería muchas horas de ecuaciones futbolisticas irrepetibles. Comenzarían la demostración a partir de una jugada de tiro libre &lt;i&gt;(es decir la Teoría Geométrica de Tlon con pelota parada)&lt;/i&gt;. Querían mover la bocha desde un terreno conocido. No eran giles.&lt;br /&gt; La evidencia practica en la demostración de estos teoremas debe ser irrefutable, sin discusión, categórica, inapelable, de la gran puta.&lt;br /&gt; Aquí tiene que cumplir un papel culminante la picardía, la infamia leve, sintetizado en el aditivo del engaño, de lo insólito, de lo asombroso, de la burla leal, de la seducción que da ... el amague.&lt;br /&gt; Esa forma de amenazar, de intimidar, de prepotear al rival, de fanfarronear con el cuerpo, con el gesto de la gambeta, con una mirada intencionada, con una rodilla que se flexiona hacia un lado y sale para el otro. Con esa explosión de encantamiento que es el contrincante dejado en el camino y que la pelota siga obediente &lt;i&gt;(pegada)&lt;/i&gt; en el empeine.&lt;br /&gt;  Había que investigar hasta que en el presente &lt;i&gt;(solo en ese destello efímero que es el presente)&lt;/i&gt;, se produjera el efecto buscado.&lt;br /&gt;  Que la burla tuviera el resultado de un amague colectivo, de una gran chanza, con la sincronización total del grupo &lt;i&gt;(todos los jugadores)&lt;/i&gt;, como un ballet, modificando los espacios de la cancha, creando lugares nuevos por donde desplazarse sin marcas, sin roces. Camino siempre a lo mismo..., camino al gol. A la culminación perfecta del encanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Si tenes la barata posibilidad de disfrutar con lo que te imaginás, con lo que soñás, con lo que ves cuando cerrás los ojos, o cuando quedás con la mirada fija en un punto distante pero sin ver nada, solo mirando para adentro... &lt;/i&gt;- Dijo Puntin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;i&gt;- A la realidad ..., a esa puta legitimidad de la verdad, que te pasa en ese momento, ... la tenes dominada, sometida a tu fantasía y hasta la podes cambiar si te pesa demasiado...! &lt;/i&gt;- Concluía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Sin verlo &lt;i&gt;(mientras hablaba)&lt;/i&gt; dirigía sus ojos hacia el lento desplazamiento de un hombre viejo y pesado, que avanzaba por la vereda donde ellos estaban sentados &lt;i&gt;(fabulando)&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;  Las infinitas posibilidades de su origen lo rodeaban como un aura oloroso &lt;i&gt;(intenso)&lt;/i&gt; a tabaco y naftalina, y un humo intrigante &lt;i&gt;(intrigante para mí)&lt;/i&gt; perseguidor de sus ropas antiguas.&lt;br /&gt;  Era una prolongación del Asia Menor &lt;i&gt;(de Babilonia o Alejandría)&lt;/i&gt; en la Patagonia, nunca nadie se interesó por su remota ascendencia de Hititas, o de Persas, era solo el turco de la tienda &lt;i&gt;(de acá a la vuelta)&lt;/i&gt;. Turco mugriento se comentaría por ahí, hostilmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Los que dicen que sienten pena por lo que a vos te ocurre ..., esos son los peores ...!&lt;/i&gt; - afirmaba en tono sabio y contundente- &lt;i&gt;... son los más jodidos...! ... seguro están usando tus desgracias para sentirse mejor ellos, para atenuar sus propios quilombos y pesares...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Desconfiales nene..!. Se por que te lo digo. &lt;/i&gt;-Y le pegaba una chupada al toscano que eternamente vivía en sus labios &lt;i&gt;(humeante)&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;    De su inteligente palabra pensante salieron variados anatemas nunca refutados&lt;i&gt; (al menos oficialmente)&lt;/i&gt;, y confesiones de sabia trascendencia y oficio, que seguramente influyeron en mi vida y en mi orden moral &lt;i&gt;(si es que lo tengo)&lt;/i&gt;. &lt;br /&gt;  Jamás abandonó su línea de charla callejera &lt;i&gt;(aunque aveces incursionó - sin proponérselo - en terrenos que nunca debería haber pisado)&lt;/i&gt;, y es el dueño de un latiguillo histórico &lt;i&gt;(refiriéndose a las mujeres)&lt;/i&gt;, que quedó esculpido en mi memoria de pibe, y que me repetía cada vez que podía, como para que no se me borre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;&lt;b&gt;-... Todas son lo mismo...!!. &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;- Decía con una sonrisa amarga.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  También me enseñó que el amor es un estado de miedo constante a que te abandonen. Y que la pasión es el sentido de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;&lt;b&gt;Quien se quedó critica al que se fue&lt;br /&gt;y todo el mundo sabe lo que pasa,&lt;br /&gt;No se si yo me quedo o si me ire,&lt;br /&gt;ya me canse de mi barrio y mi casa.&lt;br /&gt;(M. Bigarrena)&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;a  Jorge L Borges (1999)&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320703822037612?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320703822037612/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320703822037612' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320703822037612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320703822037612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/los-hechos-solo-ocurren-en-el-presente.html' title='Los hechos solo ocurren en el presente'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320682284175212</id><published>2006-03-24T10:26:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T10:27:02.846-03:00</updated><title type='text'>Una tarde en la canchita de la iglesia</title><content type='html'>Habia un momento en la siesta, imposible de precisar cuanto tiempo duraba, en que nada se movía en esa extensión conocida del barrio.&lt;br /&gt; Incluso el viento contenía la respiración, después de una inspiración profunda, para luego imponer un soplido implacable, repentino, casi mágico, y mover nuevamente la imagen fotográfica del pueblo. Dandole vida.&lt;br /&gt;  Nuestras figuras se recortaban solitarias, despreocupadas, sobre los andenes del ferrocarril de todos los días.&lt;br /&gt; Vacios por la siesta.&lt;br /&gt; Con “Fastidio” Ruano caminábamos hacia la iglesia, cruzando entre los vagones por debajo de los enganches, con la pistola en la mano, amartillada, como 007 persiguiendo espias rusos en una estación de carga londinense, durante la Guerra Fría. Era notable que lo hacíamos sin esfuerzo.&lt;br /&gt; Fastidio era chiquito, gurrumin, casi una miseria, la ropa parecía siempre quedarle grande para sus pobres huesos cubiertos apenas por la piel.&lt;br /&gt; No jugaba al fobal, el iba a la canchita solo a intranquilizar la vida o a romper las bolas como decía Carucha. No podía mantenerse quieto, ni dejar de tirar piedras, de colgarse en mis hombros, ni parar de hablar, constantemente.&lt;br /&gt; En los partidos lo usábamos como “efecto distracción”, esto lo aprendimos de una película de guerra, en la matinee de los domingos, donde John Wayne con sus Boinas Verdes les hacia una maniobra similar a los japoneses atrincherados, tratando de tomar una colina en la jungla de una isla del Pacifico Sur, y después los mataba a todos, como hacen siempre los norteamericanos de las películas, y al final le meten un “The end” con una marchita militar tristona, y las letras, todas en ingles, siguen pasando, mientras las olas de un mar muy celeste van rompiendo contra una playa, minada de palmeras y cadáveres.&lt;br /&gt;   Lo nuestro era similar pero menos jodido, estrategias de barrio o tácticas de potrero mejor dicho.&lt;br /&gt; Fastidio hacia calentar a alguien con sus boludeces y era un tipo menos para el rival, casi como si jugara para nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Yo creo que era medio raquítico. Mi vieja cada vez que lo veía, decía: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;-Este chico no debe comer bien!.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo que si había que reconocerle - cualidades innatas y entrenamiento constante - era el mejor tirador de piedras del barrio y del pueblo, casi seguro.&lt;br /&gt; Con sus bracitos lastimosos no podía levantar toscas muy grandes, ni pesadas. Siempre elegía chiquitas y playas, y no se porque, en un acto casi reflejo para precisión o cábala las escupía de un lado y ese lado lo ponía hacia arriba antes de arrojarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Se que hice mal en ponerle “Fastidio”, pero era una molestia, como una mosca que te zumba frente a la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Mirá, gracias  a vos...! &lt;/i&gt;-Me decía la madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;-El sobrenombre que tiene Alfredito...! &lt;/i&gt;- Creo que le calzaba perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La tarde pintaba como todas, indiferente, solo pasaba. Nosotros sentados al reparo del paredón que cruza justo detrás del arco que da a la calle, dejábamos que se fuera lentamente. Las caras al sol. El viento no existía.&lt;br /&gt; La iglesia a un costado parecía estar ausente. Esperábamos que alguien trajera una pelota. El cura dormía la siesta, imperturbable, como Dios manda.&lt;br /&gt; Carucha de un salto se trepó por el parante que sostiene las redes y con poco esfuerzo se sentó en el travesaño del arco, quedo haciendo equilibrio con las piernas colgadas.&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- No viene nadie...!,&lt;/i&gt; - Gritó, mirando hacia la playa del ferrocarril. La canchita era solo un resplandor caliente.&lt;br /&gt; Fastidio se agarró con las dos manos del palo y trató con toda su poca fuerza de moverlo para que Carucha perdiera el equilibrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- No rompas las pelotas Ruanito...!, no ves que ni lo moves...? &lt;/i&gt;- Chillaba aun mirando hacia los vagones, mientras se sostenía por las dudas, cerrando las piernas con fuerza contra el travesaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Alguno se anima...? a un duelo a ver quien mea más lejos...! &lt;/i&gt;- Desafió al grupo, que prolijamente se apoyaba contra el paredón igual que mejicanos frente al Saloon, en los pueblos del Lejano Oeste, desde arriba del arquito.&lt;br /&gt; Puntin como Jhonny Wistmuller suspendiéndose de las lianas sobre un acantilado profundisimo donde cae una catarata para llegar hasta donde un forajido esta atacando y por violar a Jane, de un salto se colgó del parante y antes que nos diéramos cuenta ya estaba sentado sobre el travesaño, pero del otro extremo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Dale..! &lt;/i&gt;- Le dijo. El grupo los miró sin entusiasmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Carucha ya tenía la bragueta abierta, y se agarraba el cuerito que le sobra al pito entre los dedos, cerraba un ojo como haciendo puntería. Con la otra mano se afirmaba bien al palo. Soltó los dedos y el chorro salió disparado hacia arriba, buscando distancia finito y desparramado, no llegó muy lejos.&lt;br /&gt; Impaciente, volvió a apretarse con los dedos mucho más fuerte, y ahora si, con un esfuerzo importante de los musculos de la panza, largó un fino chijete que mojó la línea del área chica. Sonrió satisfecho, guardó el arma cerrando el cierre del vaquero, se sopló la punta del dedo y mientras descansaba lo miró fanfarrón a Puntin, que estaba tranquilo con los ojos fijos apuntando a donde había llegado la meada del rival.&lt;br /&gt; En un movimiento fantástico nuestro mejor jugador se paró arriba del tirante de madera como Burt Lancaster sobre las cuerdas del velamen de su galeón pirata al momento del abordaje y sin trabajo para mantener el equilibrio, con las piernas ligeramente abiertas, con un chorro espléndido y definitivo pasó casi por tres cuartas la línea marcada en el suelo, que apenas se distinguía.&lt;br /&gt;  Carucha cambio el gesto de la cara, en un puchero de calentura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;i&gt;- Me cagaste, hijo de puta... ! &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;  Mientras caía en cuclillas, vencido, después de saltar como el Hombre Araña en plena persecución de malhechores.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Measte de parado..., así cualquiera gana...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después, mucho después, cuando la voz de Carucha dejó de oírse, por el portón de atrás donde el cura guarda la Estanciera, apareció una sombra rechoncha.&lt;br /&gt; El gordo lentamente caminaba hacia nosotros. Los muslos le rozaban uno con otro en la entrepierna, sobre las paspaduras, y el pantaloncito corto le apretaba la piel hasta casi formar parte de ella.&lt;br /&gt;   Entre las manos, apoyado contra el pecho, traía un fobal nuevito, como un tesoro inalcanzable, ni un raspón se le veía.&lt;br /&gt; Los cachetes rubicundos y un brillo de sudor le cubría la frente y el cuello. El gesto de agrande, de soberbia se le notaba solo en los ojos, con los dientes se mordía el labio superior y parecía reírse.&lt;br /&gt; Al identificarlo el grupo salió disparado hacia el centro de la cancha en medio de un remolino de tierra, ahora éramos la caballería yanqui que llega a salvar a los pocos sobrevivientes que quedan refugiándose debajo de una carreta en llamas, rodeados por un ataque de apaches renegados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Dale lechón...!&lt;/i&gt; -Le gritó Puntin, levantando un brazo en plena carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Tirá el fulbo...!, así pateamos un rato mientras elegimos...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; Al gordo le cambio el gesto en un soplido. Como recibiendo una piña en la nariz. Se mordió el labio inferior, ahora con rabia y los cachetes se le fueron transformando en dos manzana rojas casi violetas.&lt;br /&gt; El odio hizo que los inexpresivos ojitos le brillaran en el fondo de la cara. Satánicamente. Giró sobre sus pasos y se fue comenzando un trotecito ridículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Lechón... ?&lt;/i&gt; - Gritó, rotando la cabeza para vernos a todos parados justo en el circulo central.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;i&gt;- Lechón...!, la concha de tu hermana..! &lt;/i&gt;- Siguió enfurecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- Ahora vamos a ver con que mierda juegan...? manga de hijos de puta...! &lt;/i&gt;- Y con el mismo trotecito grotesco se perdió por el portón que había entrado. Besando la pelota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;i&gt;- No podes ser más pelotudo...! &lt;/i&gt;- Le dijo alguien de pasada a Puntin, que no sabia para que lado mirar. El sol seguía empecinado en quemar la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;b&gt;(1998)&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320682284175212?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320682284175212/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320682284175212' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320682284175212'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320682284175212'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/una-tarde-en-la-canchita-de-la-iglesia.html' title='Una tarde en la canchita de la iglesia'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-114320661764439506</id><published>2006-03-24T10:22:00.000-03:00</published><updated>2006-03-24T19:10:26.566-03:00</updated><title type='text'>Como Sean Penn</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/1600/Sean%20Penn.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/774/1198/400/Sean%20Penn.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El Flaco tiene la cara de &lt;i&gt;Sean Penn&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;La cara que pone cuando mira como comprendiendo algo, y le hacen un primer plano, y vos le ves en el tono de los ojos que el tipo está carburando. Que está metido en el personaje.&lt;br /&gt;Y a la vez aprovecha y le pega una pitada al faso, y el humo le jode un poco en los ojos, y hace un gesto como cerrándolos pero no los cierra. Y la cámara le marca este gesto.&lt;br /&gt;Es decir lo aprovecha.&lt;br /&gt;Esto es lo que le veo yo, ese guiño de turro, de estar de vuelta, de manejar la situación.&lt;br /&gt;Aparte el Flaco es mi amigo del alma y yo lo endioso un poco, lo meto en Hollywood.&lt;br /&gt;Será porque lo quiero, porque los dos somos hinchas del Rojo y desde primero inferior que andamos juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora no le erramos un sábado a los bailes, desde que cumplimos los quince.&lt;br /&gt;Eso si de inglés el Flaco, ni una palabra, en eso no se parecen en nada. No sabe ni decir yes.&lt;br /&gt;No sé si &lt;i&gt;Sean Penn&lt;/i&gt; sabe algo de castellano pero seguro que algo caza, y como las cosas sigan así no sólo los actores, si no todos los yankis van a hablarlo.&lt;br /&gt;Va a ser el idioma oficial.&lt;br /&gt;Se están llenando de latinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche pateábamos de regreso al barrio por las calles vacías. Otro bailongo que habíamos hecho agua, todos rebotes. Dos temitas y me voy a sentar porque estoy cansada.&lt;br /&gt;Y ni hablar de los lentos, apenas una agarradita de manos. Ni que fuéramos leprosos.&lt;br /&gt;El frío de la madrugada del domingo nos pegaba en los brazos y caminábamos como abrazándonos solos.&lt;br /&gt;Fregándonos con las palmas.&lt;br /&gt;Eso que mi vieja me dijo cuando salía, por qué no me llevaba un pulover.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;-El retorno de los derrotados se llamaría esto, si fuera una película...!&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dije yo, y el flaco me miró como quién?&lt;br /&gt;Sí, como &lt;i&gt;Sean Penn&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Y fruncía el entrecejo, y abría un poco la boca y sonreía solamente con los ojos, moviendo la cabeza para un lado y para el otro..&lt;br /&gt;Con cara de degenerado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aceleramos la marcha con ganas de llegar cuanto antes al calor del hogar, al calor de nuestras camas. Así que casi corríamos, apurando las últimas cuadras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;- Cogeremos antes de morirnos...?&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pregunté, mirando la claridad que empezaba a nacer sobre los techos de las casas.&lt;br /&gt;Y &lt;i&gt;Sean Penn&lt;/i&gt;, levanta la ceja derecha y me clava su fría mirada.&lt;br /&gt;Y le leo en los ojos que no tiene respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;(2005)&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Para Aldo.&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-114320661764439506?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/114320661764439506/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=114320661764439506' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320661764439506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/114320661764439506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2006/03/como-sean-penn.html' title='Como Sean Penn'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-111861612957653003</id><published>2005-06-12T19:40:00.000-03:00</published><updated>2005-06-12T19:42:09.596-03:00</updated><title type='text'>Travesía</title><content type='html'>Travesía&lt;br /&gt;La muerte no es la nada, sino que la nada es.&lt;br /&gt;No hay lo contrario a la vida, su contrario no hay.&lt;br /&gt;(Macedonio Fernández)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cazonera cabeceando cercana a la costa, más allá de la barra, esperó la marea alta.&lt;br /&gt;Como dormida.&lt;br /&gt;Luego entró al río, ayudada por la fuerza del mar penetrando.&lt;br /&gt;De la fuerza impresionante del mar, y del viento soplando del sudeste. Que encrespa las olas, las hace volar, las transforma en lluvia cuando blanquean al romper, y junta espuma gruesa, amarronada, en la playa.&lt;br /&gt;Espuma espesa.&lt;br /&gt;Que rueda en la arena, y vuela.&lt;br /&gt;En copos de algodón mugriento, vuela.&lt;br /&gt;Y se pierde entre los médanos, hasta volverse nuevamente sal.&lt;br /&gt;El Haroldo vacila, se escora, se clava en las aguas peleando, batiéndose. Lo maltratan las olas. Enfurecidas.&lt;br /&gt;Y sale.&lt;br /&gt;Ahora levanta la proa sobre la línea blanca de las rompientes.&lt;br /&gt;Se hunde.&lt;br /&gt;Y vuelve a salir.&lt;br /&gt;Y se hunde, y sale. Empujado por el viento.&lt;br /&gt;Y cruza sin novedad los de bancos de arena.&lt;br /&gt;La barra endiablada de la desembocadura.&lt;br /&gt;El Patrón desde la timonera suspira. Aliviado. La botavara fija por los cabos a la borda cruje.&lt;br /&gt;El barquito restalla, saliendo del oleaje del mar.&lt;br /&gt;Los cordajes gritan agarrados, ajustado los nudos.&lt;br /&gt;Ya en el canal, ya en río, el viento del sudeste silba contra la mayor y el foque. También furioso.&lt;br /&gt;Tensa el velamen, lo hincha, haciendo panza en las lonas.&lt;br /&gt;Orza el casco.&lt;br /&gt;Y la quilla afilada se sumerge y sale a la superficie, y corta salpicando el agua verdosa.&lt;br /&gt;Mezclada.&lt;br /&gt;Del mar y el río en abrazo, besándose.&lt;br /&gt;Y el Haroldo avanzando, se escora a barlovento, hacia la borda de estribor. La que da a una barranca pelada, que las mareas desmoronan. Comiendo desde abajo.&lt;br /&gt;La barranca norte, la que da a Patagones.&lt;br /&gt;Salado el soplido lo empuja.&lt;br /&gt;En la trasparencia del Curruleuvú.&lt;br /&gt;Que con la subiente inunda rápido los sauces de la ribera, desnudando de tierra las raíces. Dejándolas peladas, al aire.&lt;br /&gt;El Patrón en su refugio de la timonera se afirma en el moler del mando, y no pierde de vista a Perromalo, que va apoyado en la proa.&lt;br /&gt;Cual mascarón.&lt;br /&gt;Con la plomada atada a un cabo en la mano, siguiendo el rumbo del canal. Buscando lo profundo entre la restinga que junta la corriente.&lt;br /&gt;Como hipnotizado.&lt;br /&gt;El joven con la boina calzada hasta las orejas permanece allí de pie. Sin moverse.&lt;br /&gt;Al rato largo le parece que viajara suspendido sobre el agua.&lt;br /&gt;Como un ave.&lt;br /&gt;Sin tocarla.&lt;br /&gt;Levanta la cabeza, y pasea la mirada en redondo. Solo lo distrae el movimiento de los pájaros que vuelan en la costa. Mientras enrosca en un brazo la amarra, prolijamente, al extraerla de las profundidades.&lt;br /&gt;Respira el olor del río. Y apoya el codo libre sobre los ojos, para cubrir el sol que en la tarde le pega a las aguas hiriendo a quien las mire.&lt;br /&gt;El Haroldo, la pequeña cazonera de un palo avanza en el río Negro. Ahora en singlar seguro.&lt;br /&gt;Siguiendo el canal.&lt;br /&gt;Acomete hacia el oeste por la boa de agua, indeciso. Por el reptar del cause majestuoso que lo resiste, amurallado de sauzales.&lt;br /&gt;La cubierta es un caos de bolsas vacías, de madres con brazoladas de alambre y anzuelos pelados, de carnada podrida, cabos, y cajones con la cosecha mezclada de cazones, y corvinas negras.&lt;br /&gt;Un tiburón de buen tamaño cuelga sangrando en la popa, sobre un charco, con el bichero clavado, tieso, en un ojo.&lt;br /&gt;En la banda sur, una veintena de flamencos chapotea despreocupada entre cangrejales. El grupo de aves brilla como brasas quemándose, bajo el sol.&lt;br /&gt;Agachados, sin moverse casi.&lt;br /&gt;Picotean entre el barro. Y miran. Alertas.&lt;br /&gt;Sumergen el largo pico, y la cabeza.&lt;br /&gt;Y miran nuevamente.&lt;br /&gt;Buscando.&lt;br /&gt;El paso del Haroldo que se acerca, los alarma, levantan los cuellos, se inflama el plumaje, y emprenden vuelo tras una corta carrera.&lt;br /&gt;Se elevan todos juntos, en rápido torbellino de alas.&lt;br /&gt;En el aire giran.&lt;br /&gt;Cambian el rumbo.&lt;br /&gt;Ahora van hacia la otra costa.&lt;br /&gt;Y pasan majestuosos, planeando, con las alas abiertas sobre la barcaza, cubriendo de colores rosados el cielo más azul del verano.&lt;br /&gt;El muchacho busca con los ojos entre el ramaje que toca el espejo de la corriente en movimiento. Se escuchan voces de niños o mujeres excitadas por el goce del agua.&lt;br /&gt;Hay chapoteos, y el agua que estalla.&lt;br /&gt;El agua salpica.&lt;br /&gt;Al moverse la embarcación las descubre en un claro. Son cuerpos desnudos que saludan gritando.&lt;br /&gt;Otros observan escondidos en las sombras. Habitan cuevas que han cavado en la barranca.&lt;br /&gt;El Patrón saca la cabeza por el ventanuco esforzándose en descubrir las siluetas disimuladas entre la vegetación y las lomadas, pero el reflejo del río lo deja ciego, y vuelve la cabeza, y se acomoda la gorra.&lt;br /&gt;Y sabe que está cerca el puerto.&lt;br /&gt;Tras los recodos el viento fue amainando, por el reparo de las bardas, y la arboleda.&lt;br /&gt;Y de a ratos las velas sin la brisa cuelgan dormidas, y el Haroldo deriva sereno.&lt;br /&gt;Frenado.&lt;br /&gt;El río ya en la pleamar, parece un lago alargado. Un espejo reflejando el cielo, del verde al verde de los sauces que agitan sus labios con hojas, saludando.&lt;br /&gt;De aguas dormidas.&lt;br /&gt;Perromalo sigue en la proa con la vista fija, imaginando el destino. Fantaseando. Se saca la gorra, y le pasa la mano al pelo húmedo.&lt;br /&gt;Se rasca.&lt;br /&gt;Le arde el sol en la cara. Le arde el sol y el viento de la travesía en la piel de la cara.&lt;br /&gt;Y le duelen los ojos de mirar sobre el brillo.&lt;br /&gt;En el rolar del barquito el río se hace cada vez más ancho, y en un descuido, al cambiar el rumbo.&lt;br /&gt;Al voltear la botavara.&lt;br /&gt;Frente a la proa, aparece lentamente saliendo de la maraña de sauces un muelle de madera. Una punta que avanza. Como una daga que corta afilada la superficie, aplanándola.&lt;br /&gt;Renegrido, el atracadero, rebasa entre las aguas quietas.&lt;br /&gt;Y tras la arboleda tupida de la costa norte, impenetrable a los ojos. En la barranca empinada, se derrama un caserío, coronado en la parte más alta por las paredes y la torre de piedra del fuerte.&lt;br /&gt;Ranchos blanqueados con cal resaltan entre calles en bajada, y yuyales.&lt;br /&gt;Es el Fuerte del Carmen.&lt;br /&gt;Imponente cuando se lo ve de lejos.&lt;br /&gt;En el avance del Haroldo se comienza a dibujar la figura de un vapor de gran porte fondeado entre las sombras del poniente.&lt;br /&gt;Junto al caserío.&lt;br /&gt;Cercano al muelle.&lt;br /&gt;A Perromalo no le dan los ojos, tratando de ver en la distancia. De descubrir movimientos.&lt;br /&gt;Se seca los pies descalzos con las manos, se saca la mugre de la cubierta pegada entre los dedos.&lt;br /&gt;Con las uñas.&lt;br /&gt;Se calza las botas sin dejar de mirar el poblado que se agranda.&lt;br /&gt;Distingue un bote a remo saliendo de la orilla sur. El agua que rompe la quilla en su derrota es transparente.&lt;br /&gt;Lo mira al Patrón que sigue en el mando, en silencio.&lt;br /&gt;Gira la cabeza, apoya el pie contra la borda, y tira la cuerda que fija la botavara.&lt;br /&gt;El cabo chilla en el tirón.&lt;br /&gt;Lleva un cuchillo pequeño escondido en la caña de la bota.&lt;br /&gt;Atracado el Haroldo en una sola maniobra, arriada las velas y atadas las amarras. Los dos hombres descargan la cosecha de cazones, hasta un carro que tira una mula.&lt;br /&gt;Del carro se desprende el intenso olor del pescado cuando se pudre.&lt;br /&gt;Los hocicos largos, puntiagudos y las bocas abiertas. Los dientes pequeños y filosos de los escualos le lastiman los dedos. Al acarrearlos, arrastra el cuero áspero de los peces, por la madera del muelle.&lt;br /&gt;El Patrón sin hablarle acomoda las líneas y los cabos mezclados en la cubierta. Baldean con agua del río la mugre de la pesca. La sangre reseca, los restos del mar.&lt;br /&gt;Pasa a buscar bacalao, por el saladero...! - Dice el Patrón.&lt;br /&gt;El muchacho se va diciendo que sí con la cabeza. No tiene donde ir, pero encara la calle en subida que llega a la plaza de la iglesia y el fuerte, con paso decidido.&lt;br /&gt;Como si tuviera un destino cierto.&lt;br /&gt;Vaga entre el rancherío.&lt;br /&gt;Luego, donde termina el poblado, ya en las quintas, se llena los bolsillos de manzanas. Y busca en silencio un lugar solitario, sin perros que ladren.&lt;br /&gt;Sin gente.&lt;br /&gt;Y se tira a dormir bajo unos sauces solitarios. En los restos aun en pie, de un rancho de adobes, derrumbado.&lt;br /&gt;Una tapera, que ahora es refugio de gatos famélicos. El lugar emana el olor a orina, de esos animales sin dueño. Que desconfiados huyen.&lt;br /&gt;La vida está jugosa en las manzanas. Perromalo cierra los párpados buscando descanso.&lt;br /&gt;Y lo encuentra en el sueño.&lt;br /&gt;Así, como alguien que aparece corriendo entre las jarillas. Abriéndose paso con las manos, en un chasqueo de dedos.&lt;br /&gt;El viento norte se enciende.&lt;br /&gt;Cargado del calor de cruzar el desierto. Como un fuego invisible. De volar sobre el antiguo País del Diablo y el Entre Ríos del Sur. Sobre rastrilladas pampas.&lt;br /&gt;Aparece quemando el aire.&lt;br /&gt;Ahoga a quien lo enfrenta, y obliga a no mirarlo de frente.&lt;br /&gt;Insoportable, acarrea torbellinos de arena, en su camino de enredarse y bailar entre chañares.&lt;br /&gt;Carga polvo y arena.&lt;br /&gt;Que lastiman la piel. Que pica.&lt;br /&gt;El final del día entonces, se parece a un mar embravecido.&lt;br /&gt;Quemándose. Insoportable.&lt;br /&gt;El muchacho decide caminar por la costa, río arriba.&lt;br /&gt;Evitando el viento.&lt;br /&gt;Sube a una lomada donde en la cima el ventarrón lo ataca con tanta violencia que tiene que agacharse. Desde ese lugar puede ver donde el Curruleuvú se divide en dos brazos. Flotando hacia el mar. Dejando una isla poblada también de sauces en el medio.&lt;br /&gt;Desde la parte más alta de la loma.&lt;br /&gt;En cuclillas desafía la fuerza del viento, y mira en la distancia el horizonte inhóspito del Sur.&lt;br /&gt;Interminable.&lt;br /&gt;Es una línea oscura que tiembla.&lt;br /&gt;Que se le escapa de los ojos.&lt;br /&gt;Y mira la arena que entregada al viento viaja hacia el Sur, hacia la nada. Invitándolo.&lt;br /&gt;Y en remolinos, convertida en espíritus que danzan, que juegan a irse, que lo llaman a volar, avanza.&lt;br /&gt;Se desplaza veloz, sobre el desierto.&lt;br /&gt;Territorio solo del indio.&lt;br /&gt;Mirando en la distancia, se pregunta por que había vivido hasta ese momento, en que él solo, desafiaba la ventolera y soñaba con volar sobre la nada.&lt;br /&gt;Como el viento Norte.&lt;br /&gt;Siempre algo se espera, por eso se vive.&lt;br /&gt;Siempre se espera más.&lt;br /&gt;Mira hacia el territorio indio, y siente que la soledad lo protege.&lt;br /&gt;Y lo protege el silencio.&lt;br /&gt;El silencio, y la soledad lo emancipan. Lo liberan.&lt;br /&gt;Y ahí está, solo y desnudo.&lt;br /&gt;Y no necesita de nadie.&lt;br /&gt;Mirando el inmenso país ondulante, que pardo se recuesta de este lado del confín del horizonte.&lt;br /&gt;Hasta donde dan los ojos.&lt;br /&gt;Como un dardo lanzado de la nada, un súbito punto cruza distancias azules.&lt;br /&gt;En el grandioso mar de arriba.&lt;br /&gt;Una sombrita que vuela. Aletea y sube.&lt;br /&gt;Y el viento lo ayuda.&lt;br /&gt;Un halcón lanzado en caza, remonta hasta tan alto en la tarde que cuesta verlo.&lt;br /&gt;Que se pierde en la distancia vertical.&lt;br /&gt;Desaparece.&lt;br /&gt;El muchacho abre los brazos imitando las alas del carroñero cuando planea, y cierra los ojos. Y luego baja hasta la costa, dando grandes saltos.&lt;br /&gt;Arrancado nubes de tierra, en las frenadas de sus botas.&lt;br /&gt;Arrastrando con las manos, y clavando los tacos, que impiden que caiga.&lt;br /&gt;Que ruede en el declive.&lt;br /&gt;Se para por fin delante del derrumbe, junto a una barranca que le crece pasto tierno.&lt;br /&gt;El agua del río se va encrespando. Se pica. Se oscurece.&lt;br /&gt;Al peinarla la brisa.&lt;br /&gt;Un telón de álamos plateados se ilumina y se apaga, por los golpes del viento.&lt;br /&gt;Se ilumina y se apaga.&lt;br /&gt;En la otra ribera.&lt;br /&gt;Enfrente.&lt;br /&gt;En la distancia.&lt;br /&gt;Una tropilla ruidosa de matungos flacos, se acerca al río buscando beber. Se abren paso topando entre el ramaje que los hacia invisibles, y se descubren retumbando los cascos.&lt;br /&gt;Las patas en el aire.&lt;br /&gt;En la atropellada ingresan a la corriente rompiendo el espejo que corre, forman espuma, salpican, chapoteando sedientos, resoplando, hasta que les llega a la panza. Y se frenan. Y beben.&lt;br /&gt;Los acompaña un joven aborigen, bien montado. En pelo.&lt;br /&gt;Con un arreador en la mano.&lt;br /&gt;Que no usa.&lt;br /&gt;El indio y su tropilla despedazan la nada. Como un aparecido.&lt;br /&gt;Perromalo los observa en silencio.&lt;br /&gt;En ese silencio, que es su soledad, se inclina sobre la transparencia que corre.&lt;br /&gt;Y bebe, bebe hasta saciarse.&lt;br /&gt;Y se moja el rostro sumergiendo un instante la cabeza, la cabeza y las manos, aliviándose del largo día.&lt;br /&gt;De pronto algo cambia en las aguas, la calma se vuelve opaca y densa. El río descansa en todo el ancho del atardecer.&lt;br /&gt;Y el viento se vuelve de su único color.&lt;br /&gt;El invisible.&lt;br /&gt;Camina ahora hacia el poblado, río abajo esquivando los arbustos enmarañados que le crecen en la costa.&lt;br /&gt;Escucha en el andar solo su aliento, jadeando. Y las ramas que lo raspan.&lt;br /&gt;Se pierde entre la vegetación que crece entre el barro.&lt;br /&gt;Lo cubre el verde, completamente.&lt;br /&gt;Hasta que aparece en un claro ante dos mujeres que desnudas se bañan, escondidas en aguas poco profundas.&lt;br /&gt;Furtivas.&lt;br /&gt;Al verlo, chillan como bandurrias asustadas. Chillan molestas, y juntan piedras del lecho.&lt;br /&gt;Belicosas.&lt;br /&gt;Alborotadas.&lt;br /&gt;El muchacho sin pensarlo huye corriendo entre los yuyales, de los alaridos, y los piedrazos.&lt;br /&gt;Al rato solo escucha los insultos gritados.&lt;br /&gt;Y sin quererlo camina sobre una huella de animales que lo lleva al caserío.&lt;br /&gt;Nuevamente lo rodea el silencio. Y el jadeo.&lt;br /&gt;Ahora agitado.&lt;br /&gt;No le falta mucho al día para morir. El atardecer lo fue calmando, apagando el viento.&lt;br /&gt;Y la noche desde el oeste, viene untando de sombras lo que toca.&lt;br /&gt;Apagando lo que brilla.&lt;br /&gt;Y el hambre grita. El hambre le grita en las tripas como una espina clavada.&lt;br /&gt;Decide pasar por el saladero a buscar su paga de cazón salado. Su paga prometida. No encuentra a nadie que responda sus golpes contra los portones. Da unas vueltas al galpón.&lt;br /&gt;Espía entre las rendijas.&lt;br /&gt;Del interior sale el olor intenso del pescado. Salándose. No espera más.&lt;br /&gt;Se marcha ya entre sombras.&lt;br /&gt;Sin rumbo.&lt;br /&gt;Con el hambre intacto.&lt;br /&gt;De un rancho vecino al saladero, sale una joven. Casi de su edad. Lo mira al pasar, fijamente. Altanera.&lt;br /&gt;Se chocan los ojos rapaces.&lt;br /&gt;Salvajes.&lt;br /&gt;Ariscos. Buscones.&lt;br /&gt;Hay dos niños con ella, a uno lo tiene en brazos.&lt;br /&gt;Al otro, al que le tira de las ropas, le brilla la cara embadurnada de mocos.&lt;br /&gt;Detrás.&lt;br /&gt;El tizne del humo saliendo, se marca en la puerta de la guarida. Como dientes.&lt;br /&gt;Perromalo volvió a mirar ya alejándose, hacia los ojos arrogantes, pero la puerta se había tragado enteras a las tres figuras.&lt;br /&gt;Entre los resplandores de una fogata.&lt;br /&gt;Secreta.&lt;br /&gt;El muchacho avistando la noche en el fulgor del agua que corre, en la zona de la costa más poblada, se detiene frente al muelle.&lt;br /&gt;Al único muelle.&lt;br /&gt;Apoya la espalda junto a la ventana abierta, y gasta saliva en masticar con ruido el trozo de galleta que le queda en el bolsillo.&lt;br /&gt;De a pedazos.&lt;br /&gt;La noche en el río es el reflejo de luces de faroles en el agua.&lt;br /&gt;Traga con esfuerzo. La última galleta seca.&lt;br /&gt;Apoya la espalda, la nuca engorrada, y la suela de su bota en la pared de ladrillos del hotel.&lt;br /&gt;Y come.&lt;br /&gt;Junto a la ventana del salón comedor del hotel. Envidiando el olor que viene de adentro.&lt;br /&gt;El hotel de Aguirre, que enfrenta al río a unos pocos pasos.&lt;br /&gt;Entreverada entre los palos del muelle, la marea se mueve en un ir y venir inquieto.&lt;br /&gt;Indeciso.&lt;br /&gt;Juntando ramas caídas, pajuelas y palitos secos.&lt;br /&gt;Dejando cuando se va, una traza de resaca en la orilla. La marca de que hasta allí llegó.&lt;br /&gt;Perromalo mastica la galleta haciéndola durar en la boca. Y la traga con paciencia, y todo el tiempo del mundo.&lt;br /&gt;Dos perros entran en la negrura del agua jugando a morderse, a pelear, sin hacerse daño.&lt;br /&gt;Se escucha el chapoteo y los ladridos.&lt;br /&gt;Como un eco.&lt;br /&gt;Luchan entre el barro y vuelven a la orilla persiguiéndose, y se pierden entre las sombras de la arboleda.&lt;br /&gt;Se alejan.&lt;br /&gt;Los ladridos van desapareciendo en la oscuridad.&lt;br /&gt;Perromalo mastica hasta no quedarle nada del pan seco en la boca. Aunque lo busque con la lengua.&lt;br /&gt;Lo distraen voces que en aumento se fueron transformando casi en gritos. Salen del interior del comedor.&lt;br /&gt;El tono es de enojo. Se altera el murmullo habitual, cotidiano, del salón en el horario de la cena.&lt;br /&gt;Pobladas casi todas las mesas. Mas iluminadas por faroles que cuelgan sobre ellas, que el resto del ambiente.&lt;br /&gt;Las cabezas giran, los ojos miran descarados. Sorprendidos.&lt;br /&gt;A los dos hombre que discuten los separa apenas unos centímetros del aire del bar, y la copa en las manos.&lt;br /&gt;El aire cargado del bar junto a las mesas.&lt;br /&gt;Parroquianos que se hospedan en el hotel dejan por un momento de comer.&lt;br /&gt;Quienes se acaloran hablando son extranjeros. De aspecto y de palabra. Se insultan en español que mezclan con sus lenguas.&lt;br /&gt;En el billar algo alejado, se alarga la ceremonia de untar con tiza la punta de suela del taco, mirando de reojo.&lt;br /&gt;Tratando de escuchar.&lt;br /&gt;Un morocho con una cicatriz que le deforma siniestramente la cara, corre una cuenta del marcador con la punta del dedo.&lt;br /&gt;Agregando una carambola, sin dejar de observar.&lt;br /&gt;Junto al hombre mas bajo, el de piel aceitunada y poblado bigote. De apariencia árabe.&lt;br /&gt;Hay una mujer joven.&lt;br /&gt;Visten con una elegancia que contrasta con el lugar. Esperan el vapor que los devuelva a Buenos Aires.&lt;br /&gt;La dama ríe burlona, y se apoya en el brazo del hombre que insulta. Provocador.&lt;br /&gt;Su risa rebota en el ambiente, ahora casi en silencio. Su risa teatral, irónica, suena junto a la cara del hombre de barba rubia, que escucha en silencio.&lt;br /&gt;Con la copa en la mano, a medio tomar.&lt;br /&gt;El inglés en suave gesto, estudiado, apoya la copa en la barra. Aun con restos de vino. Dejando libres sus manos. La piel de la cara y el cuello, entre la barba, se le torna colorada.&lt;br /&gt;De indignación.&lt;br /&gt;La cara del inglés imita el color del colodrillo de los pavos. Larga aire por la nariz ruidosamente, casi resopla.&lt;br /&gt;- Nadie me trata de esa manera ...! – Se escucha, entre comensales que se contienen de respirar.&lt;br /&gt;La mujer en el espacio de silencio que dejo entre los presentes la amenaza, volvió a reír, sonoramente. Un alarido histérico.&lt;br /&gt;El viajero ingles no toleró la burla.&lt;br /&gt;Resopló ahora, con fuerza.&lt;br /&gt;Un tono de furia se le colgó en los ojos.&lt;br /&gt;Y.&lt;br /&gt;El cachetazo, a mano abierta, en la cara de la dama sonó como una rama seca que se quiebra. Atravesó el salón, entre las mesas. Azotó el silencio obtenido de palabra, y rebotó junto a la mesa de billar, y salió por las ventanas del hotel.&lt;br /&gt;Y cruzó la calle embarrada, pisoteada por los carros, esquivó los troncos gruesos de los sauces junto al río, y rebotando sobre el agua llegó hasta la otra costa, que dormía.&lt;br /&gt;El árabe pálido, sin hacer un movimiento se sostuvo de la barra. Descompuesto.&lt;br /&gt;Perromalo, a través de la ventana abierta de par en par por el calor de la noche, observó como dos comensales solícitos, muy caballeros. Sacaban a la dama en cuestión del interior del mantel que colgaba hasta el suelo en una de las mesas.&lt;br /&gt;La sentaban con deferencia exagerada, entre sus lagrimas, y alaridos de dolor.&lt;br /&gt;Desalineada la dama, revuelto el peinado. Se cubría, buscando alivio, con ambas palmas de sus manos, el perfil impactado.&lt;br /&gt;El inglés desafiando, salió del salón sin mirar hacia el gentío que se había amontonado entorno de la pareja bien vestida.&lt;br /&gt;Por la puerta principal también abierta, buscó la calle. En la calle pasó junto al muchacho apoyado en la pared, sin verlo.&lt;br /&gt;El árabe lo sigue con los ojos, encendidos, brillando más que el reflejo de los faroles en las botellas acomodadas una junto a otra del bar.&lt;br /&gt;Excesivamente abiertos.&lt;br /&gt;Los bigotes en su mueca, ahora parecen proclamar una falsa ferocidad. Una mentira. Al rostro lo vulnera un gesto de odio.&lt;br /&gt;Pero sigue mudo.&lt;br /&gt;El muchacho mirando el río entre la noche y al inglés que se pierde en las sombras, se agacha y luego se sienta en la vereda de ladrillos.&lt;br /&gt;Sabe que a él no le es posible volver.&lt;br /&gt;El solo va.&lt;br /&gt;El no sabe de donde viene. Es como un cachorro perdido, sarnoso y muerto de hambre que todos apedrean. Y cuando se le acerca una mano amiga solo atina a morderla.&lt;br /&gt;Ahora en la oscuridad, en el sereno, le caen encima las estrellas. Se duerme acurrucado en el reparo de la vereda.&lt;br /&gt;Y le bajan sobre los párpados chaparrones de astros remotos, y de sombras.&lt;br /&gt;Y la jornada avanza en sueños.&lt;br /&gt;Y en cortos ladridos de perros lejanos.&lt;br /&gt;Aquella noche, Perromalo soñó con el halcón. Y con su vuelo imposible.&lt;br /&gt;Majestuoso señor de los aires, clavado en el cielo.&lt;br /&gt;Colgado en la nada.&lt;br /&gt;Y en el sueño, desde lo alto, sostenido en la brisa, vio desde los ojos del ave una senda que se apartaba del río.&lt;br /&gt;Buscando el desierto.&lt;br /&gt;El sol lo arponeó con las primeras luces, y sobre el agua entre los vapores del río, que junta la mañana, pudo ver las pupilas cuadradas de las ventanas del poblado de La Merced, que aparecían lentamente en la costa opuesta.&lt;br /&gt;Decidió cruzar.&lt;br /&gt;El cielo al rato, estaba brillante y despejado, aunque en el horizonte hacia el sur se amontonaban las nubes.&lt;br /&gt;El botero, hombrecito charlatán y exótico, le permitió subir a la embarcación a remos que lo dejó entre juncales y barro.&lt;br /&gt;Del otro lado del río.&lt;br /&gt;Caminó sin rumbo entre el caserío.&lt;br /&gt;Las viviendas de adobe tenían la marca de las crecientes acuñada en las paredes. Trazas marrones una sobre la otra, que se empalman con el mismo color de las calles.&lt;br /&gt;De entre los árboles sale un carro que se entierra en los huellones, dejados por el ir y venir de los quinteros, en la greda. El carro se entierra, y se hamaca, hacia un lado y hacia el otro, llevando canastos que se sostienen y explotan, rojos, de tomates.&lt;br /&gt;Quien lo guía pita un cigarrito armado, que aprieta en los labios, y putea al pingo que también se empantana. Y grita.&lt;br /&gt;Desde el pescante.&lt;br /&gt;Al rato.&lt;br /&gt;De pasar el carro, pasó un cura. Pasó una bandada de torcazas, rápidas como flechas. Que después, paran todas juntas en un sauce, desapareciendo.&lt;br /&gt;Luego, pasó una semana.&lt;br /&gt;Pasó el hambre, y volvió.&lt;br /&gt;Perromalo descubrió la iglesia, y que en la iglesia, en los fondos, los curas daban de comer a otros como él.&lt;br /&gt;Tan miserables. Y ahí se refugió en las noches, y se llenó la panza.&lt;br /&gt;Y lo atrapó una tarde la imagen en yeso de un hombre casi desnudo, clavado a unos palos cruzados. Sangrando, en las manos y los pies. Y en la frente, donde lo herían las espinas de una corona.&lt;br /&gt;Lo atrapó la imagen, apenas iluminada por velas encendidas. En las penumbras.&lt;br /&gt;Y le quedó grabada, en sus ojos de halcón.&lt;br /&gt;Y volvió cada noche, a la construcción inconclusa de la iglesia. Enorme, con dos torres. Frente a la plaza, con el atrio lleno de perros echados.&lt;br /&gt;Que erran hambrientos, que vagan cual el recién cruzado.&lt;br /&gt;Perros, y arena que trae el viento, y la deja amontonada en los reparos.&lt;br /&gt;Junto a la iglesia, continua el tapial de un edificio, que ocupa los otros dos lados del paseo.&lt;br /&gt;Y el muchacho sigue, por las calles esquivando los barriales.&lt;br /&gt;Unos caballos atados frente a un rancho alargado, de ventanas enrejadas, mostraban una de las varias pulperias desperdigadas entre las quintas.&lt;br /&gt;En los fondos, entre basurales, corrales y pisaderos de adobe, había acampado un grupo de indígenas.&lt;br /&gt;Perromalo se les acercó, con cautela y con maña.&lt;br /&gt;Como pidiendo plaza.&lt;br /&gt;Al toldo principal.&lt;br /&gt;La perrada se le vino al humo apenas detectaron su llegada. Olfateándolo con insistencia, pechándolo en espantadas y aullando, con ladridos agudos.&lt;br /&gt;Como de hambre. Hasta acostumbrarse a su presencia, y a su olor. Luego rápidamente se aburrieron, y lo dejaron.&lt;br /&gt;Se sentó en el suelo, a distancia prudente, como un cuzco acobardado. Y no dijo nada, esperó callado.&lt;br /&gt;Nadie del grupo de indios le puso mucha atención.&lt;br /&gt;Lo miraron de reojo.&lt;br /&gt;Aguardó en silencio a unos pasos, cauto, observando la actividad de levantar un campamento, y juntar pertenencias.&lt;br /&gt;Miró alistar la tropilla, que lo esquivó al moverse. Miró Juntar los animales desde un corral de ramas. Miró desarmar los toldos, emprolijar lazos, y arrollar las pilchas.&lt;br /&gt;Supo por la forma de envolverlo entre cueros curtidos, y de velar, que transportarían un cadáver. Seguramente de un niño, por el tamaño. Lo ataron con cuidado, como en una ceremonia, al lomo de un caballo blanco.&lt;br /&gt;Blanco el pingo, como nieve. Quienes lo ataron, acarician con cariño y tristeza los cueros.&lt;br /&gt;No eran más de diez, entre ellos tres mujeres.&lt;br /&gt;Una de ellas se mantuvo sentada, sin moverse, junto a un braserío que se esfumaba, y que en la noche anterior seguro fue fogata.&lt;br /&gt;Era una anciana. El pelo blanco. Estaba cubierta por una antigua matra pampa, ya sin colores, y rotosa.&lt;br /&gt;Ella lo miró. Lo contempló sin gestos.&lt;br /&gt;Ella lo miró, y luego lo llamó como se llama a un cachorro, golpeando con la palma de la mano varias veces en su rodilla.&lt;br /&gt;El muchacho se le acercó casi con cautela, y se sentó.&lt;br /&gt;A unos pasos de la vieja, que lo miró un rato detenidamente. A los ojos.&lt;br /&gt;A sus ojos penetrantes.&lt;br /&gt;Luego se volvió hacia un toldo, y gritó algo indescifrable a quien parecía comandaba el grupo. Y regresó a su silencio de mirar los restos del fuego, consumiéndose.&lt;br /&gt;Perromalo esperó. No sabía qué. Pero esperó.&lt;br /&gt;Los indios adivinaron su rostro de hambre, y mirándose entre ellos, casi sin palabras dejaron que se les uniera. Usaban una lengua que el no entendía. Hablando muy rápido, y sonando cada palabra como una orden terminante.&lt;br /&gt;Estaban por partir.&lt;br /&gt;Le otorgaron cabalgadura, entre el polvo en movimiento de la salida. Un zaino bellaco y bien comido, enfrenado con un tiento trenzado.&lt;br /&gt;En pelo.&lt;br /&gt;Una joven, le acerca un trozo de charqui. Es potro. Semeja un cuero seco.&lt;br /&gt;Y una sonrisa.&lt;br /&gt;El muchacho limpia la quereza con las uñas, y masca el charqui, cuando salen del poblado hacia el desierto.&lt;br /&gt;Masca y traga de poco, lo hace durar en la boca.&lt;br /&gt;Entre el polvo, arriaban diez caballos y dos vacas cimarronas de cuernos largos. Algunos cargados por los vicios.&lt;br /&gt;El blanco, su carga fúnebre. Va de tiro.&lt;br /&gt;Perromalo se toca el cuchillo que se abulta en la caña de la bota, y mira hacia el correr del agua. Que ya no se ve.&lt;br /&gt;La brisa aún casi río lo alcanza dando tumbos sobre su piel expuesta.&lt;br /&gt;Oculto por lo ondulado del terreno.&lt;br /&gt;Ve solo la parte más alta de los sauces de la costa. Como una línea echada que desaparece a cada vuelta de cabeza.&lt;br /&gt;Luego mira largamente hacia donde ya no hay verde. Donde los ojos se pierden en la inmensidad de la distancia, y es todo igual, o más gris, o blanquean como espejos los salitrales, brillando al sol.&lt;br /&gt;Hacia el sur.&lt;br /&gt;Donde el monte cada vez más tupido se va arrugando en ondonadas, que caen a pique sin avisar. Y suben. Donde las bestias de golpe bajan el cogote, se encabritan, se frenan, y hay que agarrarse con fuerza de las crines para no ir a parar entre alpatacos asesinos.&lt;br /&gt;Y sufrir sus espinas como puñales. Que laceran poco a poco las pobres pilchas del venido del mar, con arañazos que buscan la carne.&lt;br /&gt;Desnudándolo.&lt;br /&gt;Y los días pasaron. Y las lluvias, no las de agua, las lluvias de arena, borraron sus pasos.&lt;br /&gt;Y después también vino el agua, y sobre las huellas cubiertas por el polvo creció nuevamente el pasto duro. Y la planicie continuaba ondulándose, y reapareciendo tras cada lomada.&lt;br /&gt;Y los días fueron pasando, y cayendo sobre su cabeza. Clavándose en el pellejo. Junto con el frío, y la brisa ahora soplando desde el sur.&lt;br /&gt;Helada.&lt;br /&gt;Que se siente en la piel, y también se huele. Y duele respirarlo, el frío duele respirarlo de frente.&lt;br /&gt;Duele en la nariz, y en la boca.&lt;br /&gt;Y él estaba ya halcón sobre el desierto. Abriendo y cerrando las alas.&lt;br /&gt;Cerrando las alas y mirando toda la extensión del horizonte de ese mar sin costas.&lt;br /&gt;Del mar de arena y basalto.&lt;br /&gt;Con sus ojos laterales.&lt;br /&gt;De rapiña.&lt;br /&gt;El cielo hacia el sur se cargó de nubes negras y rápidas, deformadas por el viento, y se acercó a la planicie como una mano oscura.&lt;br /&gt;Gigante. Que golpea incrustando, aplastando las ultimas luces contra los matorrales.&lt;br /&gt;Persiguiendo los reflejos del día.&lt;br /&gt;Hasta matarlos.&lt;br /&gt;Cerrando los senderos.&lt;br /&gt;Dejando los ojos ciegos. Inservibles.&lt;br /&gt;Amarillos.&lt;br /&gt;Fue hundiendo entre la arena de la noche a la tropa penitente, que marchaba a duras penas, como sombras.&lt;br /&gt;El desierto ahora, cambiando de lugar, se levantó en remolinos.&lt;br /&gt;Los indios detuvieron la marcha.&lt;br /&gt;Hábilmente echaron a las bestias contra el suelo a empujones, con fuerza.&lt;br /&gt;Entre gritos.&lt;br /&gt;Los mantenían así abrazándolos y mordiéndoles ferozmente una oreja, y los pingos se fueron aquietando con el toque mañoso de las manos, con caricias, y al cubrir con un poncho los ojos.&lt;br /&gt;Al resto los manearon.&lt;br /&gt;El tropel resoplaba levantando la cabeza, y pateando al aire. Hasta que poco a poco se calmaron.&lt;br /&gt;Quedaron inmóviles.&lt;br /&gt;Como dormidos.&lt;br /&gt;Después se refugiaron de la tormenta y el frío, ocultándose contra la panza de los caballos.&lt;br /&gt;Ganando su calor.&lt;br /&gt;Y cubriéndose con lo que podían.&lt;br /&gt;Hasta con los perros.&lt;br /&gt;La vieja quedó sola entre el polvo y la oscuridad, que reventaba en ráfagas.&lt;br /&gt;Acurrucada en su matra pampa, bajo un quillango de chulengos. Calla en el aire helado que la envuelve.&lt;br /&gt;Calla la intemperie.&lt;br /&gt;Luego, mira buscando con los ojos perdidos, y ya no calla.&lt;br /&gt;La cuchillada oscura de la boca, se abre mugrienta, profunda, y escupe un grito alargado.&lt;br /&gt;Monótono.&lt;br /&gt;Y alza la cabeza entre la maraña blanca de sus pelos, que se mueven como una llamarada fría, y eleva también sus brazos, que escapan del cuero que la cubren.&lt;br /&gt;Y desnudos se elevan, entre el aire denso de la arena que vuela, buscando tocar la noche, sobre ella.&lt;br /&gt;Perromalo parado, solo, entre la noche que le golpeaba en la cara ahogándolo, al reparo del matungo, le temía al desierto.&lt;br /&gt;Podía sentir que una vez fue barca, que voló sobre aguas verdes, transparentes, y que ella misma, la barca de su cuerpo, lo trasladó a este olvido.&lt;br /&gt;Temía.&lt;br /&gt;Al desierto, y al futuro que trataba de ver con sus ojos de halcón entre la ventisca.&lt;br /&gt;Temía por saber que allí, en el tiempo por venir, en el futuro.&lt;br /&gt;Entre otras cosas.&lt;br /&gt;Está la muerte.&lt;br /&gt;El viento y la tierra, es la máscara que usa el desierto para ocultar a sus habitantes.&lt;br /&gt;Tehuelches.&lt;br /&gt;Y decir que no existen.&lt;br /&gt;Entre la tierra salen. Encarnados en lagartos, con la mirada indiferente del zorro.&lt;br /&gt;Y el andar incansable, y furtivo del puma.&lt;br /&gt;Entre la tierra vuelven.&lt;br /&gt;Casi desnudos, cubiertos por cueros de animales. Caminan flotando. Callan, o hablan callando.&lt;br /&gt;Usando un murmullo.&lt;br /&gt;Ellos han sabido refugiarse ahí, en el sigilo, y de allí salen mimetizados con el monte.&lt;br /&gt;Salen, y vuelven.&lt;br /&gt;Son hijos del día.&lt;br /&gt;Están hechos de arena.&lt;br /&gt;Ahora Perromalo, el viajero acarreado por el agua. Bajo el cielo de la noche, en la tormenta, ya es parte del desierto.&lt;br /&gt;Aquella noche hubo desvelo de perros entre las penumbras, ruido de animales que se alejan aturdiendo el suelo con galopes. Tropezando.&lt;br /&gt;Espantados.&lt;br /&gt;Relinchos, y voces apagadas, que el viento lleva y trae.&lt;br /&gt;Indescifrables.&lt;br /&gt;No hubo luna, y un color plomizo pintó el desierto cuando en el cielo empezó a clarear.&lt;br /&gt;Y en las luces del día se fue perdiendo la tormenta, hasta no ser más que un mal sueño.&lt;br /&gt;Que duró lo que duran las tinieblas.&lt;br /&gt;Perromalo estaba echado sobre un cuero, simulando dormir. No podía entregarse plenamente al cansancio.&lt;br /&gt;Algo lo alejaba hacia la vigilia, pero el cuerpo descansó de la montura. Y el silencio fue útil para mantenerse alerta, aún con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;No podía estirar las piernas. Sentía aún, el caballo moverse entre ellas, como si cabalgara.&lt;br /&gt;Como un tajo.&lt;br /&gt;Sintió una racha helada en la mano. El arañazo de una hoja de faca, y algo entrar bajo el cuero que lo embolsaba. Veloz.&lt;br /&gt;Lagartija.&lt;br /&gt;Pensó, sin abrir los ojos. Y la sintió avanzar.&lt;br /&gt;Le caminó en la piel del brazo, y el pequeño látigo gélido se quedó en el calor del sobaco.&lt;br /&gt;No se movió, hasta que dejo de sentirlo.&lt;br /&gt;Luego el sueño le apareció secretamente. Inevitable. Invadiéndolo.&lt;br /&gt;Y el sol calentando entibió su cobijo.&lt;br /&gt;Y el día remó, avanzando.&lt;br /&gt;Hasta que lo despertó la vieja, con su sola presencia, y dio un respingo cuando encontró su rostro observándolo tan cerca del suyo.&lt;br /&gt;Clavándole los ojos ensombrecidos, que en el centro los cubría una mancha blanca.&lt;br /&gt;Como leche derramada en el agua.&lt;br /&gt;Los indios se habían marchado entre las sombras y el amanecer. Llevando los animales.&lt;br /&gt;Estaba solo con la anciana, y el cuerpo pequeño sin vida, envuelto en trapos y cueros.&lt;br /&gt;Ahora cubierto por piedras y arena, y terrones de sal, al reparo de una barda.&lt;br /&gt;Entre los molles lo había enterrado la machi.&lt;br /&gt;Y junto a la tumba, en las matas había atado trozos de hilos de colores, y greñas blancas de lana de guanaco.&lt;br /&gt;Pelo de chivos.&lt;br /&gt;Y crenchas humanas.&lt;br /&gt;Estaban sin caballos. Solos en la planicie.&lt;br /&gt;Un galgo lo miraba indiferente, con la lengua afuera.&lt;br /&gt;De flaco casi transparente.&lt;br /&gt;Jadeando. Legañoso.&lt;br /&gt;Y ahí el muchacho también se dio cuenta que la mujer casi no veía, al verla tropezar con los restos de un fuego.&lt;br /&gt;Con la torpeza de los ciegos.&lt;br /&gt;Los calambres de dormir acurrucado se le fueron ablandando al pararse, y en la garganta la sed apareció como un gusto ardiente.&lt;br /&gt;Que lo fue abrasando, cuando tragó la saliva que la noche le juntó en la boca.&lt;br /&gt;Chenque..., menuco...!&lt;br /&gt;Gritó la vieja, sentada en el suelo. Tenía el abdomen horriblemente hinchado.&lt;br /&gt;Como un sapo al sol.&lt;br /&gt;Apenas se movía. Su cuerpo vulnerado por la suma de miserias se secaba sin vueltas. Como un fruto arrancado de una rama, y luego olvidado sobre la arena caliente.&lt;br /&gt;Su piel era un cuero pálido, ya del color del salitre.&lt;br /&gt;Un cuero seco.&lt;br /&gt;Olvidado.&lt;br /&gt;Caminó.&lt;br /&gt;La sed lo hizo ponerse en marcha. Siguió el viraje de enfrentar el viento, al sentirlo fresco en la cara.&lt;br /&gt;Caminó hasta dar con un zanjón que acumulaba barro secándose, y restos de agua. Pisoteado por las bestias. Era un barrial con charquitos de agua espesa.&lt;br /&gt;Bebío lo más que pudo. Escupiendo la tierra que le queda entre los dientes.&lt;br /&gt;Gualichoooo...!&lt;br /&gt;Le escuchó gritar a la vieja nuevamente. Un alarido desgarrador. Pero al mirar hacia atrás ya la había perdido entre el monte cerrado.&lt;br /&gt;Se la comieron los matorrales.&lt;br /&gt;Ya no era nada.&lt;br /&gt;Solo un grito que se apagaba.&lt;br /&gt;Lejano.&lt;br /&gt;Que se confundía con el silencio. Hasta no saber si el quejido aún persistía, o eran los piquillines moviéndose. Arañándose entre ellos.&lt;br /&gt;Vivos.&lt;br /&gt;Miró en sol justo sobre su cabeza. Entre nubes grises. Y siguió un sendero sin huellas frescas.&lt;br /&gt;Otra vez buscando en río.&lt;br /&gt;El perro lo siguió un trecho de lejos, acercando el hocico puntiagudo a la arena.&lt;br /&gt;Luego se volvió.&lt;br /&gt;Como sin rumbo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(2004)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-111861612957653003?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/111861612957653003/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=111861612957653003' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/111861612957653003'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/111861612957653003'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2005/06/travesa.html' title='Travesía'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-111841844333449984</id><published>2005-06-10T12:46:00.000-03:00</published><updated>2006-06-17T18:50:36.576-03:00</updated><title type='text'>Somuncura</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“ Hay que soñar la vida,&lt;br /&gt;para que sea cierta ”&lt;br /&gt;&lt;b&gt;(Armando Tejada Gomez)&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió los ojos muy poquito, apenas una línea finisima entre sus párpados. Miró desde abajo del quillango la oscuridad en el interior de la ruca.&lt;br /&gt;En un respingo el perro cambio de posición la cabeza sin despertarse, dormía acurrucado junto a su espalda no dejándolo mover casi.&lt;br /&gt;Era un bulto calentito apretado contra el.&lt;br /&gt;No habia sonidos, solo el respirar del faldero. El otro, el más grande, parcamente distinguía su pelo negro entre las penumbras, echado junto a la puerta. Sin moverse.&lt;br /&gt;En el aire del refugio se mezclaba el frío de las hendijas con el olor a humo y a grasa, que impregna las pilchas y los rincones.&lt;br /&gt;La fogata se había apagado hacia horas, en la soledad de la noche, cuando las estrellas estaban aun en lo alto del cielo. Algunas brasas dormían encendidas, bajo la capa de cenizas blancas.&lt;br /&gt;Como un montón de nieve seca.&lt;br /&gt;Dejando de lado la cobardía de las mantas tibias, encaró la mañana, que lo recibía recién nacida. Apenas corrió la puerta, lo abrazó el viento del invierno en &lt;i&gt;Somuncura&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Volaba afilado de pasar las bardas, de hundirse en las grietas, de meterse en el corazón de la piedra para clavarse asesino en la tierra, como puñaladas.&lt;br /&gt;El salitre mostraba sus dientes desparejos. Desnudo el coironal, se peinaba hacia el lado que llevaba la ventisca.&lt;br /&gt;Tenia la piel hermanada con ese latigazo helado que sopla y sopla desde el sur de la meseta. Habia nacido muy cerca de allí, a unas pocas leguas nomas, en un puesto mas abajo del &lt;i&gt;Chipauquil&lt;/i&gt;. En un puesto parecido a este pero en un cañadón arbolado. Con más verde, y con más gente en las casas.&lt;br /&gt;Juntó ramas finitas y otras más gruesas de algarrobillo y molle, lo más que pudo entre los brazos y el pecho. Le dolieron en las manos las espinas y el frío que atesoró la noche, era el dolor compañero de siempre.&lt;br /&gt;Entró en la ruca empujando la puerta con los codos, tiró la leña en el suelo.&lt;br /&gt;Clavó las rodillas rodeando el fuego apagado, tan cerca que el montón de cenizas se movió flotando apenas en el aire, en un ligero espanto.&lt;br /&gt;Con los dedos y evitando quemarse despejó la capa blanca de arriba de las brasas, que fueron asomando una a una. Renaciendo encendidas. Las cubrió con las ramitas, las más secas, y acercando la cabeza, sopló con los ojos cerrados hasta sentir el calor y el resplandor de una llamita que nacía de la nada.&lt;br /&gt;El perro inmóvil seguía sobre el quillango. Levanto la cabeza cuando el fuego fue agarrando con ganas. Le brillaron los ojos.&lt;br /&gt;Agregó las ramas gruesas. De a una, cautivado por la llama que crecía. Esperó el calor todavía apoyado en las rodillas. Aproximó las manos con las palmas hacia abajo, cubriendo los chispazos.&lt;br /&gt;Las dejo hasta que le dolieron.&lt;br /&gt;Seguramente no recordaba cuantos días llevaba de silencio. De no pronunciar palabras. Quebrado solo por los cortos gritos y silbidos que utilizaba para llamar los cuzcos. Su rostro y su sangre tenían mucho que ver con los dueños de la tierra. Y con el silencio.&lt;br /&gt;También su resignación al aislamiento y a la supervivencia.&lt;br /&gt;El sol que ya comenzaba a mostrarse, planteaba el día. Miró por la ventana los mallines que blanqueaban por la helada y los animales que en grupos desparramados pastaban. Inmoviles.&lt;br /&gt;Ya no quedaban familias en la meseta, los puesteros eran hombres solos con sus perros y algún matungo. Cada vez hay menos ovejas y menos chivos. Cada vez hay menos gente.&lt;br /&gt;Solo el viento es el mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca le habían roto el corazón por amor. Nunca lo habia perdido. Era solo un latido de los sueños.&lt;br /&gt;Recordó cuando se miraron muy de cerca con la más chica de los &lt;i&gt;Fitahuinca&lt;/i&gt;, a los ojos. Y solo rieron. Primero en silencio, con el gesto, después a carcajadas. Contenidas.&lt;br /&gt;Ella con las manos se habia tapado la boca, avergonzada. Pero nunca se hablaron. Ni tocaron. Ni habían vuelto a reírse juntos desde ese día. Seguro tenia el corazón sano. De eso hacia algunos años, cuando andaba por los quince mas o menos. Y ella la misma edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoche habia soñado poco o no recordaba. El día llego antes de lo esperado &lt;i&gt;(Todo una y otra vez comenzaba antes de abrir los ojos).&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Solo creía ver una huella apenas marcada, que se perdía mas allá de los cerros y que en ella bailaba un remolino blanco y silencioso.&lt;br /&gt;Y esa imagen. La figura de un jinete solitario que oscura se aleja siempre. El ruido del galope rompiendo la escarcha. Brilloso el pelaje del pingo que avanza esquivando neneos, algunos tan altos que le llegan a la panza.&lt;br /&gt;Y el jinete cada vez más pequeño contra el horizonte. El recado amarillento por los años. El rebenque cruzado en la faja. Y el remolino que envuelve la sombra que se aleja, y se van juntos, hasta hacerse un puntito de viento en la profundidad de la meseta.&lt;br /&gt;Un punto que desaparece, y se hace ausencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay un remedio real contra la muerte. No hay ninguno. Solo en los sueños tendrá vivo a su padre. Y su imagen &lt;i&gt;(constante)&lt;/i&gt; alejándose a caballo.&lt;br /&gt;O cerrando los ojos y conteniendo las lagrimas. Inevitables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;A mi viejo. (2001)&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-111841844333449984?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/111841844333449984/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=111841844333449984' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/111841844333449984'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/111841844333449984'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2005/06/somuncura.html' title='Somuncura'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-111841730279643603</id><published>2005-06-10T12:26:00.000-03:00</published><updated>2005-06-10T12:28:22.800-03:00</updated><title type='text'>El llamador</title><content type='html'>&lt;p&gt;  &lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Ñato era llamador del ferrocarril.&lt;br /&gt;Esto antes, cuando por el pueblo pasaba un tren de pasajeros por día, ida y vuelta de Buenos Aires a Bariloche, y varios cargas, y la trocha salía también casi todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era llamador de los maquinistas, él iba a las colonias de los empleados a avisarles que tenían que salir a trabajar, que estaba entrando el que venía de Constitución a horario, o que salía “la angosta” para Cerro Mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sí, los maquinistas no tenían teléfono y las calles no estaban asfaltadas como ahora, pero el Ñato tenía una bicicleta espectacular y la cuidaba más que a la hermana.&lt;br /&gt;Y a cualquier hora lo podías ver pedaleando en el ripio su bicicletón, con la gorrita azul de visera negra metida hasta las orejas encarando el viento como un quijote patagonico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora se sienta en la mesita del Club y no dice nada, puede estar horas así.&lt;br /&gt;Callado.&lt;br /&gt;Callado, mirando por la ventana, o mirando como juegan al rumy sin que le salga una sola palabra. Aceptando algún cinzano, que toma a pequeños tragos espaciados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- Que habrán hecho con los vagones &lt;/i&gt;– Dice el Ñato, hablando solo -&lt;i&gt;, y con las máquinas?, mirá que había...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuando pasabas por los andenes de la estación no podías ver el otro lado del pueblo, por la cantidad de vagones que había en la playa de maniobras...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahora es un desierto, ni los galpones quedaron...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vuelve a sus silencios, y se toma un traguito, y los ojos le quedan como preguntando.&lt;br /&gt;Alguno cuando termina de orejear los naipes, desde una mesa lo mira. Y el Ñato le hace esa señal del “no sé”, elevando los hombros y sacando un poco para afuera un carnoso labio inferior.&lt;br /&gt;Y se pasa la mano por los ojos, apretándolos. Le preguntan:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- Que te pasa Ñato?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nada.&lt;/i&gt; Dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es como si adentro le nadara algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A él lo habían hecho peronista en la estación. Todos los ferroviarios viejos, orgullosos de laburar en la empresa que el General le nacionalizó a los ingleses, eran peronchos.&lt;br /&gt;Salvo algún radical amargado.&lt;br /&gt;Por eso siempre decían: Nosotros somos todos compañeros. Y lo hicieron peronista de chico, apenas comenzó a trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces los pibes que jugaban al metegol le gritaban: Ñato cantáte la marcha, y el Ñato arrancaba con la marchita. No la sabía toda, pero cuando los convites de cinzanos se sumaban se llegaba a parar arriba de la silla para levantar la voz lo más que podía, para decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- Perón, Perón que grande sós...! &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que alguno de las mesas lo miraba con cara de culo, y le decía parála un poquito, y con la palma de la mano le hacia como que bajara.&lt;br /&gt;Y el Ñato bajaba, y seguía sentado mirando por la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora sigue atropellando las calles con la bicicleta, ya no se parece tanto al quijote.&lt;br /&gt;Le creció la panza, y le cuesta bastante pedalear en contra del viento. Y la bici tampoco es la misma, a pesar de cómo la cuida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- A todos esos habría que meterlos en cana&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;– Dice -&lt;i&gt;, a los que se robaron todo el ferrocarril de a pedazos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Alguno sabe donde están los vagones del Roca -&lt;/i&gt; Pregunta -&lt;i&gt;, quien se quedó con las pilas de rieles, quien agarró la guita de la fundición de todo eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Decí que yo soy un ignorante &lt;/i&gt;– Agrega -&lt;i&gt;, y nadie me va a hacer caso, pero tendrían que estar en cana...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sale del Club, se pone un broche en la bocamanga del pantalón para que no se lo muerda la cadena cuando pasa por la corona.&lt;br /&gt;Y se va pedaleando despacio, ahora cada día pedalea más despacio.&lt;br /&gt;Y pasa por las colonias donde el iba a llamar a los maquinistas, y le da pena el abandono. Los paredones que se caen, los alambrados que ya tiró el viento.&lt;br /&gt;Y cruza el ferrocarril, y se imagina que va esquivando vagones, charcos de petróleo, escuchando el ruido de las maquinas en los talleres, las boleterías abiertas con gente amontonada en las ventanillas, los camiones atracados bajando mercadería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se imagina, y sonríe, y pedalea con más ganas. Y cuando pasa sobre las vías del grande, mira para el lado de Bariloche.&lt;br /&gt;Por instinto.&lt;br /&gt;Por las dudas que venga el tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;(2005)&lt;/i&gt;&lt;/b&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-111841730279643603?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/111841730279643603/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=111841730279643603' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/111841730279643603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/111841730279643603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2005/06/el-llamador.html' title='El llamador'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13567858.post-111841627828794070</id><published>2005-06-10T12:06:00.000-03:00</published><updated>2007-04-13T23:41:51.943-03:00</updated><title type='text'>La nada es un lugar (Nadie se detiene en Jacobacci)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RiA_WL04JvI/AAAAAAAAAXg/R4dlnDwVWyM/s1600-h/Jackaroe.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RiA_WL04JvI/AAAAAAAAAXg/R4dlnDwVWyM/s400/Jackaroe.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053108432273942258" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imagen, el frío, y los sonidos quedan inmovilizados en las trampas de la memoria, abrochados.&lt;br /&gt;Como en una fotografía.&lt;br /&gt;Espero en la oscuridad. En la noche cerrada, entre el viento, y el tren que se detuvo.&lt;br /&gt;Siento los olores de la gran maquinaria que frena entre chillidos, ruidos metálicos y voces. Entre los olores del combustible aparecen los gritos apagados.&lt;br /&gt;Y el suelo que se agita.&lt;br /&gt;Que vibra.&lt;br /&gt;Y la luz de la locomotora dejando entrever el brillo escondido de las vías, cortando la tierra helada, y cortando el pueblo.&lt;br /&gt;Y el murmullo del viento tratando de tapar todo.&lt;br /&gt;Y la noche, profunda y gelida. Y esa imagen que tendré mientras viva del momento de estar llegando.&lt;br /&gt;Sentirme en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora aparecen nuevamente los ladridos, algunos lejanos, otros ahí, a unos metros. Muy cerca. Entre luces de construcciones indescifrables, entre la oscuridad, entre ventanas encendidas, y sombras.&lt;br /&gt;Y los fantasmas, que trazan las ramas al moverse. Que son fantasmas, no ramas en movimiento. El resto si son álamos plateados mirándome desde los patios. Entre casas construidas con durmientes de quebracho, unidos por cemento.&lt;br /&gt;Techos de chapas. A dos aguas. O a dos nieves.&lt;br /&gt;Y tamariscos que crecen abrazando alambrados.&lt;br /&gt;Juntando papeles que trae el viento.&lt;br /&gt;Y el sonido del tren detenido, de motores funcionando, de portazos metálicos,  de más voces.&lt;br /&gt;Sombras, acarreando valijas de cartón atadas con cuerdas. Saludos a los gritos. Niños en brazos.&lt;br /&gt;Que se alejan, se esfuman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el hombre con su equipaje, queda solo en el anden, inmóvil, escuchando. Sintiendo el viento en sus ropas, en el pelo, y respirando el aire helado.&lt;br /&gt;Masticando quizá un poco de polvo patagónico.&lt;br /&gt;A su piel la recorre la turbación de estar en el vacío.&lt;br /&gt;Encima de la noche, a la bóveda  del cielo no le caben más estrellas. Acribillada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“Supe que estaba en el medio de la nada”,&lt;/i&gt; escribiría después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había iniciado su viaje en un tren suburbano. El metro cargado de empleados, que en su país de tantas razas, los acarrea puntualmente a tareas burocráticas, a manejar el mundo por teléfono, desde oficinas climatizadas.&lt;br /&gt;Todos los días. Donde viajan civilizadamente sentados, compactados, con los codos pegados a los costados, y las manos sobre las piernas.&lt;br /&gt;Sin mirar por las ventanillas.&lt;br /&gt;Resignados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Partiendo de Boston, luego de una tormenta de nieve. Casi en el otro extremo del continente americano, en el medio del todo.&lt;br /&gt;Buscando llegar, para contar este momento.&lt;br /&gt;A la nada, que es mi pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“Es un lugar desolado, lo más parecido al Sahara que tenemos”&lt;/i&gt;, le había dicho el célebre ciego, en Buenos Aires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“En la Patagonia no hay nada”,&lt;/i&gt; había insistido, intolerante. Como evitando que el viajero continuara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &lt;i&gt;Lagos del Sur&lt;/i&gt; con la misma indiferencia que tienen siempre los trenes al iniciar su marcha, continuó camino. Partió acompañando el viento de la noche, después de anunciar con un pitazo desde la locomotora su salida.&lt;br /&gt;Crujiendo, metálico.&lt;br /&gt;Se alejó lentamente dejando la noche en silencio. Y el suelo aún temblando por su partida.&lt;br /&gt;El yanqui se quedó sobre el anden desierto, bajo su sola luz amarilla, un foquito movedizo. Guiñador.&lt;br /&gt;Observando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“Nadie se detiene en Jacobacci...”&lt;/i&gt;, le habían dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las sombras cambiaban de formas, como niños en silencio, jugando detrás de los árboles.&lt;br /&gt;Míro al yanqui, desde el secreto lugar que el ala del sombrero esconde mis ojos penetrantes.&lt;br /&gt;De medio apache.&lt;br /&gt;Soy una sombra, yo soy el verdadero viento de la noche. El indio blanco que vaga penitente en los desiertos.&lt;br /&gt;Enciendo un cigarro en el misterio de mis manos unidas. Ahuecando las palmas. Esquivando la ventisca.&lt;br /&gt;Sin dejar de mirar al viajero solitario.&lt;br /&gt;Brillan opacas. Como los ojos abiertos de un muerto las cachas de nácar de las pistolas.&lt;br /&gt;Las Colt Walker calibre 44 fabricadas para el ejercito americano en 1860, que son parte de mi cuerpo, en sus fundas pringosas.&lt;br /&gt;Aparecen y mueren. Brillando.&lt;br /&gt;En el movimiento de los brazos.&lt;br /&gt;La cabellera amarilleando me vuela sobre las solapas de cuero, no se ve entre las sombras. Solo la forma encendida de los ojos, deciden que en esas sombras hay alguien acechando.&lt;br /&gt;Soy &lt;i&gt;Jackaroe&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Camino como el viento de la noche, como un espíritu que mueve las sombras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viajero sonreía.&lt;br /&gt;Tenía ante los ojos su primer contacto con el &lt;i&gt;Old Patagonian Express&lt;/i&gt;. Un vagón de carga de &lt;i&gt;La Trochita&lt;/i&gt;, dormía contra los paragolpes que protegen el fin de los rieles.&lt;br /&gt;Su obsesión tan lejana.&lt;br /&gt;La formación del convoy que lo trasladaría a Esquel, aun no estaba puesta en vía.&lt;br /&gt;Ahora sonreía fascinado.&lt;br /&gt;Midiendo el tamaño del catango que tenía al alcance de la mano, entre penumbras. Parecía de juguete.&lt;br /&gt;Luego miró por encima de las construcciones del poblado. Hacia los cerros que apenas se les dibujaba el contorno entre el cielo negrisimo.&lt;br /&gt;Y vio luces. Puntos titilantes en las laderas.&lt;br /&gt;Lejanas. Aparecían y se esfumaban como un sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“Lo extraño era que existiera gente, que hubiera elegido vivir precisamente ahí”&lt;/i&gt;. Pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ladraron perros lejanos.&lt;br /&gt;El frío le pesaba en los hombros, así que buscó refugio en la estación. Abrió una puerta debajo de un cartel que decía boletería.&lt;br /&gt;La única iluminada.&lt;br /&gt;Lo envolvió el calor de una salamandra casi al rojo, alimentada con carbón de piedra. No había nadie, solo voces que salían de una ventanilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“La nada es un lugar”,&lt;/i&gt; pensó ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercó a la ventanilla, a través de la reja dorada, brillante, que la cubría las voces fueron en aumento.&lt;br /&gt;Jocosas.&lt;br /&gt;Acercó la nariz y los anteojos hasta tocar el emparrillado de metal, un tufo a tabaco y calor lo impregno, cuando miró hacia adentro.&lt;br /&gt;Un reloj de pared mostraba las dos y cuarto.&lt;br /&gt;Enfrentados en un escritorio dialogaban divertidos dos empleados.&lt;br /&gt;Y tomaban mates.&lt;br /&gt;No lo vieron hasta que golpeo indeciso la madera gastada bajo la abertura, por donde salían los pasajes, e ingresaba el dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- A que hora parte el tren para Esquel...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A horario...!, señor...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondieron desde el interior. Sin moverse de sus asientos.&lt;br /&gt;Con la bombilla en la boca y solo desviando los ojos hacia la ventanilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;- Puede esperar junto a la estufa...!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sola, mi alta figura se descubre en el anden.&lt;br /&gt;Mezclándome con el viento, soy solo las sombras y el rumor que viaja azotando estas tierras yermas.&lt;br /&gt;Hundo el sombrero en mi cabeza.&lt;br /&gt;El taco de las tejanas se entierra en la arena.&lt;br /&gt;Escondido en mi largo abrigo de cuero. Reseco por los soles cien inviernos, y cien veranos.&lt;br /&gt;Atesoro el último número de la revista &lt;i&gt;D’Artagnan&lt;/i&gt;. Que me trajo el tren que viene del Norte.&lt;br /&gt;Podré aumentarle otro capitulo a mi sigiloso andar nocturno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, mejor me voy a casa.&lt;br /&gt;Ya tengo que leer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;(En la década de los ’70, el escritor norteamericano Paul Theroux avezado en viajar y luego contar sus experiencias en crónicas de viaje, emprende un largo recorrido en tren desde Boston, hasta Esquel en la Patagonia Argentina.&lt;br /&gt;Baja en Retiro apenas entronizada la dictadura militar. Comprueba la complicidad de la clase media alta con el régimen.&lt;br /&gt;A través de su editor conoce a Jorge Luis Borges, quien se asombra de que el americano insista en conocer la Patagonia.&lt;br /&gt;“Estuve allí, pero no la conozco”, le dice.&lt;br /&gt;Pero Theroux está obsesionado por conocer, y viajar en The Old Patagonian Express (que finalmente llevaría como titulo su libro, publicado en 1979).&lt;br /&gt;La precaria formación ferroviaria impulsada por locomotoras a vapor que recorre la vía ferrea desde la aislada población de Ingeniero Jacobacci en la provincia de Río Negro, hasta Esquel en la vecina provincia de Chubut.&lt;br /&gt;La gente de la zona la llama “La trochita”, por la angosta “trocha”, (distancia entre los rieles que utiliza). De solo 75 cm.&lt;br /&gt;Cumpliendo un recorrido de 400 km de escarpada precordillera, en Los Andes del Sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo cursaba mi adolescencia en el remoto poblado (donde también nací), y en el tren que venía de Buenos Aires recibía la bibliografía que alimentaba mis fantasías.&lt;br /&gt;Las revistas de historietas ó Comics, entre ellas D’Artagnan donde aparecía Jackaroe (un místico personaje del Lejano Oeste Americano) en capítulos semanales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En quien yo me transformaba, cuando solitario vagué junto al viento.&lt;br /&gt;En aquellas noches.)&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;(2004)&lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13567858-111841627828794070?l=cuentosrionegrinos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/feeds/111841627828794070/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13567858&amp;postID=111841627828794070' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/111841627828794070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13567858/posts/default/111841627828794070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosrionegrinos.blogspot.com/2005/06/la-nada-es-un-lugar-nadie-se-detiene.html' title='La nada es un lugar (Nadie se detiene en Jacobacci)'/><author><name>CalideJacobacci</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_ZqxrsXFzizw/SB0LLZpHEsI/AAAAAAAAB_A/mScMaTL28lE/S220/Dibujo.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZqxrsXFzizw/RiA_WL04JvI/AAAAAAAAAXg/R4dlnDwVWyM/s72-c/Jackaroe.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry></feed>
